Un nuevo tren

Por Enrique Serra

January 2nd, 2006 by Opinorama Leave a reply »

Fábricas en espera de trabajo
Fábricas en espera de trabajo
El debate sobre los derechos
que en un todo le asisten a la ciudadanía y la contraposición trabajo/subsidio social, está adquiriendo un tópico de creciente discusión en el seno de la sociedad. Sin embargo, los derechos del pueblo, entre los cuales sencuentra el de trabajar, no son únicamente una cuestión de clase, sino también y en la misma medida, de sentido común. No podemos pensar que los movimientos piqueteros aspiren a conservar legitimidad en sus reclamos y propuestas, acudiendo permanentemente a los distintos estamentos del estado, para amalgamar políticas de “acuerdos” con poca claridad y transparencia, implementados con el concurso de grises y dudosos dirigentes, cuyo único objeto es “hacer negocios”. Al mismo tiempo, si se pretende ignorar a las verdaderas partes involucradas en este problema, no incluidos hasta el presente en los debates de esta dimensión, permitiendo que el mismo se aborde desde una perspectiva general, se equivocan. Lo que en realidad ocurre es que falsamente se presentan como generales y hasta abstractos los posibles intereses de los hombres y mujeres involucrados en un sistema político de complicidades aparentemente mafiosas. Por otra parte, no se puede continuar soslayando los derechos de un sector de la ciudadanía, sin tener en cuenta la enorme trascendencia social que tiene el futuro de la cultura del trabajo, hasta ahora bastardeada en un asistencialismo mal entendido y peor aplicado.

A la espera de subsidio
A la espera de subsidio
La degradación de las condiciones del trabajo
que se ha producido en los últimos años, el aprovechamiento que han hecho de una situación casi desesperada en la que cayó un amplio sector social, grupos de empresarios inescrupulosos en el cumplimiento de sus obligaciones de relación laboral y cargas previsionales, ha hecho que esta situación cree bolsones de iniquidad, que se aumentan con una tipología distributiva exclusivamente apoyada en poco claros acuerdos políticos.
Sumado a lo anterior, una porción considerable de los desempleados tiene carácter estructural. La respuesta en este sentido ha sido no reconocer la realidad, como si la misma fuera fácilmente ocultable. Los índices no mienten, reflejan sí, una cruda realidad que extrañamente desde algún sector oficial se la quiere trastocar.

Tomando como punto de partida finales de la década del 50, donde la distribución del ingreso de la renta en nuestro país, representaba 50% al capital y 50% al trabajo, ese reparto fue progresivamente degradándose en perjuicio de los asalariados hasta llegar a una actual distribución, donde el 70% o más, en algunos sectores, va para el capital y el restante para el trabajo. No podemos dejar de invocar que tales circunstancias se encuentran encerradas en un afán desmedido de lucro por parte de un capitalismo-nacional fundamentalmente- que no invirtió oportunamente sus utilidades en la renovación de su estructura productiva y en algunos casos liquidó capital y utilidades- luego de hacer usos y abuso de todas las prebendas que oportunamente pudo sacarle al estado- y emigró las correspondientes divisas, mientras dejaba tras de si una huella de evasión, desempleo y miseria.

Tenemos en un extremo del debate la propuesta de creación de empleo, en el otro la mantención de un subsidio que se pretende sea universal e incondicional para los desempleados. Del lado de la creación del trabajo, por el momento se vislumbra como gran artífice al estado casi exclusivamente, a través de la obra pública, ya que no hay a la vista políticas sustentables que alienten al sector privado para una verdadera creación de más empleo. Por otra lado gran parte del empresariado está acostumbrado a que se le asegure una rentabilidad, ha desaparecido la inversión de riesgo, el único norte es la famosa “seguridad jurídica”, cuya traducción como ya lo hemos expresado en otros escritos, es la competitividad acrisolada exclusivamente en los costos laborales pretendidamente cada vez más bajos.

Es tan falso tomar a la fábrica como una unidad, en una comunidad de intereses entre trabajadores y empresarios, como tomar a la familia como una unidad de destino.
Hoy la diversidad y especialización de las tareas, demanda una mano de obra más preparada, más específica, y lamentablemente nuestros establecimientos educacionales, no poseen oferta para tal demanda. La educación tiene en este problema una gran cuota de acción para el futuro, y es aquí sí exclusivo resorte del estado su puesta a punto.

El innegable desequilibrio de fuerzas
entre los trabajadores y los empresarios hace que la posibilidad de que un trabajador negocie su contrato con un empresario sea un planteamiento casi imposible. Los gremios en algunos sectores están intentando poner en práctica la discusión de salarios a través de nuevas “paritarias”, la respuesta ha sido por parte de los empleadores y aún de ciertos sectores del estado-el peligro de la inflación- cuando lo que realmente produce inflación es la falta de inversión, pues no subirían los precios ante una pequeña reactivación por mayor circulante a consecuencia de mayor empleo, si realmente la respuesta empresarial fuera más unidades producidas que concurrieran al mercado, ello por lógica demandaría más mano de obra, se pagarían más impuestos y obviamente se iniciaría el verdadero ciclo virtuoso de la economía. En lugar de ello surge el clásico “argentinismo”, aumentar los precios.

La actualización de la negociación sería el instrumento necesario que permitiría crear una nueva relación de fuerzas. Otra herramienta que el estado no debe abandonar es subir los pisos del salario mínimo vital y móvil, conjuntamente con una verdadera lucha contra la evasión y el trabajo en negro.

Tren de la esperanza
Tren de la esperanza

Hemos dilapidado en los últimos 50 años, no sólo los ingresos de las fuerzas del trabajo, sino las inmensas posibilidades de ser un país poderoso y con destino. Vislumbramos por cuestiones de vertebración mundial, una alternativa de subirnos a un tren de esperanza, es de esperar que no le hagamos un piquete en la vía o directamente lo descarrilemos.

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1 comment

  1. emi says:

    Con respecto al temor que embarga la visita del presidente Evo Morales, y el miedo al contacto con Uruguay, he de recordarte que el territorio americano ha sido, es , y serà de los indios que habitaron, que habitan y habitaràn estas ricas tierras de la america, como lo han comprobado tantos años de lucha y sobrevivencia silenciosa.