
El actual gobierno, en su desesperación por tapar la debacle que se avecina en el corto y mediano plazo, recurre al esparcimiento de la inmundicia en la que muchos de sus componentes viven revolcándose, en tal sentido, patrocina directa e indirectamente una clara y ofensiva desmalvinización, unicamente propia de esperar por parte de nuestros más acérrimos enemigos.
Ese 2 de abril de 1982 marcó un hito trascendental que está por encima de toda interpretación pormenorizada o interesada. El pueblo se volcó a las calles. ¡Cuántas divisiones, trabas, desconfianzas hostiles, saltaron por el aire en ese instante maravilloso! Ese pueblo estaba allí no para pedir facilidades sino para aceptar el desafío y el sacrificio. Para adherir no a un hombre, un gobierno o un programa, sino a un principio. La soberanía -al decir de Víctor Massuh- no era un principio abstracto sino sentimiento.
Es por tal razón, que volcamos el texto de una carta abierta, escrita por la madre del primer héroe de aquella gesta. Pues la acción del dos de abril de 1982 fue y será siempere tenida en cuenta como una gesta heróica, aún habiendo la misma sido planificada por una banda de cobardes que por entonces ocupaban por la fuerza el gobierno de nuestra República.
EL CINE COMO ARMA DE LOS RENEGADOS
Esta es la carta pública, que la señora María Delicia Rearte de Giachino, domiciliada en la ciudad de Mendoza, madre del primer marino caído en la operación Malvinas, dio a conocer sobre el atrevido film “Iluminados por el fuego”. Su texto:
“Venciendo mi resistencia interior, fui a ver “Iluminados por el fuego”, la película argentina sobre la Guerra de Malvinas, cuyo guión, dirección e interpretación, en manos de personajes de reconocida militancia ideológica y poco honor en el combate, presagiaba su contenido. Pero se me acusó de hacer juicios apriorísticos: “No se puede opinar sobre lo que no se conoce”.
Premiada por el Premio Especial del Jurado en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián (España), propuesta para el Festival Cinematográfico de Goya (España), asimismo cuenta con los auspicios de España. Su director Tristan Bauer manifiesta que “el conflicto bélico, fue el último acto salvaje de la dictadura militar que usurpó el poder en 1976 y dejó 30 mil desaparecidos”. Su protagonista Gastón Paulsarenga dice: “es un homenaje a los que estuvimos allá, a los que murieron los que se suicidaron en los años posteriores a la guerra” (Los Andes 25-09-2005)
Con estos antecedentes, suficientes para despertar curiosidad, interés y por qué no, esperanza de equivocarme, decidí ver la película…
Mis siguientes comentarios, son absolutamente personales, lo más objetivos posible, discutibles, seguramente, cuyo sólo propósito es llevar a Veteranos, familiares, amigos, defensores de la Causa Malvinas, el triste sentimiento de que Argentina le debe todavía “su película”. La que la honre, la dignifique y sea un documento histórico, veraz, para las jóvenes y futuras generaciones.
Con mejor técnica y más desembozada intención, “Iluminados por el fuego” es la continuación de aquella nefasta “Los chicos de la guerra”.
Su propósito explícito es profundizar la desmalvinización, iniciada allá en el 82 por los cipayos de adentro y de afuera de la Patria, que se renuevan, pero no cesan. Es ridiculizar y desprestigiar todo lo que sea militarismo, continuando la destrucción de las FF.AA., ya de por sí degradadas. Es presentar con golpes de efecto burdos las miserias de la guerra y de las debilidades humanas, basadas en acciones que sólo buscan movilizar la sensiblería del espectador. El soldado en zapatillas chapoteando en el barro; el soldado que pide ir al baño y llama por teléfono a su “Ma”; el soldado en el campo de batalla con la oveja asada en los brazos; el soldado estaqueado; el soldado que dejó a su hijito; el soldado que extraña su noviecita; el soldado que robó el reloj… nunca el soldado argentino, reconocido como tal por el enemigo, el que dio múltiples muestras de valor y coraje y que supo sufrir y sufre el horror de la GUERRA, y que así como padeció, lleva sus heridas, sus recuerdos, sus broncas, con dignidad cultura.
Esos soldados que no fueron vitoreados por las autoridades ni por el pueblo argentino en su regreso al continente, en una deuda impagable de todos, militares y civiles, que destruyeron con su deleznable actitud la GLORIA de esos hombres que dejaron o trajeron sus vidas, para ofrendarlas a la PATRIA y se los despreció ignominiosamente. Es tal vez el único punto en el que coincidimos con la película, aunque también ahí usa términos insultantes, que en vez de reivindicar a los “victoriosos derrotados”, los sume en una lacrimógena compasión que los rebaja.
Dirigida a un público crédulo, ignorante de ignorancia culposa, sobre el tema presenta un mentiroso mensaje pacifista que se pone de manifiesto al cierre de la película con una canción de León Giecco, rematando su objetivo absolutamente ideológico. Canción que sorprende al espectador, aburrido de tanto ruido y miseria, en cuya letra mezcla los hechos “setentistas”, con la Heroica Gesta de Malvinas, en una melange absurda, tendenciosa y politizada.
Hasta aquí mis comentarios sobre esa película a la cual yo hubiera titulado: “Iluminados por el odio”. Vaya una vez más, mi homenaje más sentido a los Sres. VETERANOS, a los que marcan Soberanía en el Cementerio de Darwin; a los que no soportaron tanto deshonor de parte de sus compatriotas y buscaron su Gloria en el Cielo.
Hay premios que denigran y hay repudios que HONRAN.”
(María Delicia Rearte de Giachino es la Madre del primer caído en la recuperación
de las Islas)