El derecho de autodeterminación de un pueblo, su lucha por alcanzar la justicia social en paz, con respeto, identidad, dignidad, ética, solidaridad, tolerancia, responsabilidad y conciencia, tan anhelada por todos los ciudadanos del mundo, es el camino que nuestra Nación decidió hace mucho tiempo transitar, pese a las inmensas dificultades que fueron obstruyendo ese derrotero elegido. En parte quizás, por el quiebre institucional que se originara en las primeras décadas del siglo pasado, y por la impericia puesta de manifiesto en ciertos gobiernos constitucionales, que por no incurrir en injustas subjetividades, omito señalar puntualmente.
El elemento más importante en el ser humano, es ser humano. Esta que parece una verdad de Perogrullo, se asemeja a un pecado imperdonable para los mercaderes y mercenarios del mundo y desgraciadamente para muchos cipayos de nuestro país. Observamos con asombro e impotencia como algunos rancios dirigentes, no deciden dar paso, a nuevos hombres y mujeres con otro paradigma que reemplace a las vetustas y retrogradas recetas que nos han sumido en la desesperanza y atraso. Nuestro país y Latinoamérica reclaman otra visión, Europa avanza hacia distintos grados de complementación entre los pueblos que la componen, parece que en América Latina nos empecináramos en ir a contramano de una historia que reclama grandeza y solidaridad. Los ancestros de quienes fueran los verdaderos titulares de estas latitudes, nos dejaron signado con sangre que abonó esta tierra, el derecho a vivir en paz, ellos debieron soportar que se les cobrase casi hasta el exterminio hace quinientos años el querer ser libres. Hoy, nuevamente tenemos los descendientes de aquellos europeos, -que cansados de guerras en su terruño, decidieron trasladarse hacia una América de paz y progreso- pagar en nombre de la libertad, a nuevos negreros con diferentes métodos pero con los mismos objetivos, el horror de la mezquindad, el egoísmo, la dependencia, y sentir que nos exijan vivir de rodillas, o morir de pie. La elección está hecha ante los ojos del mundo, hemos decidido vivir de pie, por la única y verdadera paz, que es la justicia social y universal. Por que sabemos que en caso de repetirse las injusticias de antaño, de no respetarse el derecho natural fundamental, que es la vida digna, nuestros pueblos no soportarán un nuevo genocidio-aunque ahora lo disfracen con otra connotación ejecutoria-.
Por ello la consigna acertada de reclamar por mejor educación, mejor servicio de salud, justo reconocimiento para las fuerzas laborales, debe ser un hito de progreso, justicia y equidad. En nuestro país, donde afortunadamente las Instituciones de la Democracia funcionan, las herramientas conocidas para el logro de lo anterior, son los partidos políticos y los candidatos que de los mismos surjan. Ante tal circunstancia es necesario imaginar algunos atributos deseables en un candidato: que sea conocido, que tenga prestigio o trayectoria, que sea idóneo, que esté involucrado con un proyecto político y que sea capaz de mantener un compromiso con sus representados. Por tanto, la principal tarea ciudadana, está cifrada en la búsqueda de ese perfil.
En poco más de treinta días, podremos demostrar si hemos sabido proceder en consecuencia.
Hemos decidido vivir en pazpor Enrique Serra
September 7th, 2005 by Opinorama
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