Los Estados, para reforzar, afianzar y consolidar el poder propio, buscan y encuentran enemigos. Y si no existen: se inventan o se construyen. Se crean “monstruos morales” a quienes se culpa de todos lo males. Históricamente hay multitud de ejemplos. Nerón quemó Roma y acusó a los cristianos. Bueno, en realidad no se ha podido comprobar que incendiase la ciudad, pero sí que culpabilizó a los cristianos de ello. Encontró, en ese momento, a un responsable a quien adjudicar los males del imperio y su gestión. Un responsable que ya no era él. Por supuesto, así también consiguió fortalecer su poder al liderar a su pueblo frente a un enemigo común que “amenazaba” su modo de vida.

Estatua de Nerón
Para todo ello siempre ha sido necesario, por tanto, la existencia de enemigos. Enemigos, como se ve, muy útiles. Un enemigo que se construye sobre la base de viejos mecanismos de descalificación, deshumanización o demonización. ¿En que se sustentan? Pues en las tradicionales percepciones negativas o prejuicios culturales. Viejos argumentos que hoy se difunden y amplifican con una facilidad extraordinaria gracias al poder de los medios de comunicación. Así, aumenta la vigilancia o control desde el Estado hacia sus ciudadanos, recortando derechos, que ya no son humanos como antaño, sino, elementales normas de equilibrio de lo que debería ser la convivencia democrática, en nombre de la seguridad y estableciendo una renovada “caza de brujas“.
Para ello se reforman leyes, a costa de luego ser violatorias de la Constitución, se inunda la acción del poder ejecutivo, con decretos de necesidad y urgencia, o se desplazan díscolos gobernadores que no obedecen las órdenes del “jefe”, cometiendo además el perjurio de invertir los ahorros expatriados en obras, sin que éstas pasen por las “generosas” manos de la administración, Devido, perdón, debida del gobierno nacional.
La necesidad máxima-el ejercicio del poder-, la urgencia, el considerar inservibles tanto al Congreso como al poder jurisdiccional.
No es casual que por estas horas se haya descubierto la operatividad del servicio de inteligencia naval, y consecuentemente se lo haya desmantelado. Dicha tarea que nunca cesó y de la cual se sirvieron todas las administraciones desde 1983 a la fecha, surge ahora, justo antes del 24 de marzo como profanadora de las libertades individuales. Con su desmantelamiento, así como con la debilitación de varias estructuras de seguridad interior y de las fuerzas armadas, prácticamente la Nación está indefensa ante cualquier situación de mediana gravedad.
La centralización de las decisiones políticas y económicas en la persona del presidente, inexorablemente produce un despliegue de egoísmo y arbitrariedad en la capa dirigente alimentando a su vez la prepotencia de la burocracia que rodea al entorno del primer mandatario. Se admite además, de igual forma que si fuese cosa juzgada la malignidad repugnante de ciertos personajes que integran el elenco gubernativo, poseedores de una inagotable sed de venganza, que no solamente quieren ver derrotado completamente al enemigo que ayer los venció, sino, que antes desean verlo de rodillas.
No estamos lejos del reemplazo de la actual titular del palacio de hacienda. Las causas en este punto pueden ser múltiples, pues las acciones llevadas a cabo desde el palacio ubicado en Paseo Colón, no han sido lo acertadas que Kirchner esperaba, a ello debemos sumarle lo poco que soporta el Presidente que sus órdenes no se transformen en éxitos. Tal despótica soberbia finalmente tendrá serias consecuencias.
La inquietante duda acerca de cuál es el horizonte estratégico de este gobierno carece de significado. En realidad, para el largo plazo sólo les interesa mantenerse en el poder y, en el corto, aplican cotidianamente un esquema para la toma de decisiones públicas sumamente tosco y apto sólo para administrar organizaciones muy pequeñas y sencillas. La Nación Argentina no puede gobernarse igual que la intendencia de Río Gallegos o la provincia de Santa Cruz.
Las características con que se maneja este gobierno pueden comprobarse sencilla y objetivamente, tomando nota en su estilo de conducción.
No existe un plan y su ausencia está siendo reemplazado por una simple guía, con datos relevantes sobre recaudación y gastos diarios, precios de de la canasta de alimentos, donde han descubierto que la carne no puede extraerse de la tierra al igual que el petróleo y que un novillo de exportación tarda 18 meses más que una cosecha de soja, para ser razonablemente rentable.
Los temas de actuación son elegidos a partir de encuestas que tratan de desentrañar aquello que resulta popular y políticamente útil. A veces las encuestas, cuando sus datos no convencen, se “acomodan“, para una mejor degustación de un público cada vez mas desengañado. El más secular tema de estado es la reelección, y en eso quizás, esté la mayor disputa y la misma se desarrolle entre los integrantes del matrimonio santacruceño-bonaerense que nos gobierna.
Los problemas complejos y profundos se soslayan como si no existieran, salvo cuando ciertos “picaros” medios que el áulico círculo asentado en la rosada no controla, abre ventanas para que el pueblo pueda recibir el aire fresco con información no digitada o controlada desde las esferas oficiales.

Síntesis del poder
La conducción no se comparte ni con los ministros “pingüinos”, ella está centralizada en el presidente. Los anuncios de medidas van precedidos por la parafernalia mediática que intenta dar la impresión de un trabajo previo sumamente afanoso.
Recordemos algo que nos toca de cerca a los que habitamos este Partido de Gral. Pueyrredón. “La Ferroautomotora”. Confieso que hace casi dos años cuando asistí en el salón blanco de la casa de gobierno a la firma del convenio que aseguraba su construcción, lo creí firmemente. Hoy debo confesar sin ocultar cierto sonrojo, mi terrible ingenuidad.
Los fracasos propios del actual gobierno nacional se justifican culpando de conspiradores a quienes se elige como enemigos de relevancia. Ayer los supermercados, hoy los ganaderos, mañana Dios dirá. El motivo conductor de la retórica política es un reiterado reproche por los horrores del pasado del que política e ideológicamente también se proclaman ajenos, como si la lucha se hubiera sostenido en un sólo bando.
Ahora se preparan indultos selectivos, para completar una tarea en la acumulación de odios y rencores. El poder no es sucedáneo a la vida de quien lo ejerce, es efímero y si se lo ejerce con terquedad, y demoníaca soberbia, fenece mucho antes de lo esperado.
El poder no es nunca propiedad de un individuo; debe pertenecer al grupo y existe sólo mientras éste no se desintegre. El poder es potencialidad y se vincula al deseo de poder hacer. Hay que diferenciar cuidadosamente poder y dominación, ya que quien equipara la dominación con la violencia del poder en su ejercicio, corre el riesgo de destruir su propio poder. La violencia puede destruir el poder y a su vez es absolutamente incapaz de crearlo.
Nelson Mandela nació el 18 de julio de 1918 en Qunu, un poblado de unos 300 habitantes que vivían en unas chozas con paredes de barro y un palo de madera que sostenía el techo de hierbas. El resto de la historia de este líder africano es ampliamente conocida, solamente insertaremos un pequeño párrafo de lo mucho que de él se ha escrito, tal vez con la esperanza en que, quienes lean el presente artículo, reflexionen, sobre si son exagerados o no mis críticos conceptos sobre la gestión del gobierno nacional.

Nelson Mandela en la cárcel
…”Cuando fue puesto en libertad, el 10 de febrero de 1990, tenía todas las razones para sentir odio y rencor a quienes le habían hecho pasar 27 años en una prisión inhumana por una condena injusta. Sin embargo, su reacción fue siempre de perdón y espíritu conciliador” A punto de salir de la cárcel, Mandela se dirigió Bandenhorst, el más temido comandante de la cárcel que en esos tiempos tuvo Roben Island, para desearle buena suerte a él y a su gente. Pero ese día, en la oficina, el temido comandante comprendió que existía otro aspecto en la naturaleza de Mandela, un lado un tanto escondido de su persona, pero que ahí estaba. Badenhorst no era el demonio; su falta de bondad había sido alentada por un sistema inhumano. Otro de lo carceleros, el oficial Swart, había preparado una comida de despedida. “Se lo agradecí” -cuenta Mandela-. “Al oficial James Gregory le abracé efusivamente. Durante los años en que me vigiló nunca discutimos de política, nuestros lazos no necesitaban de palabras. Hombres como estos me reafirman en mi fe en la humanidad”
xq lo metieron preso esq no lei
basicamente x dar ideas liberales,kontrarias al regumen pollitico sudafrikano,x kreer en la paz,el amor,la libertad e igualdad…es a la unica perosna a la k la trato de usted y señor,para mi es el uniko k debe ser tratado asi,inkluso e soñado + de una vez k me arrodillaba ante él llorando y él me akariciaba el pelo en tono maternal mientras yo le suplikaba k no me tokase kn sus puras manos…yo soy atea,y si tubiese k responder a un dios,seria a este gran señor…fin de mi diskurso
Hola karmen16, solo decir que no entiendo por que eres atea cuando Jesucristo pregonaba mas o menos lo mismo que Mandela. Lo que pasa, a mi modo de ver es que al cristianismo se le ha querido sacar “tajada” a lo largo de los años y sus ideas han quedado distorsionadas, pero en el fondo yo creo que es lo mismo.
Bueno, en realidad yo tambien soy ateo, solo que yo creo en Jesus y no me creo todo lo que rodea hoy en dia a su figura (iglesia, sacerdotes, obispos, papa..)
Saludos