En carne propia.

November 28th, 2006 by Opinorama Leave a reply »

Un carro tirado por dos bueyes circula por pleno centro atiborrado de cortes vacunos, en función a su pésima estiba, cae del pesado transporte un cuarto trasero de res, el carruaje sigue su marcha sin que el conductor mire hacia atrás. Al preciado trozo proteico, algunos perros se arriman sin gran desesperación y la emprenden, parte con el cuadril, otros con el peceto y el can de menor dimensión deberá entretenerse con el garrón hasta que los más grandes se harten de comer.

Hoy los perros vagabundos de esta-ahora gran ciudad-ciudad, con algún tipo de suerte podrán encontrar un resto de comida todavía no explorado por cierto sector humano en las bolsas de residuos. Otros perros de clase acomodada tienen asegurada su ración de alimento a través de pelotitas de color rojizo, llamado alimento balanceado, pues la carne vacuna se ha puesto-debido a su precio-inalcanzable para sus propios amos, que ya no tienen la fortuna de los habitantes de otro siglo, donde era tal su abundancia que su ingesta casi llegaba hasta el hastío.

Los habitantes de aquella incipiente urbe, miraban el horizonte del gran río a la espera de los barcos procedentes de la vieja Europa con productos algo más refinados que sustituyeran parte de su aburrida dieta vernácula.

Eran épocas de las vaquerías, donde los gauchos salían a “la pampa” cercana para luego del gran degüello de aquellos grandes rodeos, obtener solamente el cuero, que al fin, se convertía en el único producto de exportación. La gran ciudad a la que nos referimos era Buenos Aires y el siglo, el XIX.

Hoy los argentinos del siglo XXI, queremos seguir consumiendo carne con cierta posibilidad adquisitiva de años atrás. Cuando varios productores ganaderos dedicaron sus tierras a la soja, y eliminaron parte de sus planteles vacunos, no le preguntaron al consumidor si compartían tal actitud empresarial. Era lógico, pues tal hecho se enmarcaba en la libertad que debe imperar en un país con economía “cuasi” capitalista y con cierto predominio del mercado.

Pero hubo también tiempos que a nuestra carne no la quería nadie en el mundo. La aftosa, la brucelosis, el tipo de masa muscular y otras cuestiones no coincidían con el gusto del sector mundial con mayor poder adquisitivo. Eliminar tales enfermedades y mejorar la genética costó tiempo y cambios culturales.

Los ganaderos de la década del sesenta y setenta, para cumplir con lo establecido por las leyes sanitarias, compraban la vacuna y las veterinarias “vaciaban” los frascos en la pileta para que el propietario pudiera presentar los continentes vacíos y así obtener la guía de traslado.

Ese dispararte de ciertos ignorantes no hizo más que atrasar el aumento de los rodeos, tanto en calidad como en cantidad. Pues también tardaron en implementar la inseminación artificial y mejorar las pasturas con renovadas técnicas de laboreo. Total el producto igual era consumido por la mayoría de un pueblo carnívoro.

Por ello cuando escuchamos la noticia que los ganaderos decidirán un paro en virtud que el gobierno restringe la exportación, nadie debe apresuradamente emprenderla contra el estado o contra los hoy modernos empresarios del campo.

Antes debemos repasar nuestra “historia” y dedicarnos a reflexionar sobre cuales deberán ser las medidas más apropiadas para evitar el tironeo entre los sectores y el Estado, a efectos de equilibrar el abastecimiento de nuestro mercado interno, permitiendo a su vez el aumento de nuestros rodeos.

(El stock vacuno y la eficiencia de stock o sea su productividad) están estancados desde hace mas de 30 años en alrededor de 52 millones de cabezas, con una faena anual de 13 millones, siendo que la Argentina casi duplica su población en el mismo periodo.

Para lograr lo anterior y en un futuro cercano poder atender mejor la amplia demanda de un amplio sector del mundo cada vez con mayor poder adquisitivo, que desea y puede pagar nuestro especial producto, deberemos tener presente parte de los puntos arriba reflexionados y hacerlos “carne propia” proponiendo nuevas conductas con responsabilidades que algunos parecen haber olvidado.

Enrique Serra.-

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