
Dentro de pocos días se cumplirán ciento noventa y un años de una exposición que según datos históricos, se le asigna a uno de nuestros máximos héroes, el General Manuel Belgrano.
El artículo que volcamos, parcialmente, relata parte de un hecho que ha sido comentado en diversas oportunidades. El paso de casi dos siglos, lo encuentra ligado a un singular episodio político, que de alguna forma y salvando tiempo y personas, se trata ni más ni menos, que de la construcción hereditaria del poder.
En efecto, el actual titular del poder ejecutivo nacional, ha hecho saber, que la Senadora Cristina Fernández,(SU ESPOSA) oriunda de la Provicnia de Buenos Aires, que además representa en el Senado de la Nación-primer término, al estado Bonaerense, a pesar de no haber votado EN NUESTRA JURISDICCIÓN, por estar inscrita en el padrón electoral de Santa Cruz-sería susucesora
Es la misma, esposa, senadora, primera ciudadana, que menifestó en el recinto de la Cámara alta de la Nación, que el Congreso era “la voz legislativa” del poder ejecutivo, ergo, podemos colegir una nueva y desconocida interpretación de lo que prescirbe la constitución. La división de poderes ha pasado a ser un eufemismo.
A manera de muestrario; este tipo de personalidad, parece, se instalaría a partir del 10 de diciembre en la Casa Rosada, intentando conducir un país que adolece de solidez institucional, quebrado el INDEC, galoparemos al ritmo de una inflación superior al 20%. Los indicadores de pobreza, sin duda, subirán, la balanza comercial tenderá al déficit, disminuirá el excedente fiscal, habrá una salvaje pugna por los salarios, tanto en el sector privado como público, las relaciones internacionales andarán al garete, y por si fuera poco aumentará la desocupación producto del cierre parcial o total que ocurrirá en la industria, debido a falta de energía.
En el sector agropecuario no serán pocos los problemas, algunos ya se vislumbran ante la falta de gas oil y fertilizantes.
Pero habremos salido del infierno, ¿para introducirnos donde?
Se han ahorrado, con esta “formula”, los intensos debates que significaría transformar la República en un reinado. El mismo, al parecer, comenzó sin que supieramos el pasado 25 de mayo del año 2003, luego de las 15 horas. Quedan fuera de dicusión, entre muchas cosas, por ejemplo, las ideas Alberdianas, que proponian:
“La instrucción para ser fecunda, ha de contraerse a ciencias y artes de aplicación a cosas prácticas, a lenguas vivas, a conocimientos de utilidad material e inmediata. El idioma inglés, como idioma de la libertad, de la industria y del orden, debe ser más obligatorio que el latín..” “El plan de instrucción debe multiplicar las escuelas de comercio y de industria, fundándolas en pueblos mercantiles”
Recordamos que uno de los mejores ejecutores de tales pensamientos fue el Gral. Julio Argentino Roca, dos veces Presidente de la República.
En fin, se ha dejado de lado todo este “bardo” que sería respetar la historia, y la máxima aspiración de un pueblo, que desde 1853, optó por construir una verdadera República.
Claro, hay un pequeño detalle, quizás olvidado por la actual pareja presdiencial.
El pueblo VOTA., Tal acontecimiento, acaecerá, para elejir a quien conduzca los destinos de la República Argentina, el próximo octubre del presente año. Como dice el Presidente, debemos llenar las urnas de buena memoria.
Enrique Serra.-
Sábado 6 de julio de 1816. Vísperas de la Declaración de la Independencia. El general Manuel Belgrano expone en una sesión secreta. Les presenta a los congresales el Plan del Inca. Lanza así el proyecto de la restauración de un descendiente de la casa de los Incas al trono de las Provincias Unidas de Sudamérica. La idea no era nueva. El general José de San Martín ya la había expuesto: hablaba del “admirable” Plan del Inca.
El tema se trató en varias sesiones, pero finalmente no prosperó. Perturbó demasiado a ciertos diputados, sobre todo a los porteños. Claro, de aplicarse el plan, la capital del nuevo imperio sería la antigua y legendaria Cuzco. Pero… ¿Por qué instalar acá una monarquía Inca? ¿Por qué una dinastía de un pueblo originario del Perú?
“En la historia de la semana de la independencia que nos cuentan, el Plan del Inca es un dato anecdótico que nadie profundiza. Y es un dato importante porque revela los orígenes de nuestra patria. La historia oficial tapó todo, ahora nos preguntamos por qué y tratamos de aportar otra mirada, más real, más adulta”.
“Cuando se habla de la Madre Patria se piensa en España, en Italia. Es una manera de hacer desaparecer nuestros orígenes. Los conquistadores arrasaron con los vestigios de la cultura originaria. Está en nosotros descubrirlos”, agrega Vázquez.
Al investigar, los autores se encontraron con que el Inca que Belgrano y San Martín imaginaron restableciendo la antigua dinastía de los Incas en la Patria Grande Sudamericana tenía nombre y apellido: Juan Baustista Tupac Amaru. Belgrano no reveló su identidad en las sesiones secretas, pero da su nombre en cartas personales.
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Entre la prisión y el destierro
Natural de Tungasuca, provincia de Tinta, hijo del concubinato de Miguel Tupac Amaru y Ventura Monjarrás, hermano menor de José Gabriel, Juan Bautista habría nacido en 1747. Los dos estudiaron en casa de los Jesuitas, que habían revivido el ideario de incario. José Gabriel —”el portavoz de los indios ante los blancos”—, era quinto nieto del último Inca. Lideró la mayor sublevación de América, hasta que fue asesinado: su cuerpo fue destrozado por caballos y quemado en una hoguera. Juan Bautista fue apresado y encerrado en Cuzco. Confundido con asesinos y ladrones, fue incomunicado y pasó un año tratado como ellos.
En setiembre de 1783 la Corte de España ordenó al Visitador General Jorge Escobedo que impusiera la pena de muerte a los familiares de José Gabriel y que “los desterrara para que no queden restos de la infame y vil familia de los Tupac Amaru”.
Nuevamente fue puesto preso junto a toda su familia. Tras cinco meses en los calabozos del Callao, fueron embarcados en “El Peruano” rumbo a Cádiz. En el viaje murió su esposa, un sobrinito y la mitad de sus compañeros. En Río de Janeiro fueron sometidos durante cuatro meses a condiciones infrahumanas.
El 1 de marzo de 1785 desembarcó en Cádiz y fue conducido al Castillo de San Sebastián, donde estuvo 3 años. Luego fue enviado a Ceuta, donde estuvo encerrado 35 años. En 1813 llegó allí el padre Marcos Durán Martel, religioso agustino y revolucionario peruano, que lo ayudó a conseguir su libertad, que llegaría el 3 de agosto de 1823. Viajó a Buenos Aires, donde el Gobierno le dio un subsidio para que escribiera sus Memorias. Murió el 2 de setiembre de 1827. Fue enterrado en el cementerio de Recoleta.