
Las mafias suelen desplazarse con sigilo, ello sin duda, es debido al resbaladizo piso de sus vidas. Tal situación, esta dada por las dificultades que constantemente deben sortear, las cuales, cubren sin que produzca gran atención en el resto de la sociedad donde actúan. Los hechos periodísticamente conocidos nos han demostrado que los personajes que componen estas asociaciones ilícitas, eligen el método más eficaz para lograr su objetivo y el que más confusión pueda causar sobre los motivos. Ahí están tantos asesinatos disfrazados de suicidio, por ejemplo.
Pero alguna metodología, en oportunidades, no se reitera. Por algo este tipo de organizaciones clandestinas que tuvieron origen en Sicilia ha perdurado hasta la fecha, y a veces, sus tácticas son copiadas o por lo menos imitadas con verdadero esmero, por organizaciones que utilizan similares procedimientos y coincidentes objetivos de poder.
La noticia dada a conocer el domingo pasado, a través del Periodista Jorge Lanata en Perfil, nos pone en autos sobre una cuantiosa cifra de dinero que habría sido hallada en un armario en cercanías o dentro del baño del despacho de la ministra de economía Felisa Miceli.
Según un cable de la agencia oficial Télam, el Ministerio de Economía calificó de “falsa y errónea” la nota publicada en el espacio arriba señalado, en torno al hallazgo de una bolsa con dinero –pesos, euros y dólares– en el despacho de la titular del Palacio de Hacienda, Felisa Miceli.
A lo anterior, se le suma las recientes declaraciones del ex gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo. Por la renegociación de los contratos petroleros en Santa Cruz, que consideró “una profundización de la política menemista”. El ministro de Planificación, Julio De Vido, un hombre que acompañó a Néstor Kirchner en Santa Cruz y que está enfrentado desde hace años a Acevedo, salió a defender los polémicos contratos.
¿Cuántas desprolijidades más puede soportar el actual gobierno?, ¿cuántos actos de escabrosa compostura deberán seguir ocurriendo donde con posterioridad nunca se aclaran, con el agravante de pérdida de los instrumentos oficiales que los certifican-en el caso, de la ministra, la denuncia de la Policía Federal- ya que fue el personal de esa fuerza de seguridad quien hizo el hallazgo.
Algo perdidos, también, están los famosos 500 o 1000 millones de dólares que un día salieron de Santa Cruz, para nunca mas volver.
Todo lo antes detallado, tiene un doloroso componente, es dinero del bolsillo de los abnegados y esforzados trabajadores o empleados (léase género neutro), que a diario, a pesar del frío del invierno-época del año que está dedicada a las bajas temperaturas- con sus aportes vía impuestos al consumo, electricidad, gas, teléfono, etc., contribuyen a engrosar el famoso excedente fiscal y al parecer, también, las misteriosas bolsas que ni siquiera sus “afanados” custodios, tienen cuidado de poner a buen resguardo.
Tanto indecoro, tanta desprolijidad, tiene, a nuestro criterio un sólo correlato. La tranquilidad que proporciona la impunidad. De otro modo el iterar casi secuencial de tantos escándalos, hubiera dado por tierra las aspiraciones, por el momento certeras, de la pareja presidencial.
Las mafias, antaño, mediante sobornos, o aprietes especiales, torcían voluntades y compraban silencio a todos aquellos que eran “permeables” en dejar pasar sus no “santos” negocios, caso contrario, esos buenos ciudadanos que denunciaban y actuaban en defensa de la justicia, sufrían, indefectiblemente, accidentes que los sacaban de escena. Recordemos, como ejemplo de impunidad, que final tuvo el asesino del famoso juez de la Mano puliti.
Giovanni Brusca,quien mató al juez Falcone, cobrará un sueldo del Estado y tendrá varios privilegios
Lo definen un “carnicero del crimen”, un “asesino”, una “bestia feroz”. Nadie tiene dudas de que fue uno de los capomafia más sanguinarios de toda la historia de Cosa Nostra. Pero Giovanni Brusca, de 40 años, arrestado en mayo de 1996 -cuando fue mostrado como un verdadero trofeo-, obtuvo el status oficial de “arrepentido”. Y, como era de esperar, una nueva tormenta política se desató en Italia.
A partir de ahora Brusca, el “verdugo” de Capaci (Sicilia), es decir el hombre que con un control remoto hizo saltar por el aire el auto blindado del famoso juez antimafia Giovanni Falcone, el 23 de mayo de 1992 -atentado en el cual también asesinó a su esposa y dos escoltas-, hasta cobrará un sueldo del Estado.
No mucha plata, unos 250 dólares por mes. Pero lo suficiente como para haber creado polémica e indignación, sobre todo en los familiares de los cientos de víctimas de la mafia, y de varios sectores de la oposición, que calificaron este “premio” como un verdadero “ultraje”.
¿Sucederá algo similar con todos aquellos que hoy insisten en denunciar tantos actos que nos abochornan como sociedad? ¿Serán sacados de escena aquellos hombres y mujeres de bien que se atreven a enfrentar al régimen?. No nos atrevemos a esbozar respuesta, pues al fin, todo cerrará pareciendo un accidente.
Enrique Serra.-