Cuando la ira puede hacer tronar el escarmiento

Por Enrique Serra

November 26th, 2005 by Opinorama Leave a reply »
Favelas en Río de Janeiro
Favelas en Río de Janeiro

En una columna del Diario Clarín, firmada por la corresponsal de San Pablo, Eleonora Gosman, más un comentario adicional de Telma Luzzani, nos ponen a los lectores en autos sobre una situación que desde hace varios años se viene desarrollando en Brasil, mas precisamente en Río de Janeiro. No sería esto una noticia que sorprenda o alarme, ya que las alarmas se dan cuando los hechos son de nuevas o impensadas características. Este caso es reiteración de similares cuya publicación entonces quizás no los tomó el diario capitalino, lo que realmente alarma es la naturalidad con la cual se analiza por parte de un sector de nuestra comunidad una circunstancia de esas características. En efecto, teniendo presente el reciente asesinato por parte de un menor a un chofer de una línea urbana de transporte de pasajeros en nuestra ciudad, hay vecinos nuestros que están pensando ejercer justicia por mano propia, ante lo que entienden como ausencia de una respuesta orgánica por parte de nuestra jurisdicción, que lamentablemente ofrece flancos para el vapuleo de una atónita, y confundida población que demanda justicia.

La misma no pretende una vindicta, sino al menos una línea de acción por parte de los órganos del poder respectivo, la cual alimente esperanzas en el sentido que realmente existen castigos para los que violan la ley, no que se proclame por parte del poder judicial una permanente preocupación por la garantía de los delincuentes, lo cual priva consecuentemente de un serio accionar a parte de las fuerzas del orden, pues al fin ellos, ante esas muestras de sus requerientes jerárquicos,no proceden con la necesaria ortodoxia profesional. No debemos subestimar en modo alguno la dimensión lúdica de todas esas fogatas de alerta ya encendidas en nuestra sociedad, las cuales con su escepticismo parecen estar desafiando el poder de la justicia orgánica, pensando que los delincuentes van a ser más hábiles a la hora de conseguir los honores de la televisión en una competición salvaje y mal entendida. Esas fuerzas policiales finalmente, temen más en perder el trabajo que sus vidas.

Procurar educación y Salud
Procurar educación y Salud

No hay que tomar como válidos para una encuesta los resultados relativos en número y falta de universalidad en personas. Lo parcial que puedan expresar ciertas escasas opiniones vertidas por un sólo sector y ante hechos que son dolorosos. En cambio cuando tales manifestaciones provienen de amplios y variados ámbitos, que además coinciden con similares voces expresadas en casos anteriores, que acrecientan su ruido por parte de personas con sólida formación y al fin, que ese elemento comunicativo actúa como un disparador de contagio preocupante para el futuro, que en materia de inseguridad presenta un panorama realmente desolador.

En Mar del Plata, hace pocos días cerró una reunión que todos anticipábamos pasaría a formar un hito, un antes y un después de “la Cumbre”. Resulta que los titulares de los medios no sólo han dejado en el olvido esa reunión, sino que deben obligadamente ocuparse de cuestiones que arrastran gravedad por la vetustez de su irresolución, dejando abierto un futuro peligrosamente incierto.

Entonces de que ha servido tanta ilusión, tanto esfuerzo, tanta preparación por parte de una comunidad que esperaba alborozada la concreción de una reunión continental, que nos debería haber dejado resultados no exclusivamente en las obras materiales preparatorias, sino en las conclusiones políticas, que en lo previo anticipaban, las cuales debería haber establecido un punto de partida en la lucha contra la pobreza y la falta de empleo, tal como lo enunciaba previamente el lema de su agenda de trabajo, establecida mucho tiempo antes.

Estos dos elementos antes mencionados, son quizás una parte esencial en la resultante de tanto delito, de tanto descontrol que ha desbordado a las Instituciones, que también es cierto decir, hace mucho tiempo deberían haberse preparado profesionalmente para cuestiones que se sabían ocurrirían, ya que el desmantelamiento de las empresas estatales, producto de las políticas neoliberales implementadas en la pasada década infame, que acarreó tanta desocupación y zozobra en nuestra población, muchos imaginaron y expresaron públicamente con que consecuencias cerrarían. Hoy ese tan acostumbrado saltinbasquísmo partidario, les hace padecer de una sorpresiva amnesia.

La violencia, la marginación, la pobreza, la exclusión, la desnutrición, el hambre, el decaimiento en educación y salud, no son virus pandémicos que un viento maligno trajo a estos lares, proveniente de algún sector maléfico de la tierra. Son la síntesis de pésimas políticas llevadas a cabo con premeditación por personeros entreguistas, que respondieron fielmente a una planificación impuesta por superiores intereses, políticos y económicos.

No queremos llegar a esto
No queremos llegar a esto

Debemos sumar a lo expresado en párrafos anteriores, una causal muy grave que diversos profesionales médicos han concluido en establecer, como el “mal del momento”. Nos estamos refiriendo a la depresión, una afección que hace caer a los individuos en ese estado patológico, y que al parecer esta fundamentalmente originado en la situación económica social proveniente de la crisis que hace varios años venimos sorteando.
Se dirá alternativamente, que estas características sociales, tan diferentes al mundo “quieto”, a la ”serenidad” de otras épocas, están insitas en la acelerada evolución a la nueva cosmovisión en que estamos inmersos; al decir de algún autor, es éste un “impuesto” que la sociedad paga, en neurosis, conflictos y depresión, a su propio desarrollo. Parece ser, en cambio que en grupos comunitarios de vida más sencilla, de tipo rural o de pequeñas ciudades, este padecimiento es porcentualmente menor. El pesimismo campea en toda su prospección teleológica: el futuro es siniestro, cargado de peligros, de amenazas. Un síntoma cardinal del deprimido es su falta de esperanza. Esto “amputa” su futuro

Con el criterio señalado en el párrafo anterior, todos deberíamos mudarnos a pueblos pequeños, en busca de una vida mejor que impida enfermarnos a los que estamos sanos y a su vez mejore las condiciones de los afectados. Un imposible bajo todo punto de vista.
Estudio crítico de la Globalización
No tenemos que hacer un exhaustivo estudio para llegar al resultado del por qué existen tan enormes diferencias de ingresos y formas de vida entre nuestros propios estamentos sociales. A la vez tampoco sorprendernos por las asimetrías abismales, que en materia de ingresos y posibilidades, diferencian a nuestra población y las de los países desarrollados. Son simplemente las que surgen del accionar entre estructuras de Estado, las cuales unas, tienen bien en claro sus proyectos y acciones, son consecuentes, y transmiten facticamente a sus gobernados el mensaje, esté quien esté en la conducción de la administración política del país, por tanto, saben cual es el camino a seguir.
En cambio otras estructuras estatales, como en nuestro caso, esperamos cual ciegos para que nos guíen, y sabemos precisamente que el camino por el que hemos sido y seremos conducidos no fue ni será una senda plácida y tranquila, pues quienes nos han conducido, o tuvieron anteojeras o fueron decididamente ineptos para las funciones gubernamentales. Nuestra decisión en un futuro inmediato, es ser verdaderamente dueño de nuestro propio porvenir. Ejercer plenamente la soberanía que consagra nuestra Constitución Nacional, pasar a ser ciudadanos de primer clase y no rezagos de la globalización.

Por último deseariamos que las recientes admoniciones presidenciales hacia ciertos sectores, muten en prontas políticas de bienestar que como argentinos hace mucho tiempo estamos esperando. Al decir políticas de bienestar, aclaramos, esa referencia no alude a “subsidios”, “planes” o cualquiera otra dádiva, sino inversiones públicas y privadas que demanden verdadero y decente trabajo, para todos los sectores, pues también debe tenerse en cuenta a un sector medio a veces omitido u olvidado por parte del Estado

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