La historia despues de Mayo

por Enrique Serra

May 27th, 2006 by Opinorama Leave a reply »

Desde el punto de vista cronológico la Europa de la Restauración abarca un periodo corto, desde la caída de Napoleón en 1814 hasta las revoluciones europeas de 1830. Durante estos dieciséis años se intentó, por parte de muchos gobiernos europeos, reaccionar frente a los logros de la Revolución Francesa y volver a los presupuestos del Antiguo Régimen. De ahí, deriva la denominación Restauración, es decir, borrar las transformaciones de las monarquías y estados del siglo XVIII, así como los cambios revolucionarios que había expandido Napoleón por Europa.

Se trata de una época compleja. Gran parte de esta complejidad se explica por la heterogeneidad de las fuerzas que vencieron a Napoleón: unos luchaban contra el intento imperial de romper el equilibrio de occidente; otros, los nacionalistas, se levantaron contra el proyecto unitario que suponía; por último, estaban los que se oponían al ideal girondino napoleónico de extender los principios revolucionarios por toda Europa .

Estas fuerzas eran contradictorias entre sí, pero la política del equilibrio europeo consistirá en no permitir la formación de una gran potencia territorial europea. La Restauración interpretó que la Revolución Francesa y el Imperio Napoleónico habían roto ese equilibrio y era necesario volverlo a construir. Las potencias debían ayudarse para mantener a sus gobernantes legítimos y abortar cualquier conato de revolución.

Rara vez la incapacidad de los gobiernos para detener el curso de la historia se ha demostrado de modo más terminante que en los de la generación posterior a 1815. Evitar una segunda Revolución francesa, o la catástrofe todavía peor de una revolución europea general según el modelo de la francesa, era el objetivo supremo de todas las potencias que habían tardado más de veinte años en derrotar a la primera; incluso de los ingleses, que no simpatizaban con los absolutismos reaccionarios que se reinstalaron sobre toda Europa y sabían que las reformas ni pueden ni deben evitarse, pero que temían una nueva expansión franco-jacobina más que cualquier otra contingencia internacional.

A pesar de lo cual, jamás en la historia europea y rarísima vez en alguna otra, el morbo revolucionario ha sido tan endémico, tan general, tan dispuesto a extenderse tanto por contagio espontáneo como por deliberada propaganda.

La Declaración de la Independencia

Lo anterior, de alguna manera afectaba la seguridad de nuestra naciente independencia.

Mención especial merece el tema de la independencia de las colonias españolas en América, las causas que llevaron a nuestra emancipación fueron las siguientes:
- Inseguridad en la metrópoli, invadida por Napoleón..
- Imitación de la Independencia de Estados Unidos hacía pocos años, a la que el propio gobierno de Madrid había apoyado.
- Factores culturales (antiabsolutismo e influencia de las ideas revolucionarias)y económicos (deseos de suprimir los monopolios).

Pero fundamentalmente, lo que decidió nuestra independencia fue ese ansia natural de libertad que hay en el hombre, y que de ninguna manera es posible retener por mas tiránico que un gobierno pueda ser.

¿Qué es libertad?

El hombre se mira en el espejo del lenguaje, y la imagen que este le devuelve está empañada por la incertidumbre. Entonces duda, pues ha adquirido el vicio de pensar, y como muy bien lo dijera Pascal: “El alma no ve nada que no la apene cuando reflexiona”. Es posible que de la duda -y el desamparo- haya nacido el anhelo de libertad.
Libertad: facultad de elegir. Ser libre es ser responsable. Dueño de sus actos. Se responde por aquello que se hace.

En este sentido, la libertad no atañe sólo al individuo (aunque se origine en él) sino a la sociedad. La libertad conoce sus límites. Pero el ansia de libertad, como el deseo, aspira a la totalidad. El hombre, que nunca estará satisfecho con su condición, sueña con sobrepasar los límites. Y este sueño sólo lo verá realizado en un uso muy particular del lenguaje, en su manipulación con fines estéticos, es decir, en el arte.

El resultado de todo lo anterior, fue la proclamación de la independencia de las Provincias Unidas del Río de La Plata, la Independencia de Chile y Perú por el general San Martín y la creación de la Gran Colombia por Simón Bolívar. La última en sumarse al proceso fue Méjico.

El triunfo del independentismo americano, tuvo también una buena cuota de ayuda en los claros intereses británicos. Ese imperio, junto a Estados Unidos influyó, decididamente, en los asuntos políticos y económicos del área, ya que las nuevas naciones presentaban una gran debilidad político-económica.

No obstante hay que reconocer en aquellos hombres que iniciaron en mayo de 1810 la construcción de una Nación, valores personales que superan holgadamente a las mezquindades.

Allí cuando se hablaba de construir poder, junto con esa idea se arriesgaba la vida. En aquellos años eran pocos los “negocios” que podían rápidamente cambiar el status de lo involucrados en la política. Fueron muchos los sacrificios y la abnegación demostrados, tantos que podemos disimular los errores que alejados por los tiempos, la misma historia fue mitigando.

Muy distinto es el panorama actual, donde el sacrificio, el desprendimiento, la entrega por la nación, prácticamente son elementos desconocidos. El ansia de poder, arrastra tantos disvalores que realmente parece por momentos desfigurar la misma condición humana.

El pueblo es perceptivo en gran parte de lo que ocurre “arriba”. Ese olimpo de barro suele cada tanto desmoronarse, para que nuevamente surja otro construido con similar material.

Aquí es donde interviene nuestra responsabilidad. Mientras no seamos capaces de forzar la llegada al poder de hombres probos y capaces, seguiremos cosechando, pobreza, mezquindad, dádivas en lugar de un necesario desarrollo, “planes” o “bolsones” de comida en lugar de trabajo digno, y todo ello regado por la hipocresía que públicamente es expuesta, como la de exhibir a estas manifestaciones populares armadas y pagadas con el dinero de todos, como raptos de lealtad, cuando en verdad son los testimonios de un sinumero de oportunistas, dispuestos a todo por compartir las mieses del poder.

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