
La Decadencia del Imperio Romano, también conocida como la Caída del Imperio Romano, es un término histórico que describe el colapso del Imperio Romano de Occidente.
Durante este periodo se produjeron grandes crisis como la del siglo III en la que hubo una gran inflación y devaluación de la moneda y periodos donde se intentó restablecer el orden como el Dominado. Hubo cambios políticos muy importantes como la división del Imperio y la instauración de la tetrarquía, pero el hecho más relevante en este periodo de inestabilidad fue que los bárbaros (pueblos germánicos) fueron paulatinamente infiltrándose a través de los limes del Imperio. El imperio finalmente desapareció como entidad política el 4 de septiembre del 476, cuando Rómulo Augusto, el emperador del Imperio Romano de Occidente, fue depuesto por Odoacro. Roma ya había sido saqueada y no quedaba prácticamente nada del orden romano original. Se pone el año 476 como fecha que marca definitivamente la Caída del Imperio, porque en esa fecha ya ni siquiera hay alguien que dice ser el emperador de Occidente.
Historia harto conocida la caída del más grande imperio que albergo la tierra. No obstante hemos creído prudente recordar casi microscópicamente la introducción en el link propuesto, pues el hombre, es el único ser viviente que choca varias veces con la misma piedra.
En nuestra Argentina de hoy el conflicto desatado por el interior-ya no debe decirse el campo-se trasladó al Congreso Nacional que, hasta el presente fue simplemente la Escribanía donde se protocolizaban los envíos del ejecutivo. Todo en un marco de soberbia y autoritarismo, que por esfuerzo que hagamos en repasar situaciones contemporáneas pasadas, no se encuentra similar medida de despotismo. Lo peor, es que desde discursos huecos, con farsas que llaman actos, con aplaudidores carísimos, montan un patético y desbocado espectáculo que supera todos los niveles de escatología y depravación, los cuales, se aproximan al paroxismo,
Los niveles de falta de verosimilitud en las explicaciones que a menudo deben hacer públicas y que desviven a los personajes devenidos en ministros, llegan a rozar lo esperpéntico, mientras que los destinos de todos los argentinos pretenden resolverse de un plumazo desde algún rincón de la Rosada o de Olivos. Todo ello parece llegar a su fin. Las encuestas son lapidarias y muestran, tal como bien lo afirma el afamado escritor Jorge Asís, el descascaramiento de un gobierno que por puro capricho convirtió una gestión en una infamia degradante de la política Argentina.
Las recientes muestras de patoterismo en cuanto a la instalación de carpas en cercanías del Congreso-todas con costos siderales-el desconocimiento de la soberanía del Gobierno autónomo de Buenos Aires por el personaje, quizás mas grotesco del cuerpo ministerial kirchnerista, la ensalada rusa en materia de oradores que han introducido en la lista de las Comisiones que funcionan en el Recinto, son el moño desgarbado y al cual en lugar de cargarle epítetos, debiéramos exponer lástima por el nivel degradante a las que en estos tiempos ha sometido-la actual administración- a las instituciones de la República.
El final es inevitable, la forma es la que nos preocupa. Un pueblo tiene siempre sus límites y no es posible que los gobernantes puedan crear un punto de ruptura distinto cada día. La inflexión que provoque un cambio o, la descomposición total, estará siempre en manos del soberano y no de los tiranos de turno.
Roguemos por que tal extremo este lo más alejado posible de irreconciliables luchas fratricidas.