La Participación como necesidad

Por Enrique Serra

October 16th, 2005 by Opinorama Leave a reply »

El uso de la amenaza de un enemigo externo para unificar a la población en favor del gobierno de turno, es un burro viejo al que se suben los políticos desde hace siglos para entrar por las puertas del poder. Recordemos en nuestro caso, “Malvinas”, por ejemplo, o los entreveros deportivos que a veces se han utilizado para las patrioterías vernáculas.

Pero a lo mejor la gente normal está harta de ese pobre burro y busca otra cosa.
También en las contiendas electorales se apela a similares artimañas para utilizarlas como elementos convocantes, sobre todo por parte de los que detentan el poder.”Síganme” antes y ahora “Necesito que me ayuden”, siempre un latiguillo que denota un ansia desmedida en la acumulación de poder, pues parece que de otra forma es imposible conducir la administración de nuestro Estado.

Si el lenguaje hablado se pierde en el principio de los tiempos, el lenguaje escrito, en cualquier lugar del mundo, señala la frontera entre la Prehistoria y la Historia. El hombre de Altamira pintaba en las paredes de las cuevas para expresar por medio de pictogramas sus ideas, y aunque tal manifestación no puede considerarse propiamente lenguaje, sí eran los primeros balbuceos de expresión espiritual.

Hoy la comunicación dispone de infinitos medios para hacernos llegar todo tipo de mensajes. A pesar de ello casi muere gente por el uso de un paredón para las pintadas políticas. Pero los mensajes a veces llevan insito el engaño, la mentira, las falsas promesas y toda la batería de artilugios que tienda a conseguir el voto de los ciudadanos.

A pesar de tantas promesas incumplidas nuestra sociedad ha seguido adelante, no ha perdido en un todo la fe que una Argentina mejor es posible. Es por ello que a veces en una necesidad de ejercicio de catarsis, aparecen pensamientos que muestran la rebeldía de los que no nos resignamos, de aquellos que bajo ningún concepto podemos seguir dejando que a nuestra gente se le vaya la vida, como a tantos que deambulan por la calle a la que tienen como único domicilio y refugio, que caminan con sus sueños de manera similar a la del vendedor de periódicos “que el mundo se pasea debajo de sus brazos, pero el no lo conoce, por que no tiene posibilidades”.

Los sueños, las esperanzas y la luz de cada corazón y mente de gran parte de todos los argentinos de bien, deben estar prestos para la lucha contra ciertos poderes económicos y políticos que a raíz de sus ambiciones y mezquindades han retrasado cincuenta años el camino de avance que una vez se propuso y tenia como destino nuestra patria. Este gran país, que malos argentinos hicieron ahora, que su categorización internacional integre la de los países llamados subdesarrollados. Con más del 50% de pobreza, con personas excluidas de los mas mínimos derechos sociales, con desigualdades tan alarmantes como vergonzosas, este país, esta bendita tierra por la que tantos entregaron su vida para que pudiéramos disfrutarla en libertad, es lo que tenemos y amamos y es además el país que no abandonaremos y el que queremos transformar con esperanzas, sueños y trabajo.

Es también el trabajo político que a veces se nos niega realizar por el cepo que las organizaciones partidarias le ponen a sus estructuras construidas en base a mezquindades y a una pobreza intelectual que asquea tanto como la endeble base moral e institucional en que se escudan para que no la penetren los “indeseables” que pretenden participar.

A pesar de las circunstancias expuestas, sabemos que el camino de la recuperación, del encuentro con ese destino de grandeza que hasta el presente se nos viene negando, esta a la mano. Participar no es un fin, es un medio, un instrumento. Participamos para alcanzar objetivos, unimos nuestro esfuerzo a otros esfuerzos y dedicamos nuestro tiempo a poner en marcha proyectos porque creemos que esos proyectos mejorarán las circunstancias en las que nos movemos y, al mismo tiempo, nosotros también nos enriquecemos y mejoramos en el proceso que conduce a lograr esas metas.

Sabemos que la democracia es un proceso permanente e inacabado. Sabemos que la necesaria democracia participativa tiene enemigos y que resulta difícil impulsar la corresponsabilidad en la toma de decisiones y la defensa de los intereses colectivos.

Es de cobardes pues, el amilanarse y dejar caer los brazos en la sola espera de que alguna migaja que les sobre a los poderosos caiga sobre un apesadumbrado y castigado sector social. Tenemos que emprender una férrea lucha para que los sueños se hagan realidad, la misma tiene que darse en un marco de observancia por los valores morales, y un irrestricto respeto por la Constitución y las leyes.

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