
Gral. Manuel Dorrego
La vida azarosa de Manuel Dorrego parecía desenvolverse bajo el influjo de un signo fatal. Había cumplido 40 años, estaba en su plenitud cuando asumió el Gobierno de Buenos Aires, el día 13 de agosto de 1827
Había sido soldado de la Independencia, herido en la batalla de Suipacha el 7 de noviembre de 1810 – primer triunfo de las armas argentinas.
“Tuvo, en la batalla de Tucumán, el honor de la jornada”, el 24 de septiembre de 1812, según afirmación del general Paz, y se distinguió igualmente en la batalla de Salta, el 20 de febrero de 1813.
Desterrado a EE.UU. por el Director supremo Pueyrredón, mediante decreto firmado el 15 de noviembre de 1816, por dirigir la oposición a su gobierno absolutista, extranjerizante y antipopular, junto con Miguel Estanislao Soler, Domingo French, Antonio Gervasio de Posadas, Pedro Agrelo, Manuel Vicente Pagola, Manuel de Sarratea y otros.
Dorrego fue embarcado en la goleta “Congreso”, que navegó durante mucho tiempo y con diferentes vicisitudes y aventuras, arribó a los Estados Unidos, y después de tres años de permanencia en ese país, donde pudo admirar la organización federal, regresó a Buenos Aires cuya situación política había cambiado con la caída del Directorio.
Afiliado al partido federal, fue elegido diputado al Congreso del año 1824 y actuó apasionadamente en el mismo. Fue tenaz opositor a Rivadavia. Durante su gobierno concretó la paz con el Brasil, reconociendo la independencia de la Banda Oriental (actual República del Uruguay)
Dorrego fue despojado de su cargo el 1º de diciembre de 1828 por las tropas de Juan Lavalle que habían vuelto victoriosas del Brasil. La confabulación se había urdido en una casa ubicada en la calle (hoy Lavalle) entre San Martín y Reconquista. También en esa reunión presidida por Julián Segundo Agüero, se resolvió darles muerte a Dorrego y a Rosas.
A pesar de la advertencia de Rosas a Dorrego, éste se dirigió a Navarro donde fue tomado prisionero.
Más tarde dirá Juan Manuel de Rosas: “El Partido Unitario le hizo creer a Lavalle que las ideas (del Partido) no vencerían si no se acababa con los que lo combatían. Le hizo creer que el mal estaba en los mandatarios. Lavalle lo creyó…”, por eso lo vemos aceptar con orgullo el papel de jefe de una conspiración que no fue más que un motín militar.

Juan Manuel de Rosas
Hay un verdadero enfrentamiento clasista que requiere una clara definición en obsequio a la tranquilidad social de los argentinos. La revolución es una reacción de los aristócratas unitarios y liberales contra la democracia federal. Dos grupos perfectamente definidos. En el centro de la ciudad, en mansiones solariegas, viven los rentistas, los comerciantes, los que se enriquecen con las operaciones del Banco de Buenos Aires y el contrabando. Con los letrados y funcionarios forman el grupo más culto del país. Se los conoce con el nombre de “gente decente”. El otro grupo lo constituye el resto de la población, desde los artesanos a los esclavos.

Juan Galo Lavalle
De nada sirvieron las intervenciones de de representantes de Estados Unidos Inglaterra y Francia, Dorrego es fusilado por orden de Lavalle, no sin antes el ex Gobernador de Buenos Aires, haber escrito varias cartas, entre los destinatarios de las mismas, estaba su esposa, hijas y amigos, al Gobernador de Santa Fe, Estanislao López, al Ministro Díaz Vélez y al marino Guillermo Brown.
El fusilamiento se produjo el 13 de diciembre de 1828, hace hoy 177 años.
A nuestro criterio la peor injusticia histórica argentina del siglo XIX, una muerte absurda que dio luego lugar a un baño de sangre entre argentinos.
Fuentes: Historia Argentina de José María Rosa. Juan Manuel de Rosas su vida, su drama, su tiempo de Carlos Ibarguren, Los Héroes Malditos de Pacho O´ Donnell