En la antigua Roma de emperadores,
para evitar del pueblo las protestas,
invitábanse pobres y señores
a circenses funciones y amplias fiestas,Luego reinaba la paz soberana,
pues sacia el alma del vulgo quedaba
con gozos de la clase capitana
que tranquila del poder disfrutaba.
Coriolano Rossetti Zorich

En setiembre del 2006 habíamos posteado nuestra opinión y la de otros portales en relación a los trenes de alta velocidad y su implementación en nuestro País, hoy, una vez más nos ocuparemos del tema, pues parece que las autoridades nacionales envueltas en un autismo desaforado, se empeñan en que creamos que el tren bala será una realidad que mejorará nuestra calidad de vida, y no una pantalla para uno de los tantos negocios fraudulentos a los que nos tiene acostumbrados la familia gobernante.
El proyecto de electrificación del ramal La Plata- Plaza Constitución, data de de la década del 50. Obviamente no hay ni miras que se concrete en un futuro mediato. Pero, recordamos a los jóvenes que no habían nacido en ese tiempo, que para recorrer ese tramo-60 Kilómetros-una formación, de las denominadas rápidas, traccionada a vapor, le bastaba para recorrerlo, 45 minutos. Pasaron más de 50 años, las locomotoras diesel dan lástima, los vagones son lisa y llanamente una porquería y el tiempo que emplean es superior a la hora. De estas cosas, como del resto de los tramos metropolitanos, así como de los corredores agropecuarios y productivos, pareciera que nadie quiere ocuparse, pues no asegurarían resultados efectistas ni suculentos dividendos.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en el día de ayer, hizo una encendida defensa de la construcción de los trenes de alta velocidad, durante un acto en el Salón Sur de la Casa de Gobierno donde se abrió el sobre número 1, del proceso de licitación de la construcción de un Tren de Alta Velocidad que unirá Buenos Aires y Mar del Plata.
Hace mas efecto político-pirotécnico, hablar de un tren bala, al cual jamás tendremos acceso a la tecnología, siquiera para su mantenimiento. Lo que redundará en un permanente e inimaginable despacho de divisas al exterior. Que ocuparse con seriedad de un verdadero proyecto transformador de nuestro sistema ferroviario. Por ello es que detrás de la financiación de este “mega proyecto” andan interesadas algunas entidades financieras galas y hasta el mismísimo Club de París, que de paso se cobrará lo que le debemos.
El Tren de Gran Velocidad (en francés: Train à Grande Vitesse), normalmente conocido como TGV, es un tipo de tren de alta velocidad desarrollado por Alsthom (actualmente Alstom) y SNCF, la compañía de ferrocarriles nacional francesa, y operado principalmente por la propia SNCF. La inauguración del servicio de este tren tuvo lugar con el trayecto entre París y Lyon en 1981. Actualmente la red del TGV conecta París con otras ciudades de Francia y con sus países vecinos.
El TGV es uno de los trenes convencionales más veloces del mundo, operando en algunos tramos a velocidades de hasta 320 km/h teniendo el récord de mayor velocidad media en un servicio de pasajeros y el de mayor velocidad en condiciones especiales de prueba. En 1990 alcanzó la velocidad de 515,3 km/h, y el 3 de abril de 2007 superó su propio registro al llegar a los 574,8 km/h en la línea París-Estrasburgo.
A nosotros nos venderán a precios siderales, lo que en Europa ya es considerado chatarra.
Una interesante mirada sobre este tema es la publicada hoy por Julio Savares, en el diario Clarín, titulada “El tren bala perdida”
El proyecto del tren bala presenta varias de las características típicas del crecimiento desarticulado y dependiente de los países atrasados. Desde el punto de vista del crecimiento económico el tren bala no apunta hacia el progreso sino que es una baja perdida. Otra más.
Es una fuerte inversión de capital privado y posiblemente público en un tren moderno, en el contexto de un sistema ferroviario en crisis
Sin situarnos en analistas políticos, sino simplemente observando la actual situación que enfrenta a la necesidad de reestructurar nuestros ferrocarriles, con importantes negocios financieros, lo que queda claro, es que a ciertos dirigentes les interesa sobremanera seguir abonando negociaciones futuras. No interesa si llegan o no a buen término, pues mientras esté gobernando la actual dupla marital, lo que si apuestan es a los buenos negocios. Prefieren que el mantenimiento de anuncios se imponga a la esperanza con que la mayoría contemplamos el escenario del futuro.
Cuando son necesarias grandes dosis de generosidad y de unidad por parte de todos, los partidos, las instituciones del Estado y los ciudadanos, para abordar un nuevo escenario que nos impone un mundo globalizado, la respuesta es el egoísmo y el interés por un lucro económico y político realmente desmedido. En la política, como en la vida, hay demasiados agoreros. Lo decimos en el sentido de que hay quienes se sienten frustrados con la esperanza y con el optimismo de una buena parte de nuestro pueblo, no formamos parte de esa calaña. Pero se nos hace una necesidad impostergable no callar situaciones que, difundiéndolas, quizás ayuden a desentrañar un plan que a priori, presenta no sólo grandes falencias, sino que conlleva una mortandad de ilusiones.