La desigualdad de los iguales.
29/06/2008
La igualdad entre los seres humanos, me parece que es un valor moral, un ideal social, un principio político y, además, un derecho de las personas.
Liborio l Hierro.
Durante más de 100 días el País ha estado pendiente de los reclamos del sector agrario, el cual ha dejado ser tal para convertirse en un grito, en una verdadera asonada del interior argentino, el que sólo ha recibdo una escuálida respuesta del gobierno, confundiendo libertad de pensamiento con obediencia debida, independencia de poderes con genuflexión partidaria. En ese lapso no sólo perdimos millones de dólares en el llamado PBI, sino que miles de argentinos vivimos entre la zozobra de las conocidas y pasadas crisis y el peligro que las mismas se repitan.
Pienso que nadie tiene derecho a provocar semejante lesión moral en el cuerpo social de una Nación.
A lo anterior hemos agregado el grotesco. Carpas frente al Congreso. Qué pensarían los constructores de la verdadera Democracia si se levantasen de sus tumbas y en lugar del Agora, observaran perplejos la fantochada mas absurda e inimaginable que, a la luz de un ávido y atento colectivo mundial, nos descalifica en términos inimaginables.
Quien más responsabilidad tiene en este tema, indudablemente, es el propio Estado-no reitero gobierno-pues en este tema los tres poderes integrantes del Estado tienen que asumir la cuota parte de responsabilidad que les corresponda.
Finalmente, parece que el Legislativo asumió el rol para el cual la ciudadanía votó a sus integrantes.
Siguiendo con el tema de lo que deben pagar y cuan justo es lo que corresponde, me permito hacer referencia a unas líneas escritas por un reconocido administrativista, Roberto Dromi. En su Tratado de Derecho Administrativo (1997) Pág. 756 punto 3.1 dice:
Sacrificio especial e igualdad ante las cargas públicas. Los art. 4º y 16 in fine de la Constitución Nacional determinan que las contribuciones exigidas a los habitantes deben ser equitativas y proporcionales. Si se produce un sacrificio especial por acto-legítimo o no-de cualquier órgano, debe restablecerse la “igualdad de todos los habitantes” mediante una indemnización a cargo del Estado que generalice el sacrificio que se ha exigido al damnificado.
La interpretación del punto antes referido, nos indica que todos los habitantes-tal como lo expresa el artículo 16 de nuestra CN que dice:- Art. 16.- La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas-. Son y deben ser iguales. Que por otra parte, el Estado, ante un daño infligido a un ciudadano, contribuyente o no, debe repararlo. En cuanto a lo que se desprende al Art. 16 de la CN es claro y obvio y no amerita mayor desarrollo.
Ante lo expresado nos preguntamos ¿Cuál es el motivo del latiguillo que para los pequeños y medianos productores debe existir una alícuota diferenciada? ¿Acaso, entonces, debería existir desigualdad entre los iguales por las circunstancias de las desigualdades económicas propias de un sistema globalizante del cual nos es imposible eximirnos materialmente? Recordemos la sobrada Jurisprudencia en cuanto a los porcentuales que la corte ha establecido como límites para que no sean confiscatorios los impuestos que se aplican a la producción. El Estado tiene suficientes herramientas a su alcance para compensar la iniquidades propias de los avatares del mercado en un contexto internacional tan dinámico y tan demandante, en el caso que nos ocupa, de alimentos que, al parecer, son tan apreciados como el petróleo.
Sabemos que en los tiempos que corren dejar librado al mercado las relaciones entre los privados, daría lugar a una cadena de iniquidades producto de la mayor fuerza económica de los poderosos que haría imposible la hasta ahora ya de por sí inequívoca desigualdad de lo que algunos han pretendido que fuesen iguales.
Desde todo punto de vista, ello, es una utopía. Pero el Estado no puede ni debe estar ausente ante este típico desenlace producido por el sistema capitalista, pero de ninguna forma equilibrando hacia abajo. Debemos se cada día más pujantes, no más pobres.
Por todo ello, las correcciones que se pretenden encauzar vía subsidios digitados, no son más que zanahorias políticas, que además, conforman una herramienta propia del sistema fascista, que debe ser abandonada definitivamente por este gobierno, gris, y cuasi paranoico.
El Estado debe-obligatoriamente- encausar diversas actividades vía fomento pues es una de las tareas que le compete en la búsqueda del bien común. Las mismas son perfectamente viables en una segmentación por región y actividad. Lo que le está vedado hacer a ésta y cualquiera otra Administración, es un indiscriminado, abusivo y torpe uso del poder económico y político, lo cual, en la mayoría de los casos colisiona con lo establecido en la CN.
Es exigible modificar en forma urgente-desde el Congreso Nacional- el mecanismo de los impuestos a las ganancias y en esa instancia recaudatoria aplicar el mayor rigor a los que más ganan. Todo lo demás es inequitativo, perverso y de una injusticia hacia las arcas Estaduales, que puede calificarse como atentatoria contra el federalismo.
De la instancia recientemente abierta para discutir el tema de las mal llamadas retenciones no puede surgir otra burla. La República será viable en caso que la Instituciones funcionen a pleno. Caso contrario nos espera un encontronazo con una realidad nefasta y de la cual ninguno de los habitantes de a pie habremos sido responsables, pero sin lugar a dudas sufriremos las peores consecuencias.
Enrique Serra.-
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