La necesidad contar con seguro para cubrir los riesgos que puede provocar la tenencia de la cosa propia y fundamentalmente los daños que por el uso de ella pueden devenir, históricamente se manifestó en el automotor.
No solamente por el potencial riesgo de robo, incendio o destrucción del vehículo, sino por el daño que puede provocar a la vida o cosas de terceras personas, ya sean éstas transportadas o no.
Siempre fue entendido como una real necesidad el contar con un seguro que cubriera los riesgos antes señalados, y en épocas ya algo lejanas, el contar con seguro para el automotor era cosa común, fundamentalmente por lo accesible de su costo.
El tiempo fue indicando que tal necesidad se convirtiera en una obligación, y así surgió la normativa que obliga a todo usuario de vehículo, contar con una cobertura de responsabilidad civil hacia terceros.
Históricamente los seguros en nuestro país, siguieron la ruta de la mayoría de los servicios públicos. En efecto, durante el primer gobierno de Perón se nacionalizó el reaseguro, mediante la creación del INdeR.
El INSTITUTO NACIONAL DE REASEGUROS (INdeR) ejerció su monopolio durante cuatro décadas estableciendo las condiciones de reaseguros por Reglamentos de cumplimiento obligatorio.
Durante esos 40 años, en base a la concuspicencia de venales funcionarios que administraban ciertas y determinadas aseguradoras privadas, así como la corrupción manifiesta dentro del propio INdeR, sumado al escaso o nulo control por parte de la Superintendencia de Seguros de La Nación, que debía ejercer su acción sobre la totalidad de las entidades aseguradoras, hizo que esta importante herramienta financiera y una real fuente de ahorro nacional, como era concentrar el el reaseguro, pasara por gracia de una pésima administración y la inflación, a convertirse en una pesada deuda que los argentinos todavía estamos pagando.
A partir de la privatización del reaseguro, las entidades aseguradoras debieron ordenar su mecánica administrativa, y todas aquellas que había sido simples productoras del INdeR, vieron seriamente resentido el negocio del seguro y comenzó una depuración que todavía no finalizó.
El costo del seguro, pasó a tener una incidencia importante para los tomadores, por ello al deprimirse los ingresos de los argentinos, tenemos hoy día una resultante de más del 50% del parque automotor sin seguro de ninguna naturaleza. A pesar de ser obligatorio.
Ello ha incrementado el riesgo de por si alto,-no podemos omitir en este punto el notable incremento en el robo de vehículos- pues al no existir la suficiente atomización en la absorción de primas y siniestros, el seguro automotor se convirtió en altamente deficitario desde el punto de vista técnico.
A lo anterior, la baja en la tasa de interés que el mercado financiero paga a las aseguradoras por la colocación de sus activos líquidos, ha hecho que todo converja en mayor costo del seguro para quienes deben obligatoriamente tomarlo.
Los que más han sufrido este abrupto cambio en las condiciones de comercialización del seguro automotor, han sido precisamente quienes mas han abusado del mismo. Precisamente los servicios públicos de pasajeros, colectivos, taxis, remises, etc.
Que llegaron a quebrar varias empresas del ramo.
Entre 1990 y 1991 se produjo la apertura del 40% del mercado reasegurador, que estaba en manos del monopolio estatal, y en 1992 se dispuso la suspensión de contratar nuevos reaseguros, iniciándose el proceso de liquidación.
Los seguros de los colectivos no cubren la mayoría de los accidentes. Este es el título de un interesante artículo publicado por Diego Cabot de la Redacción del diario La Nación
El Defensor del Pueblo,(Ciudad autónoma de Bs As) Dr. Mondino informaba en marzo del año 2005, sobre las muertes por accidentes de tránsito, quizás por no habérselo consultado o por no ser tema de aquella nota, se omitió expresar que quienes llevan la peor parte, además de las lesiones o muerte, son los que por circunstancias de un accidente quedan impedidos total o parcialmente, y no encuentran por lo general una adecuada reparación, debido a la ausencia de seguros.
Cerramos el presente con la sensación, que quienes nos desplazamos a diario en la calle, ya sea a pie o en vehículos públicos o privados, no solamente que no estamos exentos de un accidente en la vía pública, sino que si del mismo salimos indemnes en nuestro físico, tenemos escasa posibilidad de reclamar por los daños materiales, ya que quien sea culpable del accidente, difícilmente posea seguro o tenga la suficiente solvencia para responder civilmente ante cualquier reclamo.