Las campañas políticas.

June 23rd, 2007 by Opinorama Leave a reply »

DecíaAzañaque si en España se callaran todos aquellos que hablan de lo que no saben, se produciría un gran silencio. Pero el ruido y la furia que asfixian el debate público en España no provienen ahora de pontificadores ignorantes, por mucho que sigan abundando, sino de políticos que saben bien lo que pretenden. No consisten en charlatanería ni se caracterizan por la pereza intelectual, sino que son el resultado de una estrategia política calculada y racional.

Las consecuencias en la vida diaria son sorprendentes: las posiciones de personas que comparten muchas cosas se han polarizado de forma extrema, el mundo se ve en blanco o negro, el diálogo se ha vuelto muy difícil.
Uno de los problemas que se derivan de ello es un sectarismo partidista exacerbado en los debates. Dada la polarización, se cierran filas en contra o a favor del Gobierno.

Lo anterior, evidentemente no ocurre en nuestro país. La chatura, la mediocridad, la vulgaridad, la mezquindad, la mentira, en fin, la falta de calidad intelectual, y de una exigible posición moral, se reúnen frecuentemente, en buena parte de nuestra llamada “clase política”. El actual gobierno nacional, por ejemplo, piensa que todos aquellos que no pensamos como sus componentes, estamos casi fuera de la ley.

Estas circunstancias son puestas a diario de manifiesto, pero, son harto notables cuando se aproximan las elecciones. En estos tiempos los ardides, el engaño, la chapucería y hasta el fraude, conviven invariablemente en la “campaña”, tiempo, pareciera, -similar en algún aspecto-al que dedican los cabañeros cuando preparan a sus ejemplares para una exposición. La diferencia radica en que, el reproductor puro de raza, tiene indudablemente un real componente que ha recibido a través de un buen manejo genético, y la “preparación”, consiste en resaltar todo lo bueno del ejemplar.

Todo lo contrario ocurre en el mal político. En la campaña, a pesar del esfuerzo de los asesores en imagen, es imposible ocultar lo que “natura” y la despreocupación del propio candidato por mejorar, no han podido proporcionar.

Existe otra visión, que desearíamos fuese la que finalmente triunfara en cuanto al debate político. El de las ideas, planes o propuestas para mejorar la calidad de vida del pueblo.

Protágoras y su discípulo.

La época previa a las elecciones favorece la aparición de un extraño virus: el de la credulidad.

Antiguamente, el término “sofista” definía a aquellas personas que conocían a la perfección el arte de expresarse con elegancia, con el objeto de convencer a quienes los escuchaban, así como también discutir y ganar en cada una de las controversias verbales en las que se vieran involucrados. Actualmente, se denomina sofista a aquella persona que se empeña no sólo en discutir, sino también que intenta convencer a los demás acerca de sus ideas, equivocadas o no, por medio de argumentos engañosos y falsos.

Protágoras (480-410 a.C.), célebre sofista de la época en que serlo no era mal visto, fue víctima de sus propias enseñanzas, cuando un discípulo de retórica convino con él en pagarle los conocimientos adquiridos a su lado con el producto de lo obtenido cuando ganara su primer pleito. Pero pasaba el tiempo y el discípulo no iniciaba ningún pleito, por lo que tampoco le pagaba a su maestro. Cansado Protágoras de esperar, y utilizando sus conocimientos y experiencia, le dijo: “Debes pagarme, porque si vamos a los jueces pueden ocurrir dos cosas: o tú ganas el pleito y entonces deberás pagarme según lo convenido al ganar tu primer pleito, o bien gano yo, y en tal caso deberás pagarme por haberlo dictaminado así los jueces”.

Lejos de aceptar las palabras de su maestro, el discípulo le contestó: “En ninguno de los dos casos te pagaré, porque si tú ganas el pleito no te pagaré, de acuerdo al convenio consistente en pagarte cuando ganase mi primer pleito, y si lo gano yo, no te pagaré porque la sentencia de los jueces me dará la razón a mí”.

Quién tenía la razón es algo difícil de determinar, pero si esta discusión la hubieran llevado a un debate en televisión con toda seguridad habrían provocado que les diéramos la razón alternativamente a uno y otro. Una sensación similar a la que solemos tener sentados frente al televisor cuando escuchamos acalorados e interminables debates entre dos políticos, y en donde más de una vez tenemos la extraña sensación: que los dos tienen razón, aunque sus puntos de vista sean diametralmente opuestos.

A lo anteriormente señalado en el link, debemos acotar que la gran diferencia de posiciones, esta en la ideología de quienes la sostienen. A pesar que la globalización ya nos ha invadido, deberán pasar muchos años para que se licuen posiciones muy obcecadas a causa de una cerrada posición ideológica que tienen algunos referentes políticos. Nada es siempre blanco o absolutamente negro, debemos internalizar y profundizar la convivencia con los grises.

Pronto dará comienzo otra campaña política. Ésta, preparará a candidatos y votantes para la elección presidencial de octubre. Como es costumbre desde este sitio, deseamos que, tomando en cuenta lo sucedido en Capital y otras provincias de nuestro país, los contendientes se esmeren y no caigan en la vulgaridad de frases armadas o en la canallesca intención de la “compra” de voluntades.

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