“Si no muriese. Si me devolviesen la vida. ¡Qué eternidad se abriría ante mí! Transformaría cada minuto en un siglo de vida; no despreciaría ni un solo instante y llevaría cuenta de todos los minutos para no malgastarlos.-”
Fragmento de la novela “El idiota” de Fedor Dostoievski

El escenario de la reflexión:
Los valores tradicionales -verdad, bien, belleza, sacralidad – y los modernos –ciencia, progreso, solidaridad y humanismo– se enfrentan hoy con otros que los distorsionan y pervierten como la tecnología, que se ha convertido en un fin supremo, la moda que pulveriza en un instante las tradiciones, el consumo y el individualismo a ultranza que llevan a la competencia descarnada.
Como agravante ha desaparecido el empleo de por vida a la japonesa que nació con la revolución industrial y le daba un sentido a la vida. En consecuencia se ha generado la clase de los excluidos del sistema socioeconómico, y sin empleo no hay dinero en los hogares.
Antes, el empleado “tipo” ganaba bien, tenía trabajo seguro, y sabía que de esa manera podía retirarse, en su vejez, con una jubilación. El trabajador “tipo” de ahora trabaja por contrato, rota de empleo en empleo y como vive el ahora ni siquiera puede pensar en el futuro.
Se dice que el estado debe proveer empleo y seguridad pero su demanda de trabajo deviene de la prestación de servicios esenciales: justicia, defensa nacional, relaciones exteriores, salud y educación. Esta prestación debe ser reducida y eficiente ya que es financiada con los impuestos de todos los contribuyentes.
Los municipios están en mejores condiciones para interpretar las potencialidades y orientarlas hacia proyectos productivos concretos. Conocen más de su zona que el gobierno nacional o provincial, y pueden promover la imagen de los emprendedores exitosos, disminuir la aversión al riesgo, premiar las ideas innovadoras, dar ventajas impositivas.
El nódulo del artículo precedente, recorre varios diagnósticos. Contextualmente, podríamos ubicarlo en la década del 90. No obstante gran parte de lo enunciado, continua vigente, a pesar de los esfuerzos que muchos dirigentes del mundo ponen para torcer la inevitable fuerza de un sistema que se retroalimenta de lo peor de la condición humana. El desmedido afán por el poder.
Sólo la historia rescata a ciertos hombres y mujeres de esa mutación patologíca que los transforma y finalmente los destruye, solamente a ciertos elejidos los convierte en símbolo. Algunos no entienden lo anterior y pretenden entrar en la historia a patadas.
Un punto interesante del link arriba seleccionado, nos habla de la Revolución industrial.
El siglo XV había buscado las especies en la India, el XVII la “muselina” . Los holandeses, que heredaron la India de Portugal, impusieron en Europa el tejido barato de algodón, llegando a ser el tráfico remunerativo por excelencia. A comienzos del siglo XVIII los franceses se apoderan de la India y aprovechan las muselinas; pero a mediados del de ese mismo siglo tanto Holanda como Francia cedieron sus derechos a Inglaterra.(*)
Esos tejidos e hilados, debido a las crecientes necesidades de vestido en una burguesía rica, hace que tales industrias prosperen dando surgimiento a poblados como Manchester, especializados en trabajar la lana de los merinos españoles aclimatados en la isla. Emerge entonces, otro fenómeno que como necesidad, tuvo la Revolución Industrial, la creación de máquinas. Kay crea la lanzadera volante, Hargreaves la primera “jenny” a pedal que con la fuerza de un hombre mueve diez husos. James Watt fabrica en 1794 las máquinas a vapor que rinden por cien obreros.
El rico subsuelo carbonífero del oeste de Gales permitirá el auge de las máquinas a vapor. Alumbra de tal forma, el más fenomenal cambio de paradigma para los tiempos post feudales, que convierte a Inglaterra en una verdadera potencia mundial.
La población que habita el territorio insular ingles, es imposible que consuma todo lo que en él se produce. Así, Inglaterra, se lanza a la conquista de nuevos mercados. Sin duda ésta es la principal causa de las invasiones inglesas que sufre nuestro País, por entonces colonia española. Tales maniobras habían iniciado su preparación en 1803.
A pesar que Monroe había lanzado su doctrina; “El continente americano es el destino manifiesto”, que luego se conocería como: América para los americanos” (1823); existieron otros americanos cipayos como el Caraqueño Miranda que impulsaron la invasión de Inglaterra a tierra americana del sur, por ello destacaron en 1803 al coronel James F Burke a Buenos Aires, con el objeto de preparar lo que sería la primera invasión inglesa al Río de la Plata. Tarea que emprendería nuestro conocido Popham en abril de 1806.
Conclusión: El afán de poder llevó a Inglaterra a convertirse en potencia mundial. Ello en un espacio temporal de la humanidad, que quizás, las circunstancias no le dejaban otro camino. Luego y a raíz-entre otros elementos- de la traición de muchos iluminados, hicieron que nuestra América y en el caso que nos ocupa nuestro país, no se desarrollara como hubiera sido posible; a la vez, muchos más estamos a la espera de saldar esa deuda de la historia, y de la cual pretendemos ser protagonistas.
Transitamos el primer decenio del siglo XXI, ya no existe la posibilidad que otras naciones nos invadan territorialmente, hoy la globalización utiliza otros métodos de conquista. Pretendemos, la mayoría de los argentinos, que nuestros dirigentes no perezcan en su afán desmedido de poder, y con ello, impedir una vez más, que nuestra nación comience un armónico período de desarrollo en paz y con justicia.
Éstos cuasi esquizofrénicos que por el hecho de ganar una elección en base a los resultados de la peor crisis que sufrió la Argentina en el 2001, deberían comprender que ya pasó el tiempo de banalizar la República, de señalar como única alternativa, que si no es pingüina o pingüino, no tendremos destino.
Argentina ha madurado, lo ha hecho en base a muchas vidas entregadas por una causa noble y hasta ahora única conocida como justo sistema de gobierno. La Democracia.
Ahorren dinero, ahorren vidas, el pueblo argentino ha elegido su destino de grandeza, y no será de la mano de quienes han bastardeado a sus propios líderes, de quienes han traicionado valores y principios, de quienes han saqueado dinero y esperanza de gran parte del pueblo, que consigan perpetuarse en el poder al mejor estilo del desaparecido PRI.
Hoy nuestro país está de pie. Tiene una historia y también un sólo destino. Ello, lo demostrará en octubre próximo.
Enrique Serra.-
(*) fuente: Historia Argentina, José María Rosa, Tomo II (1806-1812)