Cuando un pueblo se congrega en
una ciudad, se hace mucho más
temible a sus gobernantes que cuando
se halla disperso sobre una vasta
extensión del territorio.
Lord Maculay. Machiavelli, Marzo de 1827.
Y si decimos pueblo, lo sostenemos a pesar de que algunos pretenden que son únicamente inquietudes militares. Se apoyan en que fueron los cuarteles de la ciudad, en especial el de Patricios, quienes armaron y sustentan estos acontecimientos revolucionarios. Pero se olvidan que éste no es un ejército regular, de carrera, a la europea; éste es el pueblo mismo, armado en defensa de su libertad. Estos cuarteles están poblados por hombres, no ya del núcleo, sino de los suburbios-sobre todo-de Buenos Aires, puestos en armas hace cuatro años en defensa de la Patria. Y que la defendieron muy bien, echando al inglés dos veces, contra el que combatieron a muerte, mientras que muchas “familias principales” recibían al invasor en sus casas, convidándolos con “lindos aires ingleses”, como relatara enternecido aquel oficial británico, Alejandro Gillespie.
Sistemáticamente, a contrario de lo ocurrido en los albores de nuestro nacimiento como pueblo libre, donde los hombres de armas fueron el pilar de nuestra independencia, desde la asunción de la familia K, nuestra Fuerzas Armadas han sido denostadas, sin que al menos se les respete la gloria de su cuna.
El próximo 25 de Mayo el País recordará su primer grito de libertad, dividido por el patoterismo K, que al único metodo que recurre es al amedrentamiento a fectos que disminuya el inmenso caudal poblacional que concurrirá a la ciudad de Rosario y del cual no nos olvidemos participará la mayoría de los rosarinos tan ligados al destino del agro.
Aquello que hace 198 años costó tanto unir, la terquedad de un gobierno en decadencia, pretende hoy, a cualquier costo, inmolarse, arrastrando de si a gran parte de los argentinos con tal de no revisar los pésimos actos de gobierno que desde hace mucho tiempo viene cometiendo enfrascado en una utópica imbecilidad ideológica.
Un festejo se hará junto al monumento a la Bandera. El otro en Salta, donde a manera de éxodo trasladarán “profesionalmente” a los militantes del Gran Buenos Aires y otros puntos del País.
Vale recordar que la noche del 25 de agosto de 1811, Juan Martín de Pueyrredón junto a un grupo de hombres valerosos se alzó con el tesoro de Potosí, a efectos de impedir que el mismo cayera en manos de los realistas. Muchos ataques debieron soportar aquellos bravos patriotas y con la inestimable ayuda de Martín Miguel de Güemes, 29 días después llegan exhaustos a Salta.
Los caudales de Potosí se salvaron gracias a la decisión y valentía de Pueyrredón y su gente. La Revolución pudo comprar armas, pólvora y pertrechos para seguir el camino de libertad que culminaría en la batalla de Ayacucho.
Quizás el recuerdo de estos pequeños datos sirva para que nuestras autoridades y dirigentes reflexionen sobre cuánto costó la libertad de nuestra Argentina. Cualquiera que la ponga en peligro es un infame traidor a la Patria.