
La patria es algo que se siente, no puede definirse. Yo la siento muy profundamente. Si la definimos, estamos diluyéndola en palabras
(Borges)
La Patria:
Tal expresión lingüística, repetida tantas y tantas veces de un modo automático, nos parece hoy en día que es una palabra que pertenece al pasado; este simple fonema que encierra toda una vivencia pasada, presente y futura, vale la pena analizarlo y rescatarlo en su verdadero concepto, sobre todo cuando suceden hechos que en nombre de la Patria pretenden desvirtuar lo que debe ser la conducta de todo patriota y la actitud del mismo hacia la Patria.
Hace ya muchos años, quizás por omisión, o por desidia, o peor aún, por una incidiosa mezcla ideológica, se fue olvidando,en parte, a quienes originaron el nacimiento de nuestra nación. Se fue dejando de lado en nuestras escuelas la profundización en el estudio de los valores con alto contenido nacional, pues el mismo hubiera comprendido conjuntamente con aquel que recuerda el desprendimiento de Las Provincias Unidas del Río de La Plata de la corona española, a los hombres que precedentemente se constituyeron en integrantes de nuestras primeras fuerzas armadas y que decididamente habían iniciado años antes, el gran movimiento libertario.
No hay duda de que el proceso revolucionario de mayo comienza cuatro años antes, en 1806 y 1807, momento en que Buenos Aires rompe los moldes burocráticos establecidos para reclutar milicias y pone en pocos meses en pie de combate a “nueve mil hombres de pelea” para rechazar a los invasores ingleses.
Convergen entonces, dos movimientos simultáneos. Por un lado, la ciudadanía se arma espontáneamente (“los cuerpos urbanos habían sido autorizados a nombrar sus propios oficiales y los oficiales a nombrar sus jefes”); por otro, el Cabildo destituye al virrey Sobremonte e instala a Santiago de Liniers, a quien proclama-según una exaltada metáfora-”el rugido de la masa”.
De este modo, sin ningún plan deliberado, los criollos “convirtieron en partidos políticos y situación armada lo que hasta entonces no habían salido de la vida interna de los habitantes”
La rutina de las celebraciones en los días patrios y la reiteración de las composiciones escolares sobre 1810 han contribuído a diluir el significado del acontecimiento más importante ocurrido en estas tierras en el siglo XIX: La Revolución de Mayo, de la cual se cumplen mañana, ciento noventa y siete años.
La definición que impulsó el inicio de las acciones que luego nos permitiría nacer como nación independiente, en julio de 1816, ocurrió el 14 de mayo de 1810, cuando una fragata británica llegó a la rada de Buenos Aires, trayendo la noticia que se temía desde meses atrás: la caída de la totalidad del territorio español en manos de las tropas de Napoleón Bonaparte.
Un vistazo superficial sobre los acontecimientos de Mayo daría la impresión de que todo el movimiento fue un troneo oratorio, un juego dialéctico entre los que presionaban hacia un cambio y aquellos que querían evitarlo o, al menos, demorarlo. En cierto sentido fue así, y los porteños se enorgullecieron durante muchos años de que su revolución hubiera sido incruenta; de esa forma lo recordó el propio Rosas en un discurso pronunciado el 25 de Mayo de 1836.
Pero detrás de las ideas expuestas en la reunión del 22 de Mayo de 1810 estaba la circunstancia innegable de que los partidarios de la deposición del virrey disponían de la fuerza, es decir controlaban los regimientos que se habían formado con ocasión de las invasiones inglesas.
Pues bien, es cierto entonces, que antes que la Patria, nació el poder armado que habría de ser fuerte, y pudiera finalmente darle la libertad, no sólo a Las Provincias Unidas del Río de La Plata, sino a Chile y Perú. Ellas, comandadas por el glorioso General Don José de San Martín.
Muy pronto cumpliremos el bicentenario de aquel hecho revolucionario burgués en cuanto a su desenlace político y con fuerte raigambre económico y social, pero finalmente, glorioso. El movimiento nacido en Francia en 1789 y antes, en 1776, en Estados Unidos, constituyeron para la época la “globalización” del siglo XIX, que más tarde al expandirse, daría rienda suelta al nacimiento de las naciones, sepultando para siempre el llamado “anciano régimen”.
Por ello, el 25 de Mayo, no deberíamos convertirlo en un feriado o fin de semana largo, producto de una mezcala de ignorancia y mercantilismo que realmente alarama. Debemos sentirnos obligados en la acción de mantener viva la memoria de aquellos hechos gloriosos y poner de manifiesto toda la verdad en cuanto a hombres y acciones, los primeros, aún con sus virtudes y miserias, los segundos con la objetividad sus aciertos y errores.
Negar tales circunstancias por cuestiones ideológicas no nos conducirá precisamente al camino de unión, al de concordia, al de la esperanza en hacer realidad los sueños que tuvieron aquellos hombres de mayo que dieron luz a nuestra patria, por el contrario, de persistir conductas antes señaladas, lo único que se logrará será deformar el verdadero recuerdo al que estamos obligados a mantener siempre vigente.
Enrique Serra.
Fuentes: Historia Integral de los Argentinos, (Félix Luna), La Libertad Política y su Historia (Natalio Botana)