El libro, nuestro amigo

April 23rd, 2006 by Opinorama Leave a reply »

Un libro es algo así como un espacio de tiempo al que uno recurre en busca de descanso, auxilio para mejor reflexionar, o simplemente un sano esparcimiento.

Hoy -lamentablemente-, ha sido dejado de lado parcialmente, debido en parte a los existentes recursos digitalizados, y por una errática direccionalidad que se ha impreso a la instrucción de las nuevas generaciones, o quizás también por descuido y actitud por parte de maestros, profesores y familia. Tampoco podemos dejar de lado el precio de tapa, que induce al delito de fotocopiar originales, cercenando en parte la posibilidad de que aprezcan mas títulos y autores.

Un libro representa una historia o trayecto desconocido que empieza en la primera página y se resuelve en las últimas. Muy distinto es la mecánica que obtenemos de la lectura, a veces comprimida de ciertos textos, que aparecen por computadora, donde indudablemente perdemos el sabor y hasta el olor que emana de la obra recién salida de una editorial, o el otro tan especial que suele darle el tiempo en los estantes de una biblioteca. Pero lo que realmente se pierde es un sano ejercicio de incorporación cultural y de disciplina en el aprendizaje.

Un libro es un panorama desconocido que, a veces, puede captar nuestra atención desde las primeras páginas, o en otras nos cuesta gran esfuerzo seguirlo y hasta tenemos que ser honestos con nosotros mismos y abandonarlo, pues no debe existir tortura en la lectura, sino alegría, placer o lisa y sencillamente la sensación de bienestar que llega positivamente a nuestro interior.

Todo libro nos lleva a acudir por mundos de belleza o de dolor, donde se despliegan el saber, el avance de la ciencia, el modo de enfrentarnos a lo desconocido de las relaciones interpersonales. En cada libro podemos aprender a ver cómo otros afrontan situaciones de tensión que, a veces, uno no llegará a vivirlas de verdad.

La lectura de un libro representa en ocasiones, el haber adquirido años de experiencia y sensación de haber incorporado juventud a nuestra existencia.

Nunca olvidaré la lectura de mi primer libro. Mis padres, creo, lo compraron cuando nací: Tartarín de Tarascón, con el tiempo descubrí que lo escribió Alphonse Daudet un escritor y cuentista francés nacido en Nimes el 13 de mayo de 1840, y que en 1872 escribe Tartarín de Tarascón, que fue su personaje mítico. Esos relatos como otros de la misma serie, estuvieron inspirados por la guerra franco-prusiana y dieron testimonio de su inclinación por este género literario y por los cuentos fantásticos.

Es verdad, bien se dice que en cada lectura se recrea una obra, pero la creación literaria tiene algo de divino; también la lectura nos transporta por caminos de fe, a veces algo extraviada y que es necesaria cuando alguna crisis nos invade, entonces recurrimos al libro como se recurre a un amigo.

Las bibliotecas, si uno se fija, participan de este rasgo de sublimidad. “Está escrito”, sentenciaban los antiguos orientales refiriéndose al ineluctable destino, como una forma de decir que nadie podía escapar a la voluntad de los dioses. ¿Estará escrita la desaparición del libro?, hago esta pregunta, pues hoy se celebra el día mundial del libro y de los derechos de autor, impuesto por la UNESCO en 1995.

Afortunadamente, en la 32º. Feria Internacional del libro, que como todos los años se celebra en Buenos Aires, los niños están dando una buena respuesta y puede presagiarse todo lo contrario al anterior y fatal interrogante.

El 23 de abril de 1616 fallecían Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega. También en un 23 de abril nacieron – o murieron – otros escritores eminentes como Maurice Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla o Manuel Mejía Vallejo. Por este motivo, esta fecha tan simbólica para la literatura universal fue la escogida por la Conferencia General de la UNESCO para rendir un homenaje mundial al libro y sus autores, y alentar a todos, en particular a los más jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y respetar la irreemplazable contribución de los creadores al progreso social y cultural.

Como conclusión, pienso que el libro, el buen libro nos acompañará siempre. Los que se han escrito porque a ellos recurriremos cuando necesitemos una inyección de optimismo o auxilio en nuestras dudas, los que no se han escrito, porque al igual que a un amigo, los estaremos esperando.

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