
Las distintas consideraciones que se han hecho sobre la memoria individual, rivalizan, sin duda, con la memoria colectiva. Sobre la individual hay quienes ofrecen ejercicios interesantes para acrecentarla.
”La memoria es un capital, uno obtiene lo que quiere de ella. Para darse cuenta si la memoria está funcionando bien o mal sólo hace falta observar cómo está yendo en la vida: si se tienen proyectos determinados y no se están cumpliendo, no se está usando bien la memoria, que es un archivo de todo lo que está pasando en la vida, tanto de experiencia como de sentimientos”, dijo Krell.
Borges nos dice en “Funes el Memorioso”, “…que cuando visitó a Ireneo, éste empezó a enumerar, en latín y español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la Naturalis historia. Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que administraba la justicia en los 22 idiomas de su imperio; Simónides, inventor de la mnemotecnia; Metrodor, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez….”
La memoria como podrán muchos colegir es una herramienta que la naturaleza nos provee para el mejor desempeño de nuestro paso por la vida. Pero cuando la misma es permanentemente utilizada para registrar únicamente ciertos hechos del pasado, olvidando otros deliberadamente, la misma no presenta utilidad para el conjunto, ya que siendo sesgada vierte implícitamente la parte positiva que conviene a quien provoca el recuerdo, dejando la sordidez amarga para el interlocutor que, en el obligado anonimato e impotencia, ve que se traiciona una parte de nuestra historia con su deliberado olvido.
Maristella Svampa, ha producido un interesante relato sobre la guerra de Malvinas. En el mismo se mezcla la memoria permanente sobre nuestras Islas usurpadas y el manotazo de ahogado que produjo la dictadura iniciada en 1976. Aquí su introducción
“La corta guerra de Malvinas constituyó sin duda la vuelta de tuerca y, al mismo tiempo, el canto de cisne del proceso militar iniciado en 1976. Empujados por un déficit creciente de consenso social, sin poder ocultar ni el fracaso económico ni la visibilidad que iban adquiriendo los reclamos sindicales y las denuncias por las violaciones de los derechos humanos, los militares argentinos buscaron recuperar algo de la adhesión social perdida a través de un acto de patrioterismo suicida, que anclaba en lo más profundo del sentimiento colectivo.”
Hoy observamos lamentablemente, que ciertas políticas públicas hostigan de manera recurrente a ciertos hechos y personas del pasado; destapan féretros que estaban casi en estado de cenizas con el propósito de avivar una memoria “tuerta”. Nada bueno se logra hurgando, sobre sólo un sector de nuestras viejas heridas. La paz en el mundo se construyó sobre millones de cadáveres. Comparar el holocausto de la Alemania Nazi, con nuestras infames reyertas, es simplemente un insulto a la inteligencia.
Enrique Serra.-