
Si la demanda de la economía supera la capacidad de oferta entonces la inflación tiende a aumentar, similarmente, en cambio, si la demanda es inferior el fenómeno se transpone, así que mientras sea el segundo caso la economía-en este caso la nuestra- podrá crecer sin que se presenten fenómenos inflacionarios.
¿Qué debe hacer entonces la política monetaria?. En primer lugar esta no puede contribuir de manera directa a aumentar la capacidad de la oferta de la economía. La producción depende de los factores reales, pero si, puede contribuir al crecimiento en el largo plazo manteniendo la estabilidad en los precios.Por el momento, ya lo han expresado varios estudiosos del tema, el tipo de cambio debe seguir siendo competitivo. El estado deberá, en el futuro, revisar su política de gastos.
Con esta medida se eliminan las distorsiones y los focos de desinformación y confusión que pueden llevar a percibir erróneamente las señales del mercado. Por otra parte se elimina el denominado impuesto inflacionario, con lo que los más pobres verán aliviada dicha carga impositiva, además de esto, las decisiones podrán ser tomadas con mayor exactitud lo que aumenta las probabilidades de un mayor optimismo social.
La competitividad en si de la economía depende también de la estabilidad en los precios internos y que decir de los niveles de ahorro e inversión, los cuales deben recibir un incentivo ya que podrían manejar mejores horizontes, mucho más amplios que los actuales para sus análisis financieros.
En el corto plazo la política monetaria si es una Herramienta efectiva, ya que puede determinar la demanda nominal de la economía, es decir que su influencia sobre la tasa de interés real y de los recursos de crédito disponibles puede influir sobre la demanda agregada. Al haber claros en la capacidad instalada industrial, puede promover la recuperación productiva y el empleo en un plazo corto.
El análisis anterior puede hacerse en una economía abierta o semi-abierta. En estos casos la política monetaria tiene limitaciones muy serias para afectar la demanda agregada.
Tendremos-tomando en cuenta lo anterior- que preguntarnos, en que tipo de economía estamos situados los argentinos.
Con tasa de cambio fija o semi-fija. En este caso el banco central esta en la obligación de intervenir para defender la tasa de cambio, en nuestro caso las mayores intervenciones del BCRA, han sido para comoprar divisas y así mantener el tipo de cambio. Rara vez tuvo que vender divisas, por tal razón, es esta un clara señal que los picos inflacionarios no provenderán por ese flanco que está plenamente asegurado con la actual política monetaria.
Con una tasa de cambio flotante. En ese caso es el mercado el que indica los niveles. ^Por el momento es una medida que todos desaconsejan.
Las expansiones monetarias aceleran la devaluación de cualquier moneda local, y por ende aumentan las expectativas de inflación. El conjunto de las dos anteriores presiona hacia arriba las tasas de interés y contraen el gasto agregado.

Tenemos así dos ideas fundamentales. En primer lugar que una economía que esta funcionando por debajo de su capacidad puede crecer durante la fase de reactivación a ritmos altos, en este caso la política monetaria contribuye manteniendo bajas las tasas reales de interés. En segundo lugar encontramos que la política monetaria puede influir en la producción en el corto plazo en una economía abierta o semi-abierta pero con tasa de cambio flotante, que funcione por debajo de su nivel óptimo al determinar los recursos de emisión y su influencia en la tasa de interés.
En nuestro país no hemos tenido los problemas de la burbuja inmobiliaria, por el contrario, hacen falta miles de viviendas para argentinos que están sufriendo severas consecuencias a causa de un aprovechamiento usurario por parte de quienes alquilan unidades habitacionales.
En relación a los precios de ciertos productos que por estacionalidad o por situaciones climáticas superan groseramente a los normales; lo que todos debemos hacer es suprimir su compra. Con ello, equilibraremos la oferta y por ende, el precio tenderá a la baja. Pues caso contrario-en lo que hace al tomate-se abarrotarán las fábricas de conservas pues al ser casi imposible su venta en fresco, ese es destino, caso contrario, el mismo, será el centro de disposición final de residuos.
Es por ello, que podemos concluir que si bien los índices oficiales no se ajustan a la realidad, no estamos amenazados por la hiper y mucho menos por una inflación galopante. Todavía hay capacidad industrial ociosa y lo que realmente necesitamos son inversiones para ponerla en marcha. Ello, obviamente, para cualquier sistema económico que actúe en libertad, requiere como elemento primordial, confianza. Luego, una vez internalizada esa actitud por parte de los sujetos con decisión, se deben impulsar planes coherentes y efectivos para aumentar la producción. Entendemos que ése es el tránsito para liberaros de los viejos fantasmas del pasado inflacionario.
El tomate que es y seguirá siendo un fruto exquisito de origen Americano, con múltiples aplicaciones culinarias, a poco que nos demos cuenta la posición dominante que podemos ejercer los consumidores; quienes lo producen, lo pondrán a nuestro alcance de adquisición y no en las nubes como hoy está.