Un sólo balazo.

April 9th, 2007 by Opinorama Leave a reply »

Un sólo balazo acabó con la vida del Profesor neuquino Carlos Fuentealba. Un sólo balazo fusiló a un civil desarmado, cuyo único propósito fue reclamar por lo que entendía eran sus derechos, ello, en un estado democrático, no puede ser dejado de lado bajo ningún concepto. Por tal motivo, se justifican las marchas de protesta, aunque en ellas se cuelen otros intereses.

Este bárbaro asesinato refleja el tipo de fuerzas de seguridad conque contamos la mayoría de los argentinos. Algunos son coimeros, otros tratantes de mujeres y menores, otros protegen a los distribuidores de droga o alternan con el contrabando, otros simplemente adolecen de una base psicofísica adecuada para pertenecer a un servicio público que debe estar al servicio de la sociedad, pues resaltamos, la policía no es un poder, es un servicio público bajo control jurisdiccional.

El mismo proyectil que cobardemente tronchó la vida de un joven patagónico, también atravesó el corazón político del gobernador Sobisch y su asociado, hasta ayer, Mauricio Macri.

No le hizo falta a la bala disparada por el delincuente policial, el recubrimiento de teflón que la moderna balística utiliza en la actualidad para traspasar cierto tipo de blindaje, bastó, la caparazón que proporciona la desmedida soberbia, el poco apego a un orden Institucional que debe cuidarse, pero no por ello a costa de la vida de inocentes, para que el impacto diera por tierra con las aspiraciones del neuquino y su asociado capitalino.

Jorge Asís, con su brillante pluma, lo explica impecablemente, por ello, trasladamos un párrafo de uno de sus envíos.

Enrique Serra.-

Un jefe debe bancar

Con su moderación elaborada, Picca insinúa que Macri, por su pasión desmedida por tomar distancia de Sobisch, también resulta afectado por el crimen de Fuentealba.
Porque Macri debería evaluar que su espacio natural, aunque le pese, es el centro derecha.
En determinados costados de aquel imaginario ideológico, predomina un culto simultáneo hacia el coraje. También hacia otros valores prescindibles, que tienen que ver con la hombría. Con algún código parecido al rescate del honor.

En definitiva, Macri, aunque después aclare y acuse malentendidos, debería autopersuadirse que, si tiene aspiraciones de ser jefe político, debe, ante todo, bancar.
Sobre todo a aquellos que mantienen, con un aspirante a Jefe, como él, pactos implícitos de cierta intransferible caballerosidad que no estimulan los consultores de imagen.
Resulta extraño el comportamiento confuso de Macri. Sobre todo por la ascendencia cultural italiana, que conecta con los códigos de cierto neorrenacentismo, maravillosamente descripto por Francis Ford Cóppola.
Para decírtelo, Mauricio, en latín:

Ningún Padrino, aunque sea caricatural, debe abandonar, nunca, a nadie de los suyos. Menos en un mal momento, así cunda el riesgo de la soledad. O del desprestigio.
“A los muchachos, Mauricio, les gusta, convencete, que un Jefe, si quiere ser Jefe, banque”.
Caso contrario, sobran las actividades.

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