Rememorando la Guerra Civil Española.

July 18th, 2006 by Opinorama Leave a reply »

viernes 17 de julio de 1936

Inicio de la insurrección en Marruecos. Sólo hay resistencia en el aeródromo de Sania Ramiel y en Larache, que son vencidas.

A las seis de la tarde, los hermanos Miralles se disponen a ocupar el puerto de Somosierra


El 18 de julio de 1936 los militares más conservadores del Ejército español se levantaron en armas contra la República. Este acto significaba el fin del experimento democrático realizado en España desde abril de 1931.

La caída de la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera y el descrédito de la Monarquía habían posibilitado la proclamación de la II República Española como panacea que pretendía sacar al país de su histórico atraso.

Sin embargo, los años que van desde 1931 a 1936 se convirtieron en fiel reflejo de las contradicciones de la sociedad española. De un lado muchos pedían un cambio social y económico profundo que acabara definitivamente con el poder oligárquico en España. Del otro, ese mismo poder, apoyado por el Ejército y la Iglesia, luchaba por defender su posición privilegiada.

Las elecciones de febrero de 1936 sólo sirvieron para dividir aún más a los españoles y tras el triunfo del Frente Popular la oligarquía ya solo tuvo fe en una acción salvadora del Ejército que librara a España de la anarquía y la revolución. Se daba paso así a la Guerra Civil Española.

Argentina, sintió rápidamente el impacto de la guerra civil española. Muchos inmigrantes y sus descendientes vivían en nuestro país desde hacía muchos años. En tal sentido, hay diversos capítulos que sobre esta desgraciada situación se fueron entremezclando con nuestra historia.

Fueron varios hombres jóvenes y no tanto que decidieron enrolarse para luchar en esa guerra, de un lado y de otro.

La crónica de la época reflejaba de esta manera los desgraciados sucesos que habían comenzado en España: “Con el alzamiento del general Francisco Franco capitán general de las Canarias, propalándose a las tres y cuarto de la madrugada del 18, desde Santa Cruz de Tenerife, un manifiesto dirigido al pueblo y a sus fuerzas armadas, España se ha enfrentado a la guerra civil”.

En otro tramo de ese mismo relato se decía: Toda España se convulsionó. A los español. La Falange, creada en 1933 por José Antonio Primo de Rivera-hijo del general-por un lado y el anarquismo por el otro, son las dos puntas extremas del antagonismo donde nadie fue neutral.

O con la República o contra la República.

Se sucedieron incendios de conventos, atentados, violencias de todo tipo. El asesinato del líder opositor, Calvo Sotelo, monárquico, fue el detonante final.

No debemos dejar pasar por alto la ayuda que Argentina brindó a España.

El 30 de octubre de 1946 ambos países firmaron el Convenio Comercial y de Pagos, cuya meta era asegurar el abastecimiento de cereales a España. Argentina se comprometió a vender a los españoles un mínimo de 400.000 toneladas de trigo en 1947, y 300.000 en 1948, y asimismo cubrir con sus ventas el 90% de las necesidades que España no pudiera satisfacer con su propia producción entre los años 1949- 1951.

También se prometió la venta de cuantiosas cantidades de maíz, aceites comestibles y tortas oleaginosas. Por su parte, España se comprometió a enviar a cambio palanquilla, chapa negra, plomo, corcho, etc., y asimismo saldar las deudas que se habían acumulado a lo largo de 4 años como consecuencia de la concretización de acuerdos anteriores entre ambos países.

“La memoria tiene que ser plural”, dice Paloma Aguilar Fernández

Según la historiadora, es peligroso sostener una versión única de los hechos.

El siguiente es parte de un interesante artículo que enlazamos, por la vigencia que representa hoy día, para nosotros, los argentinos, su profundo contenido y su incisiva y potente muestra de grandeza, que a no dudarlo, la generación a la que pertenezco y que nos tocó atravesar un cuota de guerra interna, que en nada se asemejó a la terrible lucha sufrida por los españoles, todavía no hemos sabido o algunos no han querido, superar las divisiones que tales hechos produjeron en nuestra sociedad, y que lamentablemente, aún hoy persisten, alimentadas desde un gobierno, que busca más la venganza que el reencuentro.

MADRID.– Hija de la transición española, la profesora Paloma Aguilar Fernández no vivió la guerra civil y era una niña cuando Francisco Franco murió en su cama de hospital. Pero convencida de que el recuerdo traumático de esos hechos pesó sobre la joven democracia, se especializó en indagar sobre la memoria histórica y su difícil traducción y expresión en las políticas oficiales referidas al pasado.

“La buena memoria tiene que ser plural”, dice Aguilar Fernández. En su “Memoria y olvido de la guerra civil española” sostiene: “Hay que distinguir la memoria histórica de la propia historia. Hasta que el historiador no comienza a elaborar los datos, éstos no pueden ser considerados historia”.

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