El triunfo de la verdad.

December 26th, 2006 by Opinorama Leave a reply »

Cualquier construcción del discurso, en una sociedad , en especial como la nuestra, manejada al ritmo acelerado de un tiempo exponencial, barajado en un as de correlaciones tecnológicas y tejida entre mitos y rituales de diversas culturas tiende a globalizar -en palabras de Armand Mattelart- las expresiones lingüísticas que van construyendo en actos cotidianos .

Es por tanto imprescindible, tener claro que la construcción del discurso-político o social, en su fase de generación, producción circulación y consumo, no en el sentido estrictamente de una construcción semántica, sino y más bien pragmática, realizativa, es decir constituir actos de habla concretos en escenarios y situaciones comunicativas concretas-, implica una intención de asumir al otro, instarlo e instalarlo para poner una situación comunicativa en escena que intenta- como es obvio- dejar en el otro una huella.

Según lo expresa Néstor Sexe:

Una teoría del discurso social reposa en una doble hipótesis:

Toda producción de sentido es, necesariamente, social.
No se puede explicar un proceso significante sin explicar sus condiciones sociales productivas. Por social debemos entender todo lo concerniente a sujetos, esto es, a seres humanos “situados”. Así entendido, el concepto de social no puede ser reducido a la teoría de sociológico ni a los roles o actividades de asistencialismo, solidaridad, etc.

Todo fenómeno social es un proceso de producción de sentido

Cualquier hecho, cualquier circunstancia inscripta en lo social está investida de sentido.

Con lo arriba volcado pretendemos demostrar el escaso sustento que tienen ciertos discursos panfletarios, con los que se intenta, desde hace algún tiempo, atribular a una parte de nuestra sociedad local. Los mismos son emitidos por personajes que están dedicados a construir distorcionadas imágenes, a los que la realidad de los hechos, luego tritura por falaces y mal intencionados, los cuales nunca podrán torcer la realidad.

Las etapas judiciales deben completarse para poner un tema en “cosa juzgada” Estos profetas del odio, o quizás fracasados, ya que finalmente descubren que no había “ PREMIO en la búsqueda del tesoro”; adquirieron-temporaria y solamente-algún soplo comunicativo, como efecto de los rimbombantes anuncios materializados en la mitomanía de spots pseudo periodísticos.

El discurso compuesto con autenticidad, el mensaje comunicativo proclive a esclarecer a un pueblo maduro como el de Mar del Plata, sabedor de muchos yerros en los que han incurrido una y otras administraciones políticas, nunca quedará en manos de mercachifles interesados en la creación de pantanos con inconfesables objetivos. La verdad, aunque no aparezca expresada en los titulares de los principales medios o surja deformada en la marginalidad interesada, jamás podrá ocultarse. Pues la verdad además de tener un origen, tiene un destino.

La Justicia, que indisolublemente debe estar atada a la verdad, es una palabra de abundante consumo en nuestra cultura de relación, pero también una noción cambiante, que se especifica de diversas formas según el cuadro ideológico y cultural en que se coloca.

Está presente sobre todo en el lenguaje jurídico, político y ético con significados diferentes.
En el plano jurídico, la noción de justicia que nos parece más corriente es la que elaboró el antiguo derecho romano:

“La justicia es la constante y firme voluntad de dar a cada uno lo suyo”

Este “lo suyo” que corresponde a cada uno es un conjunto de derechos humanos, Hacer valer la “justicia” significa entonces reconocer y defender los derechos de cada persona. Por lo expuesto, cuando desde algunos sitios se anticipan fallos-que nunca salen-,o se intenta mellar la imagen de personas honorables propalando mensajes cargados de mendacidad. Deseamos recordarles que finalmente hay recursos y herramientas que la sociedad democrática provee a todos los ciudadanos para hacer valer los derechos arriba detallados.

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