Ciento treinta y siete titulares del gobierno bonaerense pasaron desde que el 13 de enero de 1812 se hiciera cargo Miguel de Azcuenaga. En ese número contamos a civiles y militares, de facto e institucionales, democráticos y autócratas. Los tiempos históricos de las sociedades que los admitieron o impusieron hiceron que las mismas compartieran responsabilidades y gozarán o sufrieran de sus aciertos y errores. Que por lo visto, al menos, hubieramos merecido un beneficio de inventario las actuales generaciones.
Los problemas que arrastra la Provincia de Buenos Aires-Gobernada por el Justicialismo desde 1987-, son incontables.
Puntea la inseguridad, le sigue la salud, la educación, el gran déficit de infraestructura (agua, cloacas, caminos, puertos). Los Municipios del Estado bonaerense tienen en los intendentes a simples viajantes hacia La Plata y desde la llegada de la actual familia presidencial también migran periódicamente a Buenos Aires en busca de fondos que se le niegan en sus comunidades, fundamentalemnte por un icncumplimiento constitucional que consgra la autonomía municipal, ninguneada por ignorantes o complaceintes dirigentes propios y extraños al Estado bonaerense. De otra forma sería imposible llevar adelante la administración de los Partidos bonaerenses.
Los problemas de desocupación-al menos en Mar del Plata-, marchan a la cabeza del país. La anomia dentro de la que se desenvuelven los llamados líderes piqueteros (delincuentes a sueldo instalados por las últimas administraciones) parece un problema ausente de las pasadas y actuales autoridades provinciales.
Un Señor llamado D Elía, lidera a los Piqueteros amigos del Gobierno, los mismos, están programando una multitudinaria marcha frente a la embajada colombiana en la Argentina en repudio de Uribe. El anuncio se produjo cuando se conoció que D Elía retendría el control de áreas sociales del Gobierno. ¿Cómo explicarle después a Uribe que el gobierno argentino puede ser un buen mediador de la crisis sudamericana? Los piqueteros deberían estar en el Gobierno o en la calle. Situados en los dos lados, el mensaje termina amedrentando.
En la Argentina kirchnerista un líder piquetero puede tomar impunemente una comisaría en La Boca y salirse con la suya, como si nada hubiese pasado. ¿Por qué? Sencillamente porque es íntimo del presidente de la República. Además, no es de extrañar que ello ocurra conociendo los puntos que calzan Néstor Kirchner y Luis D’Elia. Como tampoco es de extrañar que otro aliado presidencial, el teniente general Bendini, le haya cedido un predio del Ejército a D’Elía para llevar a cabo, en Campo de Mayo, un encuentro piquetero.
Pero como lo arriba descrito-aparentemente- es de nula importancia y no merece en absoluto trascendencia periodística, especialmente para el multimedio Clarín que según versiones ya hizo su “arreglo” con el matrimonio gobernante, la gente común, los ciudadanos de a pie” se los pretende mantener ignorantes sobre el cariz que están tomando ciertos acontecimientos que permiten que el Gobernador y su vice, obviamente del primer Estado argentino, disputen un sillón de la Vicepresidencia del partido único que está forman NK. Como si esto fuese la panacea, y elemento supremo que está por encima de las penurias de quienes vivimos en la Provincia y de aquellos que le depositaron el voto. Así lo refleja un artículo publicado en la fecha por La Nueva Provincia.
Scioli y Balestrini, en una puja por el PJ.
Imperceptible, larvada, una disputa de poder político partidario envuelve por estas horas a Daniel Scioli y Alberto Balestrini. El gobernador y el vice de la provincia de Buenos Aires pugnan por quedarse con el sitial que Néstor Kirchner tiene reservado al peronismo del primer distrito electoral del país en la futura mesa chica de conducción del Partido Justicialista.
Operadores políticos del ex presidente han reconocido en diálogos reservados la existencia de esa pulseada entre los dos máximos referentes del Frente para la Victoria en territorio bonaerense. Aseguran que en su búnker de Puerto Madero, Kirchner toma nota y le da vueltas al asunto, por ahora sin resolver en ningún sentido.
Los voceros de Scioli y de Balestrini no han soltado prenda, pero tanto en La Plata como en la Casa Rosada es un secreto a voces que ambos quieren quedarse con la silla que Kirchner entregará al peronismo provincial, esto es una de las cinco vicepresidencias que lo secundará en el manejo del partido una vez que se complete la normalización, a partir de mayo próximo.
Pese a esos silencios de los protagonistas y sus colaboradores, en otros bastiones del peronismo y también, como queda dicho, en las oficinas del ex presidente, se entregan indicios de lo que ocurre y hasta atisbos de un posible final.
En La Matanza, donde Balestrini es caudillo indiscutido, dicen que el vicegobernador tiene todos los méritos para quedarse con el cargo por el que puja con Scioli. Recuerdan, además, como para reforzar pergaminos, que a fin de año asumirá la presidencia del justicialismo de la Provincia, en reemplazo del ex duhaldista y actual kirchnerista José María Díaz Bancalari, a quien se le vence el mandato. Por las dudas, en el populoso bastión del conurbano siempre tienen a la mano la cantidad de votos que aportan en cualquier elección en la que compita un candidato peronista, en especial en las nacionales.
En despachos de la gobernación platense, sostienen por el contrario, que Scioli es quien debe sentarse en esa vicepresidencia por ser justamente el gobernador y primera figura política del FPV. Esto último es justamente lo que los seguidores de Balestrini ponen en duda. Y aseguran que ese encumbramiento persé del ex motonauta es un gesto que suele provocar irritación.
Kirchner tiene poco más de un mes para decidir la conformación definitiva de la futura conducción del PJ. Siempre y cuando, claro está, que no aparezca alguna lista opositora que quiera competir en una elección interna, un paso que en Puerto Madero y en la Casa Rosada dan por absolutamente descartado.
En punto a esa cuestión, reconocen que las últimas andanadas de Carlos Kunkel y Dante Dovena a los hermanos Rodríguez Saá o a Eduardo Duhalde para que presenten una lista y enfrenten a Kirchner en las urnas partidarias, no son más que chicanas que buscan resguardar futuras denuncias sobre falta de legitimidad del santacruceño para el caso que llegue al trono del PJ sin haber pasado por el voto de los afiliados.
De vuelta a la puja política que envuelve a Scioli y Balestrini, quienes conocen de estos enjuagues aseguran que para el ex presidente uno y otro tienen méritos suficientes, cada uno en lo suyo, para aspirar a integrar la mesa chica, en la que por ahora sólo hoy dos sillas aseguradas: las del camionero Hugo Moyano y el senador José Pampuro.
Un paso de sentido común, conocedores Scioli y Balestrini del poder de Kirchner y de la temeridad de provocarle el más mínimo incordio, envuelve a ambos contendientes por estas horas: aceptarán sin chistar la decisión que tome el santacruceño.
Eugenio Paillet.