Energía y coraje, se necesitan.

por Enrique Serra

August 28th, 2006 by Opinorama Leave a reply »

El Dr. Héctor Sandler, ha dicho sobre el hombre consumidor:

El hombre como ser terráqueo es, y no puede dejar de serlo, primordialmente un consumidor de tierra. La consume directamente en cuanto la necesita para su hábitat y producir cosas necesarias para su subsistencia.

Pero en grado creciente es también un consumidor indirecto de tierra. No hay cosa material producida, por sofisticada que fuere, que no sea sino tierra elaborada. Miles de millones de insumos y mercaderías demanda la humanidad en su actual nivel de civilización y la mayoría de los problemas sociales tienen su fuente en la escasez de muchos más.

Estos millones de cosas están a disposición de los hombres gracias a algo que le es propio: el orden económico.


El hombre se diferencia de los demás animales por su rango espiritual. Este rango repercute en su manera de ordenarse para satisfacer la necesidad de servirse de la tierra. Su estirpe espiritual le permite constituir un orden de vida social, dentro del cual se da algo que los demás animales desconocen: el orden económico.

Entre las muchas cosas que el hombre necesita de la tierra, hay una de ellas que día a día se vuelve fundamental. La energía.

La energía, o mejor dicho, su necesidad, ha llegado a poner al mundo en situación de graves enfrentamientos.Éstos, para nada están terminados.

El estado bonaerense se ha expresado con respecto al posible déficit energético en el que podría caer nuestro país, que al igual que el resto del mundo, no ha podido escapar a las causales que le dan origen. En nuestro país existen posibilidades para evitar esta posible crisis.

Utilizando al organismo de control creado a raíz de la privatización de las distintas generadoras de energía, existentes en el territorio provincial, Buenos Aires da a conocer su posición a través de:
OCEBA.

La Argentina no se encuentra ajena a esta realidad mundial. El horizonte de nuestras reservas petroleras, según datos oficiales, alcanza a los 10 años, y para el gas a 12 años. Asimismo, según datos suministrados por el Instituto Argentino del Petróleo y Gas, la declinación de los valores de producción de crudo en 2004 y 2005 permite anticipar que los hidrocarburos argentinos se encuentran en un punto de quiebre, por lo que resulta indispensable pensar en nuevas alternativas, en sustitución de los combustibles fósiles.

Varios científicos y estudiosos del tema energético, han expresado que la inversión que hubiera sido necesaria en nuestro país en esta materia, tendría que haber sido del orden del 2% del producto, esto, a partir de hace mucho más de una década.

El estado no puede suplir la flata de inversiones por parte de los privados, éstos a su vez no invierten por los problemas políticos y económicos que se entremezclan a la hora de cobrar la energía producida.

Hay un sector, que quizás esté medianamente desaprovechado, el mismo puede aportar importantes soluciones al respecto, y el costo sería muy inferior al que si tuvieramos que recurrir a un 100% de inverisones extranjeras; nos estamos refiriendo a:

La Comisión Nacional de Energía Atómica; ésta tiene sobrada experiencia y altas posibilidades de utilizar un elemento muy escaso en el mundo. El mismo, es la altísima preparación de los científicos y técnicos argentinos que trabajan en dicha Comisión.

Los mismos han dado acabada muestra través de los años, con la concreción de distintos proyectos que nuestro país ha podido dar uso internamente y exportar, relacionados con el aprovechamiento pacífico de la energía nuclear, de tal forma, podemos pensar que dicha reserva tecnológica humana, podría hoy día ser más utilizada para avanzar en la ampliación de la producción energética, a partir de esa fuente.

Hubo personas en nuestro país, que también soñaron en otras posibilidades que brinda la energía nuclear. La utilización de la misma para fines bélicos. En efecto, uno de ellos fue el General Ricardo Rapacioli

Con el grado de capitán y el título de ingeniero químico, Ricardo Rapacioli ingresó en 1969 al Centro Atómico Bariloche, donde se graduó como licenciado y luego obtuvo un doctorado en Física que lo convirtió en un científico con uniforme. Su especialización fue la metalurgia nuclear, dice su legajo militar.

Rapacioli estuvo a punto de fabricar la bomba atómica.

En los 70 se lo encargó a un general y doctor en física. Los trabajos incluyeron diseñar un laboratorio de plutonio metálico. Lo frenó la resistencia de la Comisión de Energía Atómica.

Así lo explicaba un artículo desarrollado por Daniel Santoro y publicado por Clarín en el mes de enero del corriente año.

Hoy, nuestro país, según apreciaciones de expertos en la materia, está muy cercano a una crisis energética, debido a una próxima falta de energía.
Una de las soluciones para evitarla, y fundamentalmente, a sus graves consecuencias, sería recurrir a un mayor desarrollo de la energía nuclear.

El ingeniero Roberto Cirimello, integrante del staff del Centro Atómico Bariloche, me comentaba hace ya varios años, que nuestro país cometía un error estratégico al utilizar como productora de punta, la energía proveniente de las centrales hidroeléctricas. Ellas deberían haber sido las de reserva, ya que la naturaleza juega un rol básico en la posibilidad de producción de dichas centrales.

Pasaron los años, y las circunstancias le han dado la razón a este brillante profesional, actual gerente del Centro Atómico instalado en la ciudad lacustre. La solución que proponían los integrantes de la CONEA, era un mayor aprovechamiento de la energía nuclear, para ello, hubiese sido lógico haber realizado oportunamente, mayores inversiónes.

Aquellas inversiones de envergadura, suspendidas por razones políticas en la década del 80, esperemos puedan ser revitalizadas para suplir un grave problema en ciernes.

La gran energía que humana que por estos tiempos desgranan algunos políticos, tratando de seguir aferrados a un escenario que lentamente los va dejando de lado, también es materia muy próxima a entrar en crisis.

Hay tantos y tan graves problemas que aquejan a nuestra República, que suena impúdico el eco de las discusiones de hombres con larga trayectoria y experiencia en la política, que no comprendan que las demandas del pueblo son totalmente distintas al despliegue de energía por ellos propuesto.

En las peleas verbales expuestas hata el presente, encontramos exceso de protagonismo y superlativa apetencia de poder. Está ausente el coraje inteligente, que en la acción política, es tan necesario como la energía.

Argentina demanda de sus hombres públicos una acción renovada, progresista, moderna y que de la misma emerjan soluciones que tanto hemos reclamado.

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