La endogamia, partidocrática, cuyo primer retoño es la borocotización, ha producido una debilidad de carácter que es estructuralmente débil para enfrentar la plena severidad de una competencia abierta en la lucha por el poder y obsesivamente ambiciosa para dejar librada a suerte y verdad la posibilidad que desde las filas de la oposición surjan candidatos con posibilidad de asimilar las consecuencias de liderazgo, que puedan ensombrecer el sueño hegemónico del círculo K.

Este vicio congénito surgido en las fuerzas dominantes del gobierno nacional, se ha trasladado, o al menos intenta hacerlo, hacia el interior del Felipismo, declarado abierta y activamente, como dependiente del poder presidencial. Algo tan absurdo como negatorio de lo que debiera ser una obligación política práctica y consuetudinaria en un país federal, o al menos así declarado constitucionalmente.
Un tercer mandato, tal como lo pretende Solá, parece que previamente lo obliga a convertirse en “paje”, del presidente, ya que según se desprende de sus declaraciones, no podría ofrecerse como candidato a una tercera gobernación, no por impedimentos constitucionales, sino porque antes lo debe autorizar su amo.
Hay una barrera legal definitiva-expresándonos con rigor constitucional- ya que el artículo 123 de la Constitución de la provincia establece con absoluta claridad que ni el gobernador ni el vicegobernador pueden ser reelectos —dado que Solá fue elegido vicegobernador en 1999 y gobernador en 2003, una candidatura en ese sentido, debería dar algo mas que una vuelta a la manzana.
Estas trabas constitucionales podrían no importar (muy al estilo con que han sabido resolverse distintas cuestiones que en el pasado parecían imposibles desde el punto de vista constitucional) Claro que para ello Solá debería disfrutar del apoyo político de un gobierno nacional que respecto de las leyes actúa como un poder feudal, más que como debería hacerlo un demócrata convencido, que vive en una República.
Demás está decir, que antes que el actual gobernador, están en la línea de largada para ocupar el sitial del Palacio platense; la primera dama, Aníbal Fernández, Alberto Balestrini y el ministro Randazzo
Si Solá piensa que existe un “felipismo” independiente de fondos nacionales, está equivocado. El como el resto de los gobernadores son rehenes de los fondos federales. Y hablando de fondos nacionales, ¿para qué quiere un tercer mandato? La insolvencia, metálica y de gestión provincial ha ido en aumento a lo largo de este año, lo cual todo indica que la proyección de esta administración en un nuevo período no haría otra cosa que sumir al pueblo de la provincia en un camino que ya está poblado de excesivos fracasos.
Sería interesante que la máxima preocupación del actual Gobernador, fuese la terrible inseguridad conque se avasalla día a día al pueblo de Buenos Aires, donde el conservar la vida para las ciudadanas y los ciudadanos que desempeñan tareas como choferes, vigiladores, o simplemente concurrentes a entidades bancarias, se ha convertido en un acto casi milagroso. Lo realmente peligroso, es el hastío que la población en su conjunto siente por las fuerzas del orden y la administración de justicia.
Ya habíamos expresado, que el poder como definición, es la facultad que se tiene, como un don. Así, se ha divulgado el concepto de poder como atributo de las instituciones, un dominio económico, un imperio de la moda, etc. Preferimos plantear el poder como una acción de algo o alguien con respecto a otros: un verbo. No una situación de heredad, como si fuera un parecido de familia, con aquella acción que debe provenir exclusivamente de las buenas artes de la democracia.
Las nociones de poder son asimilables a los modelos comunicacionales: conductista, estructuralista y ese tercer modelo que aporta entre otros Michel Foucault, donde el poder induce placer, produce cosas y discursos, produce subjetividades.
En el conductismo el poder reside en un lugar unívoco, definido. Es la relación dominador-dominado. El estructuralismo entiende el poder como una red de instituciones formales e informales, gubernamentales y no gubernamentales que opera como la puesta en práctica del orden social. El aporte del maestro francés, lleva a una actitud de libertad discursiva.
Sin la pretensión de extendernos en este tópico, entendemos claramente que el modelo de poder sustentado por el actual gobierno, es netamente conductista. Por tanto, su camino estará plagado de dificultades, ya que en la actualidad es imposible que perduren situaciones de dominio político, sustentadas exclusivamente en el “apriete”, ya sea éste económico o exclusivamente basado en un coactivo moral. Finalmente el poder no se hereda, se construye.
Para ello, hace falta una estrucutra colectiva que tenga un verdadero proyecto que le sea útil al país, no un axioma que sea afín a intereses personales o sectoriales. La construcción de ese necesario proyecto no puede quedar en manos de un “albañil”, con el respeto que mercen los albañiles. Pues a ellos les llegan los planos y las instrucciones de los verdaderos constructores.
Avizoramos de ahora en más, un largo y tortuoso camino de dificultades, que ni bien termine el mundial saldrán a la luz por imperio de la realidad. Esperemos que este espacio ocupado por el santacruceño, sea una transición, y muy pronto aparezcan las reservas morales, expresadas en hombres inteligentes y capaces, que como nos cansaremos en reiterarlo, los hay de manera abundante en nuestra nación.