Nos faltan los “mapas” del proyecto de Estado

Por Enrique Serra

October 15th, 2005 by Opinorama Leave a reply »

Desde lo más cercano a nosotros hasta lo más ajeno a nuestra experiencia: durante siglos los mapas han permitido al hombre dejar una constancia gráfica de lo que va descubriendo, conociendo o conquistando en su entorno más cercano, su ciudad, su país y en otros países y continentes.

Por otra parte los mapas le han permitido al ser humano fabular o imaginar sobre las tierras que aún no conoce, las que se supone que existieron y quedan sólo en los recuentos escritos e incluso las que han tenido vida sólo al interior de las creaciones artísticas.

El mapa que debemos también construir día a día, es el social, es el que realmente marque un desarrollo de la humanidad distinto al actual, tan distante de la equidad. Debe ser uno que esté más apegado a la solidaridad, que no contenga las miserabilidades y mezquindades que nos confunden a veces en el mundo animal del sálvese quien pueda.

Este rumbo, esta sabiduría que debió aplicarse en todos los tiempos fue relegada por variadas circunstancias atomizadas en los vastos intereses materiales que permanentemente viven acosando y dominando al género humano.
Debemos concluir que el hombre lucha permanentemente por el poder y una vez que lo alcanza, el mismo no lo usa con la sabiduría que lo debiera hacer y como consecuencia se producen desequilibrios que inevitablemente minan ese poder alcanzado por el líder o grupo dominante. El poder puede estar localizado en un aparato institucional subordinado a la estructura económica, hasta tal punto que los que parecían semidioses, se debilitan ante una realidad que tarde o temprano aparece desnudando la debilidad constructiva solamente cimentada en la pura consecuencia materialista y ambición personal. Tal el caso que pronto observaremos en la primera potencia mundial y su hasta ahora invencible conductor.

Desde la crisis de 1929-1933 los países de América. Latina se vieron obligados a producir algunas mercancías que antes importaban. De una parte, los países capitalistas desarrollados disminuyeron el ritmo de exportación de capitales y mercancías hacia nuestros territorios. De otra parte, nuestra región disminuyó su capacidad de exportación y por tanto de importación. Surgió el llamado modelo de desarrollo hacia adentro, basado en la industrialización sustitutiva de importaciones.

Se desarrolló por lo tanto una burguesía industrial con intereses nacionales y surgieron gobiernos de corte nacionalista. No viene al caso citarlos-máxime en nuestro País- pues nadaríamos en los estériles mares del enfrentamiento, de establecer quienes fueron los buenos y quienes los malos, no siendo ese el sentido del presente artículo, cosa que dejamos reservada a la historia.

Al concluir la II Guerra Mundial había aumentado el peso específico de la producción industrial en comparación con la de materias primas, las relaciones comerciales Sur-Sur se incrementaron y se había producido un proceso de capitalización interior.

El golpe militar de 1955 suprimió la Constitución de 1949 (a mi entender la única Constitución con sentido social) y numerosas leyes, pero aún así quedó un sustratum normativo, especialmente en materia sindical y en la intervención estatal en la economía.

Entre los gobiernos que se sucedieron se destaca el del Dr. Arturo Frondizi por ser el que surgió democráticamente después del mencionado golpe militar, quien con una política desarrollista trató de modificar la estructura económica; fomentando las industrias básicas, como la petroquímica, la siderúrgica y la automotriz. Pero la lógica peronista-no peronista, que embriagaba al país, dio por acabado su paso por el gobierno, y se privó a la Nación de una acción gobernante, por el quizás único estadista sudamericano del siglo XX.

Desde entonces, gobiernos civiles y militares trataron de encontrar una fórmula política, social y económica: sin peronismo o con peronismo excluyente, con neoliberalismo o populismo; algunos optaron por el mercado interno y la producción industrial, otros por el mercado externo y el proyecto rural exportador; unos por un peso subvaluado, los otros con uno equivalente o cercano a las primeras monedas del mundo; con menos o con más estado.

Una constante fue la exclusión de los demás actores políticos-sociales en el trazado de éstas políticas; producto de la consideración del otro como un enemigo, y de la mano de una ausencia total de patriotismo y respeto por la constitución y las leyes que tanta sangre costó al País conseguir en el siglo XIX. Esa ruptura del orden institucional fue una de los grandes males cuyas consecuencias aún estamos padeciendo.

Otra constante fue el déficit fiscal, presente también en algunas crisis del siglo XIX.“La fiesta argentina” se financió con las reservas acumuladas en épocas de bonanzas. Terminadas las mismas se recurrió a préstamos bancarios e institucionales, cuando no alcanzó fuimos por los ahorros del sistema previsional, el ahorro interno (elevando las tasas de interés e imposibilitando su destino al sector productivo), la emisión monetaria, imponiendo a las AFJP la compra de bonos estatales, privatizamos y transestatizamos empresas y servicios, luego reservas petrolíferas y gasíferas, etc…Conclusión nos quedamos sin nada y con más deuda. El importante fondo de flujos de los aportes jubilatorios, ahora los manejan los privados al que el Estado recurre pagando tasas superiores a las internacionales, hasta que surja otro default y les confisque nuevamente fondos que son de los futuros jubilados, que en el horizonte pueden ir divisando un miserable futuro

El fracaso del proyecto de re-re-elección marco el principio del fin del menemismo, fue un síntoma más de fracaso. A lo que se agregaría, con graves consecuencias para el país, el profundo déficit fiscal y cuasifiscal y el excesivamente rígido sistema de convertibilidad; todo lo cual estallaría durante el timorato gobierno de De la Rua.

Las recurrentes crisis demuestran que, desde 1929, no hemos encontrado el modelo que nos inserte exitosamente de nuevo en el mundo, que desarrolle nuestra sociedad, que permita la efectiva vigencia de derechos y garantías, que nos satisfaga como empresa común.
Insistimos falta el “mapa”, ese verdadero proyecto de país que nadie se decide a enunciar con verdad y claridad

De allí que en los tiempos presentes y en virtud de las fuerzas globalizantes, el modo en que esta dirección política conduzca al país resulta de vital importancia, ya que sin Estado y sin política, ninguna nación podrá resistir a las fuerzas y los intereses económicos que detentan la hegemonía en el mercado mundial.

Certeramente afirma Marcelo Lascano:

“La globalización devora a las sociedades que no tienen objetivos claros, que carecen de estrategias nacionales… y se traga a los gobiernos complacientes, confundidos y escasamente in-formados de las dinámicas reglas de juego de la economía y política contemporáneas. Pierde quien no tiene política. Por eso la globalización es una verdadera oportunidad y no un contratiempo insalvable. Por ello también reclama idoneidad política y la necesidad de actuar sin perder identidad”.

No obstante ello, Argentina ha oscilado permanentemente, según la concepción ideológica de turno, entre un Estado omnipresente y un Estado ausente, entre un Estado que asume responsabilidades y funciones que no le competen y un Estado que deja de hacer lo que le corresponde como garante del bien común nacional. En la última década del siglo pasado, en virtud del alineamiento incondicional con las ideas prevalecientes del mundo global, se impuso en Argentina una concepción minimalista del Estado, el mismo se replegó y se redujo a su mínima expresión.-aunque convengamos que el gasto en ese sentido no bajó- Y la ausencia de Estado significó la ausencia de política y de estrategia, elementos estos imprescindibles.

Un paso es definir el marco institucional, hoy mezcla de: 1º) Fue el liberalismo, que protegiendo al individuo, creó un Estado mínimo, ignorando los grupos intermedios de la sociedad; 2º) El corporativismo, que los exacerbó; 3º) El estatismo, que hizo del Estado el centro y periferia de la sociedad; 4º) El neoliberalismo, que busco eliminar al Estado.

La gran incógnita es el actual gobierno de Kirchener. Debemos sí reconocer la corrección de algunos factores distorcionantes de la macro economía, todo ello producto de una ola positiva mundial donde nuestros “comodities” se ven altamente beneficiados por una coyuntural situación mundial que ojala se prolongue en el tiempo.

Debemos reclamar claridad, que definan las reglas del juego, esas normas formales e informales que nos lleven al crecimiento y bienestar económico-social, y que permitan desatar las fuerzas de la sociedad.

La lamentable experiencia que afortunadamente estamos dejando atrás nos ha enseñado mucho, pero también la que ha resultado todo el siglo XX, nos lleva a sostener que la clave es: comenzar a resolver dentro de las crisis el problema de la concentración del poder en manos de un hombre o de un partido, que imponiendo un rumbo a la sociedad, sin posibilidades del diálogo democrático moderno (gobierno-oposición y partidos políticos-sociedad civil), puedan hacer depender a la sociedad del éxito o fracaso. Sería muy lamentable que otra vez cayéramos en ese pozo de la frustración, por no haber sido capaces de impedir a tiempo que se cometan similares atrocidades como las del pasado.

Esta crisis que vamos sorteando, nos muestra como la falta de respeto a la división de poderes dentro de un Estado, o la ausencia de una verdadera oferta de fuerzas políticas alternativas que posibiliten el control republicano y los contrapesos que la verdadera Democracia exige. Pueden poner en marcha la vigencia solapada de arbitrariedades del partido gobernante o, peor aun, de un posible Presidente hegemónico.

En una semana estarán los resultados electorales de la compulsa del día 23 de octubre, y quizás también podamos ver la puerta de un distinto y mejor futuro. Hoy el mismo es gris, incierto y no depende exclusivamente de nosotros el poder alterarlo.

Debemos reconocer que atravesamos por una gran crisis, pero a la que debemos sumarle la de identidad. La identidad es el conjunto de factores y circunstancias que determinan quién es y qué es una persona, un pueblo o una nación; la identidad cultural estará representada, entonces, por el conjunto de valores predominantes, creencias, conocimientos, el arte, el derecho, y por los usos, costumbres y tradiciones de una sociedad. Es esta identidad cultural la que permite que un determinado pueblo o nación sea el mismo pueblo y la misma nación ante distintas circunstancias y acontecimientos. Es una tarea vital ir a la búsqueda de la misma, así como sin identidad no podemos ser completamente personas, tampoco sin identidad podemos construir un verdadero País.

Hoy los líderes reunidos en Salamanca analizarán la realidad socioeconómica de la comunidad iberoamericana y sus retos, y mañana debatirán sobre su proyección internacional. Esperamos que haya tiempo para avanzar en algunos de los retos euroiberoamericanos pendientes, entre otras cosas porque pese a la ampliación hacia el Este, también es verdad que hasta ahora nunca las instituciones comunitarias habían estado dirigidas por ibéricos: Durao Barroso al frente de la Comisión, Josep Borrel del Parlamento y Javier Solana como Alto Representante de Política Exterior

El punto 10 de la declaración final de la XV Cumbre Iberoamericano de Presidentes y Jefes de Estado, según el Mundo de Madrid dice:

Recogemos la recomendación del Encuentro Empresarial y del Encuentro Cívico de dar continuidad a estos foros en el marco de las Cumbres Iberoamericanas y destacamos la convergencia en los enfoques en cuatro ámbitos principales: la institucionalidad garante de la gobernabilidad democrática y de la protección de los derechos humanos, la importancia de las inversiones par el desarrollo y su impulso en un marco de seguridad jurídica, responsabilidad ambiental y social; la necesidad de que la cooperación oficial al desarrollo se vincule a estrategias de reducción de la pobreza y a los Objetivos de Desarrollo del Milenio recogiendo la realidad de los países de renta media; y la voluntad de que la Comunidad Iberoamericana apoye los procesos de integración regional y subregional y sea un actor relevante en las negociaciones para un sistema mundial de comercio más abierto, justo y equitativo.

Encomendamos al Secretario General Iberoamericano que atienda las recomendaciones de estos foros.

*Fuentes:
Deleuze, G. 1987 (1986) Foucault. Barcelona: Paidós Studio.
El Mundo de Madrid
El País de Madrid
Fonacit de Venezuela

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1 comment

  1. julian says:

    no muestra los mapas que uno sugiere sino los que se le da la gana de mostrar