La paz no se regala.

July 1st, 2007 by Opinorama Leave a reply »

Los hombres podrán cansarse de comer, de beber e incluso de hacer el amor; pero no de hacer la guerra.


Las Termópilas

Aquella famosa batalla se ha convertido con el paso del tiempo en casi una leyenda; en el valor y el coraje por defender su libertad ante una fuerza invasora muy superior en números. 300, el número de espartanos que al frente de un grupo de otros 5.000 griegos llegados de otras ciudades, hubieron de enfrentarse a un ejército de más de 250.000 persas, comandados por Jerjes I, el dios de dioses, como era conocido entre su pueblo.

Parecía una misión imposible, pero los espartanos eran famosos por su habilidad técnica y su valor en el combate. Leónidas, su rey, planteó la batalla en el mejor lugar posible: el paso de las Termópilas, un angosto desfiladero que separa al Sur del Norte de Grecia. Corría el año 480 a.C. 11 de Agosto.

Puede afirmarse que la batalla de las Termópilas fue uno de esos contados momentos de la historia que han marcado de un modo definitivo e indiscutible el futuro de la humanidad.

El nombre del lugar significa “puertas calientes”, y alude a las aguas termales que aún hoy día se encuentran en la zona. Según cuenta la tradición, hallándose Heracles próximo a la muerte, y sintiendo en su piel el ardor que le causaba la túnica del centauro Neso, se arrojó a un río próximo a Traquis (junto a las Termópilas), para extinguir el fuego que lo abrasaba; murió ahogado, pero las aguas del río conservaron su calor.

El heroísmo que demostraron los griegos fue magnífico y digno de las mayores alabanzas. Casi todos los hombres estaban ya gravemente heridos, muchos sangraban por múltiples heridas, sus lanzas se habían roto ya, muchos escudos estaban prácticamente inservibles. Pero la lucha no cesaba, era encarnizada y ni se daba ni se pedía cuartel; los espartanos y tespieos que conservaban la espada la utilizaban, los que no, luchaban con el escudo o con astas de lanza rotas, algunos incluso, usaban piedras o las propias manos y dientes para herir al enemigo.
Finalmente, ante la cantidad de bajas que les estaban causando, los persas retrocedieron.

Acto seguido se adelantaron los arqueros, y una lluvia de flechas acabó con los pocos espartanos que quedaban. Las Termópilas habían caído, pero los persas habían sufrido más de veinte mil bajas.
El resto de la historia es conocido. La flota griega derrotó a la persa en Salamina. Y poco después, los griegos derrotaban a los persas en Platea. Grecia había vencido.

Los espartanos que murieron en las Termópilas fueron un ejemplo para todos los griegos, y su ejemplo ha perdurado. Si bien es cierto que físicamente la batalla se perdió, pues los persas atravesaron las Termópilas, el heroísmo de los espartanos venció moralmente al cuantioso ejército persa, que finalmente sucumbió.

En el lugar donde cayeron los últimos espartanos, hay una pequeña lápida en la que puede leerse: “Caminante ve a Esparta y di a los espartanos, que aquí yacemos por obedecer sus leyes”.

La fragmentada elección de los links arriba citados, no indica que de ahora en más nos hayamos convertidos en émulos del Dr. Grondona. Pero sucumbimos con gusto al placer de volcar parte de un formidable hecho histórico, pues al fin, que mejor elección para citarlo como ejemplo, en éstas épocas de nuestra argentina, que no son épicas, en cuanto a que no existe guerra, pero tampoco debemos olvidar, que la paz no se regala, ella se consigue con el diario y honrado trabajo, aferrados, además, con uñas y dientes a los mejores y sólidos principios éticos.

Ha comenzado desde hace algún tiempo un despertar de heroicidad cívica, quizás rememorando pasadas contiendas marcadas por la gran diferencia del poder que presenta la maquinaria política del oficialismo y las flaquezas de las estructuras de la oposición-que en parte-no devienen precisamente de la gastada política prebendaria, sino de la mano de muchas mujeres y hombres que entienden que la política conlleva dos dimensiones, una agonal que nos remite al conflicto, a la confrontación y a las tensiones, y otra arquitectónica, que nos señala la capacidad de construcción, el rol que cumplen los valores y los principios en el terreno ético de la política.

Si la primera representa el momento de la diferenciación y la tensión de intereses, valores y principios, el segundo momento hace referencia a la capacidad para vertebrar y poner en funcionamiento proyectos comunes, a la posibilidad de avanzar en la búsqueda de consensos y en el ejercicio pleno de la democracia.

En la búsqueda de los precitados valores, la mayoría de los ciudadanos podrán de ahora en más, ponerse a la búsqueda de aquellos otros que, como los griegos, enfrentaron la batalla con distintas posibilidades, pero sabiendo que la fuerza de la verdad y la justicia estaba de su lado.
Juntos, podremos derrotar a la impunidad, juntos podremos desarmar el cadalso donde los actuales gobernantes nacionales piensan ejecutar las instituciones de la República, juntos podremos contruir ese futuro que se nos niega, por las flaquezas hasta ahora demostradas por parte de quienes tenemos la fuerza para verdaderamente cambiar la historia. La lucha no sera fácil, pero imaginando el sabor de la victoria, debe ser suficiente para que juntemos el coraje que hace falta, pues una vez más decimos, que la paz no se regala.

Enrique Serra.-

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