
La olla a presión, cuando hizo su irrupción en la cocina tradicional hogareña, modificó en parte, una forma de cocinar platos que, hasta ese momento, requerían bastante tiempo para su elaboración.
La modalidad de cocción a través de la olla a presión, permite un gran ahorro de energía y además logra que la cocción se realice con menos grasas.
Lejos ha quedado la época en que los cocineros con mayores miras de futuro tapaban con miga de pan los bordes de las cazuelas para conseguir preparar platos más rápidamente. A este artefacto, le siguieron luego, principalmente en la faz profesional, los hornos combinados de cocción (forzamiento en la circulación de aire y vapor)
De cualquier forma, la olla presión tardó algún tiempo en incorporarse a las cocinas hogareñas. Los problemas de seguridad de los primeros modelos que salieron al mercado provocaron desconfianza entre los usuarios. Hoy los dispositivos de seguridad de las nuevas ollas avalan la plena confianza de la utilización de las mismas.
Si bien la cocina es un tema que me apasiona y suelo realizar algunas incursiones preparando algún menú para complacer a mi familia o agasajar a mis amigos, no tengo el propósito de desarrollar ninguna receta, mucho menos volcar algún consejo, tal tarea seguirá en manos de los buenos profesionales que a diario nos informan a través de la televisión, especialmente, las bondades de tal cual producto y la forma mas o menos sencilla de elaborarlos.
El prolegómeno que hasta aquí he desbrozado, tiene como propósito, confeccionar una semejanza, con la principal particularidad de un elemento indispensable que forma parte de la olla a presión o su similar en los hornos que trabajan con vapor forzado. Se trata de la válvula de seguridad. Sin el perfecto funcionamiento de tan indispensable adminículo técnico, sencillamente sería imposible el funcionamiento de la olla o de los nuevos modelos de hornos combinados. En efecto, la acumulación de presión en un recipiente, sea éste para su utilización en la cocción o el correspondiente a las calderas para producir energía, dichos artefactos requieren de manera ineluctable de la válvula de seguridad, pues de otra forma, el exceso de presión que acumulan, terminaría reventando la olla, la caldera. la turbina o lo que fuere.
De igual modo -y aquí pretendemos instalar la sustancia comparativa- los sistemas de gobierno democráticos modernos, requieren para un seguro, perdurable, sustentable y eficaz funcionamiento, de la existencia de válvulas de seguridad, semejantes a la de la olla de presión. Las mismas están representadas similarmente, en la necesaria existencia a la vez que con verdadero respeto, en la acción que llevan a cabo las minorías parlamentarias.
Sin la anterior condición, los pueblos, cuando se los oprime de una u otra forma, cuando se les coarta el derecho de expresión, cuando sus gobernantes parapetados en la soberbia de sus expresiones y actitudes, abusando de los vericuetos y excesos cuasi legales que sus cargos les permite, cuando directamente pisotean la Constitución, a la vez que manipulan a la justicia, ignorando la división de poderes tan necesaria en la República, esos pueblos finalmente se rebelan. Tal acción suelen los mismos canalizarla, en el mejor de los casos, mutando violentamente en la opción del voto. En el peor, desatando una violencia que conocemos el inicio, pero nunca el final.
Lo recientemente ocurrido en Venezuela, no nos libra en un ciento por ciento a los argentinos, en el sentido que nuestros actuales gobernantes no estén elaborando alguna acción de relativa semejanza. Sin duda, nuestro alerta, de ahora en más será superior a la del pueblo venezolano. Los Chávez son inadmisibles en nuestra Patria.
Desde este sitio bregamos para que el país del norte de nuestro continente, reencuentre su destino de libertad y grandeza iniciado el 5 de julio de 1811 y consolidado en 1864, cuando quedo instituido como un estado social, de derecho y de justicia, libre, autónomo y soberano.
Por si algún vernáculo desquiciado pretende inaugurar alguna metodología que se asemeje a la puesta en marcha en el hermano país del caribe, le adelantamos desde ya que cese en la elucubración de semejante disparate, pues la respuesta será contundente e implacable. Recordamos a manera de ejemplo, que hay sólo 6 años de distancia con el año 2001.
Enrique Serra.-