
Ruinas del Templo de Delfos
Desde el principio de los tiempos, el hombre se ha interesado por su presente y ha estudiado su pasado. Pero, si hay algo que aún lo desvela es el futuro. Ya en la prehistoria, el hombre se guiaba por distintos presagios fundamentalmente tomados de la naturaleza, esto explica que muchas de las religiones más antiguas hayan sido panteístas.
También se procuraba conocer el porvenir y para esto se recurría a los oráculos de los dioses; los más celebres fueron el de Apolo en Delfos y el de Zeus en Dodona de Epiro, donde el rumor de una antiquísima encina sagrada respondía a las preguntas de los consultantes.
El templo de Apolo en Delfos. fue el más importante del mundo; se asentaba sobre una plataforma dominada por el Parnaso. Su famosa inscripción de la entrada, desveló y desvela a los hombres “Conócete a ti mismo”.
Rousseau, decía que esa frase contenía por sí sola un precepto más importante y más difícil que todos los gruesos volúmenes de los moralistas.
Efectivamente el estudio del hombre ha sido la tarea y sin duda lo sigue siendo, más difícil que han emprendido los filósofos. El hombre se ha ido transformando al avanzar la civilización, pero también se han ido modificando sus conductas producto del marco social en el que debe desenvolverse. Podríamos seguir avanzando sobre este tema, pero correremos dos riesgos, el primer es la falta de capacidad profesional en filosofía, y el segundo, que si pudiéramos hacerlo quizás aburriríamos a los posibles lectores.
Hoy lo que motiva el desarrollo del presente, no es proponer la consulta de ningún oráculo, tampoco devanar nuestra mente por cuál será nuestro futuro, pues al mismo sabemos que debemos construirlo con trabajo, inteligencia y sacrificio. Es denunciar a las autoridades judiciales y a los criminalistas, que deben poner énfasis en el análisis de la forma en que últimamente se comenten delitos por parte de una nueva personalidad asentada en ciertos individuos.
Son por demás elocuentes las noticias de los medios, que nos relatan con detalle la saña que estos personajes aplican a sus víctimas para robarles lo poco o mucho que puedan poseer. Lo extraño y lamentable es que están dirigiendo su accionar hacia integrantes de la tercera edad fundamentalmente.

Quizás ocurran algunas alternativas que dieron origen a esta modalidad operativa, la primera puede que se suscite en la falta de confianza por parte de las víctimas en las instituciones financieras y haga pensar que se guardan valores o dinero en los domicilios, producto de lo ocurrido durante el 2001. Entendemos que esto ha sido en gran parte superado. La otra, un aumento indiscriminado de la delincuencia, a causa de una difícil y hasta censurable praxis que actualmente opera en el Derecho Procesal.
Hoy cierta clase de individuos, que parcialmente responden a las características humanas, delinquen con una frecuencia y brutalidad que asombra a quienes no atinamos a comprender cuál es el límite humano que intentan rebasar.
Es por todo ello que, para no desembocar en situaciones que luego lamentaremos y mucho, pues cuando la respuesta del Estado es nula o insuficiente, la del pueblo suele ser atroz e incontrolable. Ante tal potencial circunstancia, deben los responsables de la seguridad y de la jurisdicción, actuar rápidamente en consecuencia.
El poder político ya ha comprendido que de continuar los excesos de permisividad, finalmente se desembocará en un caos donde todos perderemos. La gobernabilidad no debe exclusivamente apoyarse en el perpetuo miedo a reiteración de hechos pasados. Hoy los pueblos del mundo asisten a nuevas actitudes de sectores marginales muy golpeados por un sistema que hace agua por varios de sus lados. Pero también están los que no actúan por reinvidicaciones sociales, sino que son delincuentes comunes y de la peor calaña. En ese aspecto es donde se debe actuar y muy pronto.