
Hay tiempos de reflexión, los cuales son tan necesarios como los de protesta.
En los primeros hemos estado alojados durante algunos días. No fue en vano el tiempo invertido en esta necesaria estadía. Si bien es cierto que mucho de lo que venimos exponiendo prácticamente desde el inicio del sitio-hace casi tres años- tiene en la actualidad plena vigencia, tampoco es menos cierto que la distancia para comprobar la realidad con lo predicado, produce, amargura por los aciertos.
Es realmente indescriptible la sensación que a muchos nos embarga el comprobar como tanta hipocresía, mentira, intriga e inmundicia humana puedan subsumirse en tan pocas personas y en tan escaso lapso. El gobierno nacional ha desplegado lo peor de su aparato político a efectos de opacar o al menos así lo intenta, la gran protesta nacional que inició hace más de dos meses el sector agrario a la que se sumó buena parte de la sociedad que hasta entonces se encontraba aletargada, anesteciada por la política K.
La familia peresidencial ha inventado recientemente un sector de juventud, quizás para preparar al que consideran el “heredero”, por el momento, dedicado a pegar afiches en contra de su ex socio de prensa.
Promueve, por otra parte, a un nuevo premio Nóbel de la izquierda. Sigue encerrado en la mentirosa cápsula del INDEK, anunciando cifras ridículas de crecimiento sólo existentes en un imaginario autista y expresadas sin posibilidad de repreguntas desde el famoso atril. La inercia de la soberbia tiene por el momento la velocidad del famoso tren bala, tren, que por otra parte va camino a destronar a Yacyretá en cuanto a monumento de corrupción.
Realmente vamos muy mal y pienso terminaremos mucho peor.
Es difícil siquiera abordar un intento de reconciliación en función de las expresiones vertidas por una y otra parte. Los representantes del sector agrario no tuvieron otro camino que responder a las afrentas recibidas de parte del gobierno nacional, que con un duro mensaje, pues de otra forma, las bases, hubieran reaccionado mucho más violentamente que las esporádicas actitudes vistas hasta la fecha. Campea un espíritu babélico.
No se puede, ante tamañas anteojeras gubernamentales, concebir una mirada amplia y serena que tan necesaria se torna para resolver un pleito que terminara por provocarnos el peor mal, cuando, pudo haber sido nuestro mejor punto de despegue.
No hay retroceso ni en el gobierno ni el sector agrario, el gobierno piensa que perdería autoridad ante cualquier gesto que implique desandar el camino equivocado. Cuando en realidad lo que muchos interpretaríamos, sería grandeza. Por ello, como un animal salvaje que ha sentido muy hondo la herida que le provocó la protesta del despertar ciudadano, huye hacia adelante pensando que sus perseguidores no le darán alcance. La incógnita: ¿Qué pasará si efectivamente no lo alcanzan o, por el contrario si la herida lo termina por desangrar y pierde fuerza para seguir huyendo?