
Futuro de la educación
Forma parte de las tareas de las instituciones políticas gubernativas emitir mensajes de optimismo tanto en tiempos de crecimiento tranquilo como de incertidumbre. En el primer caso se refuerza la confianza de los inversores, mientras que en el segundo se intenta apuntalar los ánimos decaídos de los agentes, ya sean económicos o sociales.
La reciente declaración de los gobernadores de los bancos centrales de los 10 países más ricos del mundo debe encuadrarse en el primer caso, y con razón. Puede legítimamente anunciarse que la economía mundial crecerá este año al mismo ritmo al menos que en 2005 -el 4,3%, una tasa nada despreciable-; incluso está en la lógica de las tendencias económicas actuales suponer, como explicó el portavoz del G-10, que el crecimiento puede ser algo mayor.
Nuestro gobierno sigue confiando en el piloto automático puesto en la macro, mientras que en lo que hace a la situación de la inflación, parece decidido jugar una gran cuota de fichas a los acuerdos a través de la figura presidencial.
Un tema que hemos tocado asiduamente desde Opinorama, es el de la educación. La reciente sanción de la ley de financiamiento educativo parece poner proa a una positiva visión en la búsqueda concreta de soluciones
Cuentan los clásicos que un rey acudió a la escuela de un sabio griego a consultarle cuán alto sería el precio de la formación de su hijo. La suma reclamada por el sabio debió de ser elevada, por lo que el rey le contestó que con ese dinero podría hasta comprarse un esclavo. A lo que el sabio griego le replicó, de forma inmediata pero implacable, que, de destinar el peculio a la compra del esclavo y no a la formación de su hijo, acabaría por tener dos esclavos, pues esa sería también la condición final de su hijo. Más precisamente, concluyó el sabio, el hijo acabaría siendo esclavo, pero no tanto del padre como de la ignorancia.
El anterior relato, prueba que la necesidad de un pueblo educado viene desde siempre. Una sociedad preparada técnicamente para los grandes desafíos del futuro es la mejor esperanza para el desarrollo y ventura del porvenir de cualquier nación.
La importancia de la educación para un país merece mayor y mejor atención, pues constituye, junto con la justicia, uno de los pilares fundamentales del Estado de Derecho. Y al referirnos a la educación, no le atribuimos un contenido exclusivamente académico o científico, sino también formativo de la persona. El desarrollo del individuo sólo puede entenderse como resultado de una formación integral, participado por la familia junto con las instituciones educativas en sus distintos niveles.
Sóslo así nuestros hijos serán individuos con capacidad de juicio y opinión propias.
Sólo así nuestros hijos podrán disentir de los demás y, por qué no, del pensamiento mayoritario y, en todo caso, cuando participen del mismo será consecuencia de un acto de libertad y soberanía derivado del conocimiento adquirido. No descartemos que ésta sea una de las vías para construir un sistema social basado en la integración que parece estar en la mente de todos y que hasta el presente, sólo observábamos movimientos hegemónicos, tanto en la conducción política del estado, como en las reglas que deberán desenvolverse las futuras generaciones.