La humanidad ha llegado al siglo XXI, con avances de enorme magnitud y profundidad en sus capacidades científicas, tecnológicas y productivas. Se están produciendo “rupturas epistemológicas” simultáneas en numerosos campos del conocimiento, que están generando modelos conceptuales renovados para comprender los fenómenos, y una nueva ola de tecnologías basadas en conocimiento de amplísimas posibilidades. Los avances en áreas como las telecomunicaciones, la microelectrónica, la biotecnología, la ciencia de los materiales, las máquinas-herramientas, la informática, y la robótica entre otros, están transformando las matrices productivas básicas. La posibilidad potencial de producir bienes y servicios se ha expandido y multiplicado rápidamente. Al mismo tiempo hay una enorme expectativa por el futuro en este sentido.
Sin embargo, el potencial inmenso de capacidades productivas no se está transformando en mejoras en las difíciles condiciones de vida de amplios sectores del planeta. Hay una brecha enorme entre el mismo y la vida cotidiana de millones de hombres y mujeres que aún habitando países del primer mundo, no escalan posiciones que son comunes para el afortunado sector bendecido por los pilares que marcaron un origen y un punto de partida carente de esa ansiada y a veces utópica equidad.
Por otra parte, las diferencias se agigantan cuando trasladamos los parámetros comparativos a los pueblos que no componen el “norte” dominante. Sería innecesario singularizar lugares, hechos o circunstancias.
En este sentido la memoria permanente de hechos recientes y pasados, ocurridos en América Latina y en nuestro país, es una peculiar característica que ha caracterizado a muchos argentinos.
Los hechos del pasado no nos dejan indiferentes: los conservamos y los juzgamos. Así es como la memoria de lo que fuimos pasa a formar parte de lo que somos. Modificarla es modificarnos. 1
De acuerdo a datos del Banco Mundial, 1300 millones de habitantes del planeta reciben un ingreso menor a un dólar por día, hallándose por tanto en situación de pobreza aguda. Dos quintas partes de la población mundial carecen de servicios sanitarios adecuados y electricidad. Según informa el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se ha registrado un aumento marcado en el número de pobres que vieron disminuir sus ingresos. Entre 1965 y 1980, esa situación afectó a 200 millones de pobres. Entre 1980 y 1993 a 1000 millones. 800 millones de personas no reciben suficientes alimentos, y cerca de 500 millones tienen un estado de desnutrición crónico. 17 millones de personas mueren cada año de infecciones y enfermedades parasitarias curables como diarrea, malaria, y tuberculosis. Todos los datos precedentemente citados, extraídos de informaciones oficiales, en la actualidad, con toda seguridad y desgraciadamente deben estar alterándose negativamente. En nuestro país, las cifras oficiales hablan que más de la mitad de la población está por debajo de la “llamada línea de pobreza”, es aquella que apenas alcanza a subsistir con sus magros ingresos. Por otra parte es menester informar que el promedio por cápita del ingreso de los habitantes de la capital del país, es una suma aproximada a los 30.000 dólares anuales. Con estas asimetrías no se cimenta el progreso de una sociedad y mucho menos el verdadero avance de un país
En la última sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Se puso de relieve toda esta problemática, si nos tomamos el trabajo de recorrer los discursos-disponibles en Internet- leeremos todo tipo de construcciones expresivas condenando tal situación y proponiendo cierto perfil para paliativos y cambios. La mayoría quedarán como anecdotarios para la historia de los tiempos.
Ahora el tema como de costumbre desaparecerá de las agendas de los poderosos hasta que se produzca un nuevo cónclave internacional.
Muy pronto tendremos uno en nuestra ciudad.
Es decir, en términos globales estamos peor ahora que en el 2000, cuando se acordó avanzar hacia las sustanciales mejoras.
Por ejemplo, los países más ricos asumieron entonces el compromiso de destinar el 0,7 por ciento de sus Ingresos Nacionales Brutos a la “asistencia para el desarrollo”, expresión que dicho sea de paso, es un eufemismo. Observemos como funciona tal asistencia: en 2003 los poderosos del planeta distribuyeron en ese rubro (ayuda para el desarrollo) 68.400 millones de dólares., pero percibieron en concepto de las deudas que los países empobrecidos mantienen con ellos 436.000 millones de dólares.
En la actualidad, en todo el mundo se destina más de un billón de dólares para cuestiones militares, que resultan, el equivalente al 3 por ciento del Producto Bruto Interno Global. Es decir, con aproximadamente un 10 por ciento de los gastos militares se podría garantizar el acceso a los servicios básicos de toda la población mundial.
El mundo está tal como es y la realidad no se puede modificar por arte de magia, los nuevos paradigmas para el cambio de comportamientos éticos y una verdadera praxis de la equidad, se están construyendo.
Le fue muy mal a la humanidad cuando se quisieron quebrar largas hegemonías con violencia.
En la Argentina, sumida en una profunda crisis, que de una u otra forma se viene heredando y profundizando hace ya muchos años, donde casi el 60% de la población está por debajo de la línea de la pobreza y la clase media ha sido casi destruida, podría esperarse que los comportamientos individualistas asumieran su máximo nivel, que imperen el “sálvese quien pueda” y la “ley de la jungla”. Sin embargo, los datos dan cuenta de una realidad muy diferente. Ha surgido un potente movimiento de solidaridad que recorre todos los estratos sociales y todas las edades. Según la Encuesta Gallup, el número de personas que realizan trabajos voluntarios pasó del 20% de la población en 1997 al 26% en el 2000, al 32% en el 2001 y ha seguido ascendiendo. Miles y miles de voluntarios se han incorporado a organizaciones de bien público. Las principales han duplicado su voluntariado en los últimos 5 años. Llevan adelante una tarea de un valor social enorme.
Así, entre las líderes, Cáritas está dando ayuda a 4 millones de personas, en base a un ejército de 100.000 voluntarios; AMIA y las instituciones de la comunidad judía ayudan a la tercera parte de dicha comunidad que era clase media y ahora está sumida en la pobreza en base a más de 10.000 voluntarios.
La Red Solidaria extiende su presencia en múltiples lugares y muchas otras instituciones potenciadas por el boom del voluntariado ampliaron su labor. Junto a ello, un inmenso número de personas encaró la tarea de ayudar fuera de todo marco organizacional, estableciendo comedores populares, entregando ropa, expresando solidaridad práctica a todos aquellos que realmente necesitan el apoyo de sus congéneres para seguir una subsistencia con cierto carácter humano.
Según Gallup (Carballo, 2002), a comienzos de la década del ’90 las encuestas indicaban que siete de cada diez personas pensaban que la gente no estaba dispuesta a ayudar. Actualmente, seis de cada diez dicen, en cambio, que ellos mismos están dispuestos a ayudar al prójimo.
Cabe preguntarse: ¿y cómo se explica este fenómeno, aumento de la solidaridad en medio del incremento acelerado de la pobreza, que pasó del 32,6% en octubre de 1998 a más del 60% en la actualidad?
La investigación es probablemente la primera indagación sistemática sobre una dimensión ignorada de la sociedad argentina, cual es, su capital social. Ese capital social, marginado, ausente en los diseños de las políticas convencionales, ha mostrado su tremenda fuerza en esta situación crítica. Sin las contribuciones de tantas organizaciones y voluntarios los graves datos socioeconómicos nacionales serían mucho peores. Hay una investigación al respecto que nos informa sobre, las 105.000 organizaciones de la sociedad civil (OSC) existentes en el país, cifra que nos coloca a la vanguardia de la región en este campo. Podemos informar que en el 2000 se producían en servicios y bienes sociales nada menos que el 2.6% del Producto Interno Bruto.
Por otra parte, se trata de un movimiento de netas bases autogestionarias. Los fondos públicos, según nos informa el PNUD, sólo aportaban el 15% del presupuesto de las (OSC), frente a un promedio internacional de aporte del Estado que era del 40%. Además, el 75% de sus trabajadores eran voluntarios los cuales no recibían ninguna remuneración. Tales datos, como otros volcados en el presente, se siguen manteniendo en la actualidad, pues la Organizaciones Civiles, no sólo han crecido, sino que han aumentado en su capacidad organizativa y de gestión.
La idea antes expresada de capital social, permite entender algunos aspectos de este inesperado activo con que contó y cuenta la sociedad argentina en una de sus etapas más críticas.
El pueblo argentino, puede exhibir muchos ejemplos de solidaridad, que de alguna forma pueden despejar el interrogante planteado en un párrafo anterior. La dirigencia es la que no está a la altura de los acontecimientos. En los discursos, al igual que los que se emiten en los foros mundiales, se expresan reflexiones tales “no nos arrodillaremos ante los poderosos”, los fríos datos de los registros oficiales muestran luego el estricto cumplimiento de los compromisos financieros con los Organismos multilaterales de crédito, a expensas de los padecimientos de más de la mitad de nuestra población.
Por ello cada vez que nos aproximamos a un acto eleccionario, surgen muchas dudas por parte de un pueblo inteligente y a la vez plagado de ejemplos no muy aleccionadores. Así, el acto del voto o se convierte en uno de bronca, o de ausencia o simplemente en la respuesta mecánica del cumplimiento de la norma por ser el mismo obligatorio.
Cuando la historia la escriben los que ganan, como dice la canción de Lito Nebia “es verdad que hay otra historia”.
Si bien la modernidad que señalábamos en un principio acarrea ciertas desventajas, en el sentido de falta de oportunidades para los que no están preparados para el avance de ella, también es cierto la infinidad de archivos testimoniales que por las técnicas ahora existentes, quedarán como reflejo del espejo de una realidad que ya no podrá ser tapada ni por un enfermizo fundamentalismo o equivocadas ideologías. Estas reflexiones si bien subjetivas en su interioridad, guardan un buen trozo de esta realidad que será historia.
(1) Mariano Grondona, La Nación 25/09/05
*Fuentes: Datos publicados por, Naciones Unidas, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, INDEC y Grupo GADIS.