Siempre es posible volver a empezar

por Enrique Serra

September 11th, 2005 by Opinorama Leave a reply »

Más de una vez nos hemos preguntado, como la Argentina, un país beneficiado por la naturaleza con inmensos territorios aptos para los cultivos, la cría de ganado de todo tipo, con el agregado que poseemos un inmenso litoral marítimo con riquezas ictícolas del mejor nivel, petróleo, minería, turismo y fundamentalmente una mano de obra sobresaliente en toda América Latina, no podamos superar viejos esquemas que simulan cual freno de mano, un lento avance y en oportunidades retroceso, todo ello con el agregado de crisis tan graves como incomprensibles, que a menudo nos azotan y que sin duda colaboraron a ese estancamiento. ¿Por qué fracasamos una y otra vez? Esta pregunta hecha en otro tipo de exposiciones, tiene un abanico multifacético de respuestas. En mi humilde análisis, se centra en un punto cultural y otro político.

El punto cultural

El cultural, lo podremos encontrar en el desapego de las generaciones posteriores a la gran inmigración, propiciada la misma por la llamada generación del ’80 (1880) y algún gobierno posterior. No produjeron esos aglutinamientos sociales producto de las corrientes inmigratorias, la transmisión de un anclaje consuetudinario basado en el duro trabajo a sus propios descendientes. Aquellos gallegos, tanos y de otras nacionalidades que vinieron a estas tierras con un ímpetu de trabajo, que fue envidia del mundo entero, ya que en esos años, el País creció de una manera impresionante, para describirlo seria necesario desarrollar un libro para el relato de aquellos acontecimientos. Afortunadamente hay varias publicaciones que dan testimonio de tal situación. -Antes de ese hecho de la inmigración, nuestra población era tan escasa que hace casi irrelevante realizar algún análisis en este aspecto.

Tal actitud, la del gran sacrificio de trabajo realizado por los inmigrantes, lamentablemente no fue heredado o transmitido a los hijos de aquellos en la intensidad y atomicidad que hubiera sido deseada. La riqueza producida en esos tiempos, era el resultado del trabajo que ofrecieron los europeos venidos a este país y la respuesta que esta tierra bendita les devolvió. Pero a efectos de seguir acumulando riqueza y ahorro, principios de aquel capitalismo instalado en los finales del siglo XIX y los albores del XX, tenía que sucederle un similar procedimiento, es decir continuar el esfuerzo de los mayores, aplicando las nuevas tecnologías que ofrecía el mundo moderno, proveniente de Europa y Estados Unidos. En cambio los herederos de esa generación, no se comportaron a la altura de lo que necesitaba la Nación para afirmar un liderazgo que probó ser de apreciable positividad. Lo que vino después es historia conocida; especulación, falta de desarrollo en industrias básicas, petróleo, minería, en fin, una lamentable oportunidad desaprovechada para formar una verdadera burguesía nacional que bregara por el verdadero y necesario crecimiento, que un gran país como este hubiera necesitado para cumplir su destino de potencia que indudablemente tenía marcado.

El punto político

Pero a este detalle de un casi fenomenal desaprovechamiento histórico, le siguieron otros que si bien también obedecieron a un sesgo cultural, estaban basados -y aún hoy reportan a ese tópico- al enfoque relativista que lleva la inacción. Es decir, sentíamos y sentimos que debemos cambiar, pero las decisiones se postergan y se postergaron, atadas a una deformación de lo que debió ser un puntal recién entendido en 1983. He aquí el punto político. En efecto, el abandono de la Institucionalidad, no nos permitió construir el derrotero que siguieron otros países (léase EEUU). Si a esto le sumamos los negociados, la corrupción estructural en el Estado, y en los privados, tendremos que los puntos antes señalados -cultural y políticos- se sintetizan en la previa apretada consideración.

Debemos sumar como anexo de lo anterior, un excesivo individualismo, la desconfianza que de alguna manera transmitimos hacia las posibles y necesarias inversiones del exterior. Hay ahorros argentinos fuera del país, que superan el monto de nuestra deuda externa, o por lo menos se le acercan. Es muy complicado que si nuestros compatriotas no confían en el país, exijamos a otros que lo hagan.

El individualismo extremo y la desconfianza se vinculan también con la anomia, que tiene un efecto desintegrador no sólo sobre nuestra vida cotidiana, cuando no cumplimos las reglas del tránsito o los horarios para sacar la basura a la calle, etc., sino también sobre el comportamiento de un sinnúmero de Instituciones Públicas o privadas. En esto último hay tanta responsabilidad del Estado como del Mercado, ya que uno y otro han estado por décadas, endosándose culpas y ventajas con total olvido de la gente.

La Argentina supo crear algunas empresas nacionales de clase mundial. Fueron pocas, pero se formaron a pesar de todas las circunstancias. Tenían y alguna todavía tiene, presencia en distintas partes del globo, con productos y servicios de alto valor agregado. Esto significa que el capital humano para sentar las bases de una economía competitiva estuvo, puede estar presente y desarrollarse todavía. Lamentablemente desde hace varios años a esta parte, empresas de capital nacional ya sean públicas o privadas se han vendido, en número que asombra, a capitales extranjeros con lo que hemos quedado la mayoría de los consumidores y usuarios, en manos de decisiones que se toman a muchos kilómetros de nuestras capitales, tanto Federal como las Estaduales, todo a contramano de lo que aún con globalización incluida, se aconseja en los países centrales.

Siempre hay un tiempo para recomenzar, sabemos además que son procesos largos a veces muy dolorosos, pero inevitables, pues, este es un país decidido a recuperar posiciones. Varias personalidades han pronunciado aquello que los pueblos no se suicidan, el nuestro obviamente no será la excepción.

A nuestra generación no le queda tiempo para ver una total reconstrucción nacional, pero sí tiene la obligación de marcar el rumbo para las que vienen detrás. -Nos lo advertía Ortega y Gasset cuando en las primeras décadas del siglo XX, escribió “La Rebelión de las Masas”- No hacerlo, no solamente es un desapego a nuestra nacionalidad, sino una verdadera traición al ideal que nos legaron ancestros valerosos y de honor.

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