Romulo y Remo
Reiteradamente, escuchamos y hasta hemos escrito desde este sitio, sobre la ruptura de valores, la ausencia de los mismos en ciertos hechos políticos en los cuales se pueden ver condensadas las actitudes características de quienes han emanado los mismos y las ideas que alimentaron su construcción
Los valores son cada vez más relativos, móviles, provisionales. Los territorios científicos son interdisciplinarios. La misma ética es, ante todo, ética aplicada y casuística. Y hablar de hibridismo es hablar de identidades múltiples, pluralismo a la carta, mestizaje cultural.
Podemos observar que a un mismo tiempo, puede encontrarse en una persona a un anarquista, preocupado por la moda. Homosexual y cristiano. Ateo y místico. Socialista y nacionalista. Caben todas las combinaciones imaginables. También las inimaginables
Sí, todo puede incidir sobre todo. O no incidir. Democracia y capitalismo, sin ir más lejos.
En algunos países asiáticos existe hoy un pujante capitalismo, pero con poca libertad de expresión, poca independencia del poder judicial, poco espacio para los derechos humanos. Hablar de “confucianismo del desarrollo” resulta equívoco, pero no del todo desatinado.
Llevándolo al plano nacional, observamos que los reciclados revolucionarios de los 70, son ortodoxos en el cumplimiento de la deuda que tantas veces la imputaron como ilegal e ilegítima, ahora inclusive la pagan por adelantado a costa de poner en riesgo las finanzas del país o dejando postergadas un cúmulo de iniquidades que tantas veces se los vio criticar desde los coros de un proclamado progresismo social.
Si nos referimos a la justicia, lo planteado y reafirmado por el Presidente, referente al proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura, en recientes montajes bufonescos desde el salón blanco de la Casa de Gobierno, al que concurre toda la pléyade chupamedia, sean de la jerarquía que fueren; sinceramente nuestra preocupación va en aumento, pues comprobamos que ese hibridismo al que hacíamos referencia en párrafo anterior, luego se convierte en patetismo. Se vuelve de muchas partes menos del ridículo, y nos es posible que nuestro primer magistrado, alentado por su círculo áulico, la emprenda con este tipo de actuaciones, propias de figuras del más bananero de los países.
A la gente no se la puede engañar todo el tiempo con puestas de escena, con ese mediatísmo absurdo y cada vez más procaz. Muchos recordamos los hechos pendientes de aclaración, donde cuentan desde dinero que se fue y nunca se sabe si volvió, o de extrañas muertes, o de misteriosos negocios realizados entre los intrigantes palaciegos y funcionarios que sospechosamente pasan rápidamente de una monacal vida a otra licenciosa e inocultablemente plagada de excesos.
Emperador Justiniano y su corte
Roma fue fundada, según la historia y la leyenda, el 21 de abril del 753 AC, se fue formando un Imperio, que tuvo ascenso, divisiones, descenso y desaparición, como ocurrió a la muerte de Justiniano en el 565. (Algún observador purista del hecho histórico dirá que la caída final ocurrió en 1453 cuando es tomada Constantinopla-respondemos que en ese lapso ya no había más romanos sino que eran griegos) La digresión histórica fue para llevar al extremo que no tendremos 1318 años de Kirschnerismo, como tampoco el mismo lapso de capitalismo, lo que proponemos como ejercicio de reflexión es que todo ciclo tiene su desaparición por más exitoso que sea. Éste lo tendrá, lo que ocurre es que no es exitoso por el sólo hecho de circunstancias mundiales, y además vivimos en una democracia, y en el siglo XXI, que hay un pueblo sufriente pero lleno de ilusiones que espera que alguna vez los gobernantes no le mientan y cumplan mínimamente, con responsabilidad y con moral las promesas que hicieron antes de acceder al poder.
De ninguna manera pretendemos que se desaloje del gobierno a ninguna autoridad legítimamente constituida, sí, aspiramos como país a ocupar un lugar expectante en el mundo, que nos merecemos por historia, por geografía, por lo benévola que ha sido la naturaleza y por la gran capacidad que tenemos los argentinos para trabajar y salir adelante, cuando no nos encierran en laberintos ideológicos o hegemónicos.