La vida no es la vida que vivimos
la vida es el honor, es el recuerdo,
por eso hay muertos que en el mundo viven
y hombres que viven en el mundo muertos
Gustavo Adolfo Bécquer

La última carta que escribió el libertador de Argentina, Chile y Perú, héroe nacional del que hoy conmemoramos los ciento cincuenta y siete años de su muerte, estuvo dirigida al entonces Gobernador de Buenos Aires, Brigadier General Juan Manuel de Rosas. Ello ocurría el 6 de mayo de 1849, cuando sintió la necesidad de manifestar por escrito el deseo de
“tributar a usted (por Rosas) mi más profundo agradecimiento al ver la constancia con que se empeña en honrar la memoria de este viejo amigo”
La voluntad de Rosas para exaltar la grandeza del Capitán de los Andes no tenía antecedentes entre otros ciudadanos. Nadie desde el poder se había acercado al Libertador con tanto respeto y admiración como lo hizo el entonces Gobernador de Buenos Aires.
San Martín, que nada sabía de los preparativos bélicos de Urquiza para deponer a Rosas, le escribió a éste “como argentino me llena de verdadero orgullo el ver la prosperidad, la paz, el orden y el honor reestablecidos en nuestra querida patria”
También ignoraba San Martín que los afrentados enemigos imperialistas brasileños buscaban cualquier tipo de revancha, para hacer olvidar el revés que sufrieron frente a los argentinos en Ituzaingó; por ello no tardarían en negociar con el envío de más de 20.000 hombres a Colonia para cruzar el río “cuando lo solicitara” el poderoso caudillo entrerriano.
Y la Vuelta de Obligado , el mismo paso que los jinetes de la Confederación habían defendido a facón y rebenque, pronto quedaría expedito a la poderosa armada del imperio brasileño que acudiría para materializar su ayuda al más grande ejército organizado desde los albores de la Independencia y que estaba en los preparativos para voltear a Rosas.
Nada sabía San Martín de aquel general entrerriano de poncho y galera que, en pocos meses más, se lanzaría sobre Buenos aires; también ignoraba Rosas que, como San Martín, sería obligado a abandonar el país por el mismo río, en una nave extranjera perseguido por el loco juramento de un sector culturalmente alienado de la clase ilustrada: (José de San Martín, “El Libertador cabalga” de Agustín Pérez Pardella, pág. 428.)
Quisimos hacernos presente en este aniversario de la muerte del Padre de la Patria, en la fecha que corresponde y no en la que se han empeñado en distorsionar,”con los llamados fines de semana largos”, algunos políticos y economicistas. Hoy debemos recordar a un hombre que entregó todo por la libertad de su patria, y dos países vecinos, uno de los cuales-PERU-, está pasando un mal momento, pero sabe honrar, quizás, con más altura su memoria.
No deberíamos torcer el sentido de un obligado homenaje a quien le debemos, el ser argentinos; ello, solamente a cambio de un puñado de monedas, que, de todas formas, no irán en beneficio de quienes más necesitan.
Enrique Serra.-