
La Ciencia Política como disciplina académica tiene un origen relativamente reciente. Sin embargo, el estudio de la política se ha desarrollado desde la antigüedad. Por ser los primeros en dejar un registro, se sabe que los griegos se preocuparon por la reflexión de los asuntos de los que ella se ocupa; incluso por hacer un intento sistemático de estudio, como es el caso de Aristóteles. El interés por la política ha evolucionado a través de la historia gracias al desarrollo teórico que diferentes autores han llevado a acabo.
El estudio de la política en el siglo XX, pasa de ser un arte (saber) a considerarse como una ciencia (conjunto sistemático de proposiciones generales sobre la realidad), por la necesidad no sólo de observar, comprender y describir; sino de explicar, analizar y hasta predecir y controlar.
A partir de los años 50 la teoría de la elección racional comenzó a representar un papel muy importante en la ciencia política: Anthony Downs: (1957), fue el pionero en aplicar esta teoría al comportamiento electoral y a la competencia entre los partidos.
Una opinión muy extendida dentro de las ciencias sociales es que la elección racional tiene especiales dificultades para explicar el comportamiento electoral.
Se parte del supuesto de que la única motivación de los partidos es el deseo de llegar al poder, disputándose los votos por medio de cambios en sus programas de acción.
Los estudios empíricos acerca de la influencia de la situación económica en los resultados electorales, que comenzaron en Gran Bretaña y los Estados Unidos a comienzo de los setenta, son herederos directos de la obra de Downs, a pesar de que votar con el bolsillo sólo era una de las formas posibles de expresar el interés personal.
Los sociólogos suelen afirmar que el comportamiento individual está, en gran medida, determinado por las estructuras sociales.
La capacidad de elección que tiene los individuos es ilusoria y, por tanto, la teoría de la elección racional, que se basa en ella, es inútil.(Hindess, 1988, cap. 6)
Podríamos seguir volcando estudios realizados por más sociólogos o politólogos, sobre el comportamiento del voto racional, hay por cierto, abundante bibliografía disponible al respecto. Pero entendiendo, que resulta de mayor interés conocer con cierta profundidad posibles actitudes futuras, basadas en un pasado y un presente de nuestra sociedad, dejamos para otro momento tal tarea.
Cierto sector de nuestra dirigencia política, le ha encontrado la vuelta al tema del voto, y por decirlo de algún modo, no se basa en el estudio de la racionalidad de quienes votamos, sino, en la necesidad, efectiva o potencial. En esas circunstancias, entendemos es donde se elaboran efectivas acciones para la obtención de positivos logros electorales.
No pondremos en duda los resultados de algunas encuestadoras que en estos días se han difundido. Tampoco lo hacemos con las expresiones de una persona que sigue concitando el máximo foco de la atención mediática, a pesar de no haber declarado ritualmente, el inicio cierto de una campaña política, para competir por la presidencia en el 2007. Nos estamos refiriendo a Roberto Lavagna.
Tampoco hay que dudar, que a pesar de los numeros macro, que con tanto orgullo se muestran desde las esferas oficiales, hay millones de compatriotas que hacen malabares, para adquirir “la canasta alimentaria”.
En la difusión de encuestas, podríamos advertir cierta preocupación anticipada por los comicios del año próximo. También pensamos que será muy dificil pueda torcerse un destino tan cantado como el de la permanencia de Nestor Kirchner en la presidencia. Pero es saludable para el futuro de la Instituciones, la irrupción de una figura como la del ex ministro.
Quien como de costumbre materializa de manera magistral un relato sobre el tema en análisis, es el escritor Jorge Asís. En el artículo de enlace, además de su clásica ironía, nos pone en autos sobre las formas tan “especiales”, que se han puesto en práctica para manipular los resultados electorales.