Accidentes automovilísticos
La necesidad de aplicar el Código Penal a los conductores temerarios merecería más atención. La sociedad argentina ha vivido moderadamente penalizada. Durante muchos años fue más delito reunirse o expresarse con libertad que defraudar al fisco, estafar al público y obviamente cruzar semáforos en rojo, conducir en estado de ebriedad o el resto de las atrocidades que han demostrado ser capaces ciertos humanos argentinos al dominio de un volante. Al revés que en estados modernos, especialmente los anglosajones mucho más rigurosos en estas materias.
Se han cumplido más de veinte años de la llegada de la democracia a nuestro País, veinte años de la entrada en vigor de leyes permisivas, de criterios garantistas que quizás se asemejan a revancha por el tiempo transcurrido con el horror de la dictadura. Estas normas han puesto en evidencia que no han servido para educar o mejorar la convivencia entre los que habitamos este bendito suelo. Durante tal lapso son incontables las vidas perdidas por actitudes exclusivas de conductores irresponsables. Por temor o simplemente por snob de jueces irresolutos los cuales quizás piensan, que ser rigurosos les traería aparejados motes de represores, quizás por ello casi nunca se ha metido a la cárcel a éste tipo de individuos. La cautela de los ciudadanos honestos en lo que hace a no manifestar de similar forma que los piqueteros, no ha traído ninguna solución. Mientras tanto desde esos cuadros, se alcanzan posiciones encumbradas y rápidas respuestas por parte del gobierno, cuando se cortan rutas, puentes, calles y no es menos cierto que aquellos mas audaces que toman comisarías, retienen a sus autoridades y destrozan sus instalaciones, no tienen asegurado el cielo, sí, una secretaría ministerial con presupuesto varias veces millonario.
Recientemente se ha reformado a través del poder legislativo, la composición del Consejo de la Magistratura. En opinión del sector político oficialista redundará en menos gasto de ese instituto y mayor control por parte de aquellos que “han ganado elecciones”.
Horas de debate no hicieron otra cosa que poner de manifiesto que la enfermedad por la hegemonía del poder, es el virus que mas corroe al poder mismo.
No han salido a tratamiento de las comisiones, tanto del Senado como de Diputados, normas que luego sean eficaces herramientas para la jurisdicción, con el objeto de poner coto a una creciente impunidad manifiesta de los conductores desaprensivos, que tronchan jóvenes vidas, que dejan a familias mutiladas, que ahogan futuros maravillosos o que aceleran el paso de la muerte. Las estadísticas que Argentina muestra en ese aspecto, causarían estupor hasta en los habitantes de países mucho menos desarrollados que el nuestro.
El tema del tránsito y la conducta de los automovilistas, es sólo una muestra de lo mucho que nos falta para alcanzar rangos de sociedad avanzada.