Inocuo veneno.

November 23rd, 2006 by Opinorama Leave a reply »

Unos pocos mamíferos actuales poseen glándulas venenosas. El ornitorrinco macho inyecta el veneno con el espolón de sus patas traseras (en legítima defensa propia o de su territorio). Ciertas musarañas, y también el simpático solenodonte, poseen saliva tóxica con la que inmovilizan a sus presas. Cuando el solenodonte muerde, además, conduce el veneno desde las glándulas de origen hasta lo más profundo de la herida por medio de canalillos en sus incisivos inferiores.

Es una adaptación convergente con las serpientes Colubroidea, grupo en el que encontramos esta conducción del veneno en todos sus estadios evolutivos: desde la ausencia de canales, pasando por los conductos más y menos profundos en la pared exterior del diente, hasta los tubos completamente cerrados de las víboras o las serpientes marinas.

El informe arriba trascripto, se refiere exclusivamente a una particularidad especial y hasta podríamos calificarla de extrañeza dentro del reino animal.

Obviamente, esto pertenece a la zoología. La raza humana, también mamífera no posee tal aptitud para su defensa. En lugar de aquellas glándulas venenosas, suele-eventualmente- reemplzarla su palabra. Ella se vehiculiza en forma oral o escrita. Ocurre que el veneno por más poderoso que pretenda ser, debe contener un plus para que realmente cause efecto en la víctima elegida, ello es, una cuota de veracidad.

Los infundios, las calumnias, y mucho menos los anónimos, no alcanzan por inocuidad venenosa, al adolecer de verdad, a la gente de bien.

Los esbirros del puro placer, los que eventualmente publican ciertos artículos cargados con el producto, no, de sus glándulas venenosas, pues no las poseen, sino de eufemismos, retruécanos, o eventualmente veladas acusaciones que nunca prueban, salvo su odio, rencor o fracaso, el cual no terminan de asumir, jamás obtendrán resultado, el cual esta basado en una hueca y falsa prédica editada por circunstanciales compañeros de ruta.

Cuando el hombre se halla en una ciudad o un lugar extraño debe apelar a un mapa o brújula para evitar extraviarse. Las aves que migran, y las palomas mensajeras, no necesitan de ningún instrumento de orientación. Su poder de elección de la dirección correcta es asombrosa. En muchas ocasiones, reaparecen sobre el mismo nido, árbol o torre de iglesia en el que habitaron el año anterior luego de la ultima migración.

Estos humanos a los que hacemos referencia, aún con brujula, están perdidos totalmente en la vida. Sus mensajes no llegan a ninguna parte pues desperdiciaron hace mucho tiempo el caudal de su capacidad en aras de miserias y mezquindades, que hoy, los han vuelto inservibles.

Tales actitudes son propias de individuos que tienen más arrugas en el alma, que las que ha dejado en su cuerpo el ineluctable paso del tiempo.

Advertisement

Comments are closed.