En Argentina como en el resto de Latinoamérica, pareciera que toleramos un alto grado de corrupción. Nos parece muy arriesgado o hasta quizás peligroso dar la pelea completa, pues es como si avizoráramos una historia escrita de antemano. La creencia en un supuesto determinismo histórico y cultural engendra una actitud condescendiente hacia las muchas formas de la corruptela.

Estudio de la corrupción
Los ciudadanos parten de la premisa de que todos los políticos son corruptos,-en esto no se puede generalizar tan draconiamente- mientras que estos últimos responden a las acusaciones en su contra, a veces señalando la culpabilidad del acusador – sea este un periodista u otro funcionario público- en algún otro hecho. Son pocas las veces que ese tipo de imputaciones, veladas o directas se elucidan correctamente. Entonces el mensaje intrínseco que resulta, es que de presentarse la oportunidad, cualquiera rompería las reglas, tornando la esperada asunción de responsabilidad y la necesaria rendición de cuentas en tareas superfluas.
Esta visión, además de cegarnos con respecto a la correcta asignación de las culpas, nos impide comprender la verdadera dimensión de los estragos de la corrupción. En una primera aproximación, se piensa en el importante porcentaje de riqueza que pierde el Estado por los actos de deshonestidad. Pero ahí solo empieza la cuenta negativa. Como bien lo describe Gustavo Gorriti en uno de sus últimos artículos, la mayor pérdida está en lo que se deja de crear. Las consecuencias de la corrupción no se miden solo cuantitativamente, pues es en el análisis cualitativo en donde se entiende su devastación: es la diferencia entre ser y no ser, entre progresar y estancarse.
La búsqueda de soluciones concretas contra este problema, no es sólo una situación que nos acucia a los argentinos, es recurrente en muchos países, como por ejemplo España, que señala a uno de los más importantes centros turísticos mundiales, como un dechado de corrupción. Tal el caso de Marbella, para ello aportamos un link que describe con ciertos lujos lo que ocurre en el mejor punto de la costa del sol.
La corrupción es una tarea que destruye lentamente las fortalezas humanas sobre todo en aquellas donde se asienta su organización política, es una larvada y persistente falla que hace añicos ciertos cimientos morales.
Corrupción en Marbella
El imperio más poderoso que el mundo conoce, inició su decadencia como producto de la corrupción. En efecto, en el curso del tercer siglo después de Cristo, el Imperio Romano mostró crecientes signos de decadencia y crisis. Hubo inflación, carestía y cesantía. Disminuyó la población. Se estancó el desarrollo social y las clases se convirtieron en rígidas castas. Las instituciones políticas fueron ineficientes. Así surgió una grave corrupción moral. El ejército se tornó un factor decisivo, se imponía y destituía a los emperadores. Paralelamente decayó el poder militar y las legislaciones no fueron capaces de defender las fronteras. Finalmente el imperio empezó a ser invadido por bárbaros establecidos como aliados y colonos en las provincias fronterizas.
Podemos seguir en la búsqueda de ejemplos para señalar la gravedad de este mal casi endémico de la humanidad. Pero no es el propósito de este artículo reemplazar a los muy buenos docentes que existen en tal sentido.
Nos ha movido un lógico impulso en señalar algo por todos conocido, pero que de tanto en tanto hace falta remarcar para que no omitamos como uno de los deberes derechos, que al igual que el nombre, tenemos, esto es defender a la sociedad en la cual vivimos y de la cual nos nutrimos.