El 10 de julio del 2005, la periodista Alejandra Herren, elaboró una extensa nota que se publicó en el diario La Nación. Debido a que este sitio ha opinado sobre la conducta que le cupo al ex piquetero Luís D`Elía, directamente relacionada con la actividad que desarrolla el matrimonio Tompkins en la Provincia de Correintes, trasladamos el total del artículo, en función de algunas dificultades técnicas que podría significar el linkeado
A estos empresarios, el ex piquetero Luís D`Elía, les imputa una serie de hechos,-ninguno probado- que en alguna forma podría afectar el proyecto que ellos, a raíz de una invitación del gobierno de aquella provincia, elaboraron oportunamente con el objeto de reconvertir un sector del territorio de aquel estado mesopotámico, siguiendo una línea que, debemos confesar, no es muy entendida por nuestra sociedad.
Por todo lo expuesto, hemos querido poner al alcance de nuestros visitantes los elementos necesarios, a efectos puedan sacar las conclusiones pertinentes.
Norteamericanos y multimillonarios
Conquistadores del fin del mundo.
Douglas y Kristine Tompkins hicieron su fortuna en la industria textil para después dedicarse a comprar tierras en la Argentina y en Chile con el propósito de recuperar sus ecosistemas. La Revista los entrevistó en Corrientes
ESTEROS DEL IBERA, Corrientes.– Esta es una historia de pasiones, de controversias, de créditos y descréditos, de acciones y acusaciones. Una historia que involucra a personas, pero también a plantas, a animales, y en la que se conjuga un profundo amor por la tierra, de uno y otro lado.
Douglas Tompkins y su mujer, Kristine McDivitt Tompkins, son estadounidenses, multimillonarios, y se definen como “activistas medioambientales inspirados en los movimientos de los años sesenta y setenta”.
Hace poco más de diez años llevan adelante un proyecto de filantropía fundamentado en lo que se llama ecología profunda, que se diferencia del resto de las concepciones filosóficas porque no concibe un mundo antropocéntrico, sino uno que promueve el equilibrio de fuerzas entre el hombre y la naturaleza. Se opone, por tanto, a la globalización, que, según sostiene, no ha hecho más que licuar las culturas locales y sus saberes ancestrales para imponer la homogeneización de los valores en buena parte del planeta.
Arne Naess y George Sessions crearon en 1984 ocho principios que definen la plataforma básica de la ecología profunda, de los cuales los fundamentales son los siguientes: “El florecimiento de la vida posee un valor intrínseco. La riqueza y la diversidad de las diferentes formas de vida contribuyen a la realización de estos valores, y los seres humanos no tienen el derecho de disminuir esta riqueza, excepto cuando se trate de satisfacer necesidades esenciales.
El hombre está interfiriendo en forma excesiva en la vida no humana, y el florecimiento de la vida requiere de una sustancial disminución de la población mundial. La política de acción del ser humano sobre la naturaleza debe cambiar, y estos cambios tendrán consecuencias en el ámbito económico, ideológico y tecnológico. El cambio en la ideología consistirá en adoptar una nueva forma de apreciar lo que es la calidad de vida”.
Estos puntos son la base conceptual sobre la que se asientan las acciones del matrimonio estadounidense.
Por eso se han dedicado a comprar tierras en Chile y en la Argentina (ver infografía) cuya biodiversidad se encontrara en riesgo. Su plan es simple, aunque requiere de tiempo, dinero y mucho trabajo: recuperar la flora y la fauna del lugar, promover el desarrollo de una agricultura orgánica en las poblaciones de los alrededores de ese sitio y, una vez concluido el proyecto de recuperación, donarlo al organismo de parques nacionales del país de origen.
Sin embargo, el fantasma de la venta indiscriminada de tierras a extranjeros, como en los renombrados casos de Benetton, Lewis y Turner en la Patagonia, no hace más que alentar todo tipo de sospechas sobre la figura de los Tompkins. ¿Son testaferros del gobierno estadounidense? ¿Vienen al país con el afán de apropiarse de las reservas de agua dulce? ¿Compran tierras con dinero negro? Estos son apenas algunos de los interrogantes que sobrevuelan cuando se los nombra.
No obstante, las consideraciones sobre los proyectos de los Tompkins van de un extremo al otro. De un lado, declaraciones como las de la diputada santacruceña Judith Forstmann a un medio radial, en el sentido de que Douglas y Kristine Tompkins, así como sus fundaciones ambientalistas, Foundation for Deep Ecology, Conservation Land Trust (CLT) y Patagonia Land Trust, son en realidad, la fachada de una operación supranacional orquestada por los Estados Unidos para apropiarse de tierras y agua en países en vías de desarrollo. Algunas versiones señalan que esta operación involucraría a unas 2200 organizaciones no gubernamentales fundadas con ese propósito.
En la otra punta están las acciones concretas del magnate y su esposa, y el apoyo que les da buena parte de las organizaciones destinadas a preservar la naturaleza, como Fundación Vida Silvestre o Greenpeace Chile.
Porque lo que queda claro es que los Tompkins no están solos frente al resto del mundo. Un sinnúmero de ONG aporta incluso fondos, inteligencia y trabajo. En medio del fuego cruzado están los pobladores de las zonas involucradas, que ni aprueban ni desaprueban, pero suelen decir que es “demasiado bueno para ser cierto”.
En el humedal
A 32 km de Colonia Carlos Pellegrini, la laguna Iberá (perteneciente al Sistema Acuífero Guaraní –SAG–, una de las mayores reservas de agua dulce del mundo), se encuentra el casco de la estancia Rincón del Socorro, de 179.000 hectáreas. Es el más reciente emprendimiento de los Tompkins. Le compraron el campo hace tres años a la familia Blaquier, que, según los lugareños, utilizaba las tierras como coto para cazar ciervos de los pantanos y venados de las pampas, esta última, una especie en alerta roja de extinción a la que los Tompkins se proponen devolver su plena presencia.
En el pueblo, de 600 habitantes, que viven en bellísimos ranchos de barro construidos con técnicas típicas de la zona, los comentarios suelen ser favorables. “El campo del americano antes estaba abandonado y ahora se pueden ver ciervitos, carpinchos y hasta algún yacaré”, dicen, con la mirada inexorablemente posada en el horizonte. Y el poblador local, orgulloso de su entorno (los esteros del Iberá son Reserva Provincial y está en trámite la protección de la Unesco como Patrimonio Natural de la Humanidad), respira esperanzado ante el nuevo panorama: “El americano dijo que va a recuperar el oso hormiguero. Ojalá sea cierto”.
En la estancia Rincón del Socorro trabajan unas 20 personas, casi todos correntinos. Una hostería ocupa el centro del casco y hay casas diseminadas sobre un cuidado jardín. La arquitectura respeta algunos recursos de construcción de la tradición local. El olor a hierba fresca inunda el aire.
Doug (de 62 años) y Kris Tompkins (de 55) viven seis meses en su estancia correntina y seis en Chile. No suelen dar notas. No les gusta. Esta vez dijeron que sí. En español.
“En el ’98 llegamos por primera vez al Iberá invitados por el gobierno argentino, que tenía la intención de que compráramos territorios privados que dividen dos parques nacionales para, a largo plazo, transformarlos en un gran parque –explica Kristine–. Pero no nos convenció la idea porque entre ambos parques había muchos pequeños terrenos privados. A la vuelta pasamos por la estancia San Alonso, que es una isla en medio de la laguna a la que sólo se llega por avión. A mí el lugar no me conmovió especialmente. Estaba en venta, pero a mí no me cerraba la idea. Ya en Chile a Doug le dieron ganas de volver. Vino a los dos meses y entonces quiso comprarlo porque percibió algo especial. Y cuando finalmente fuimos a San Alonso y empezamos a investigar las posibilidades de iniciar un proyecto de conservación descubrimos que, en términos de biodiversidad, es un lugar único.”
Kris es una mujer de mediana estatura y vivaces ojos verdes que se entusiasma con la idea de tener hoy uno de los primeros proyectos de reinserción de especies extinguidas de la zona, un emprendimiento que recién se convencieron de concebir cuando les compraron, poco tiempo después, la estancia a los Blaquier.
En su libro The Conservation Land Trust – The First Ten Years–, Douglas Tompkins explica que “actualmente CLT está comenzando un programa de reintroducción de todas las especies extinguidas, en un plazo de 20 a 25 años, un proyecto ambicioso y costoso, pero muy interesante. Con suerte y con la ayuda de biólogos conservacionistas seremos capaces de reintroducir el venado de las pampas, que se encuentra en la lista roja de especies en peligro de la Argentina, y además lograremos que vuelva la nutria gigante de río, desaparecida hace mucho tiempo. Debería ser relativamente fácil aumentar o reintroducir las siguientes especies que se han sido extinguido o han sido reducidas: oso hormiguero gigante, oso hormiguero menor (u oso mielero), lobito del río, jabalí, águila coronada, loro hablador y tapir. Dejamos para el final el yaguareté, ya que requerirá una preparación político-social inteligente antes de que los vecinos le den la bienvenida, especialmente los estancieros”.
Pero, a pesar de las expresas buenas intenciones y de sus resultados, las hostilidades, en algunos lugares, llegaron a extremos de violencia. Especialmente en Chile, con la compra del Pumalín, 298.800 hectáreas en la provincia de Palena, hoy a punto de ser declarado Santuario de la Naturaleza, administrado por la Fundación Pumalín con un directorio integrado por representantes del gobierno de Chile y de Douglas Tompkins. Sería tema para otro artículo reproducir todo el largo conflicto. Baste decir que las disputas llegaron hasta la acusación de que Tompkins financiaba la campaña política del entonces candidato a la presidencia –en ese momento era ministro de Obras Públicas–, Ricardo Lagos. Sin embargo, en la actualidad, según explicó a la Revista la jefa de Comunicación de la Secretaría General de la Presidencia del país hermano, Cecilia Alzamora, “no ha habido, desde entonces, nuevos conflictos. El último incidente fue la presentación de la bancada del Partido Verde ante la Justicia esgrimiendo una serie de reclamos, que finalmente se consideró improcedente”.
El acuerdo firmado por ambas partes para la administración y preservación de Parque Pumalín se puede consultar en http://www.segpres.cl/ , en el apartado Destacados.
Hoy, sentado en la comodidad de su casa en Iberá, este hombre de musculatura fibrosa (seguramente, gracias a sus largos años como montañista) y pelo canoso siente que no tiene de qué defenderse. En tanto, su mujer, Kris, afirma: “A mí, que nací en Santa Marta, un pueblito muy chiquito en California, me enseñaron que los actos valen más que las palabras. Nosotros siempre hemos comprado terrenos privados y los hemos donado a los parques nacionales y, sin embargo, siempre hubo resistencias porque somos extranjeros. Y es lógico, hablamos de un bien muy arraigado en el corazón de la gente: la tierra (respira profundo, como convenciéndose de sus palabras). Es natural tener críticas, pero si trabajamos bien y de manera transparente cambiarán de opinión. En Chile hasta hubo enfrentamientos con armas y ahora las disputas se han disipado”.
–Entonces, ¿no se toman las afrentas como algo personal?
–Bueno, no –dice Kristine–, pero cuando las cosas llegan a los extremos a los que llegaron en Chile no es sencillo mantener la distancia.
–Este tipo de filantropía es difícil de entender porque es bastante insólito –analiza Douglas–.
Sin embargo, la tendencia en el mundo va hacia donde vamos nosotros. La globalización no ha hecho más que homogeneizar el mundo culturalmente, haciendo que se pierda el conocimiento de las poblaciones locales en relación con la naturaleza. Tenemos la esperanza de ser un ejemplo que se propague. Y es la clase empresarial de los países la que debería hacer estas cosas, porque es la que tiene el dinero para hacerlas.
–¿Por qué América del Sur?
DT: –Yo tengo una larga relación con la Argentina y con Chile. Vengo desde muy joven y tengo muchos amigos. Pero, además, América del Sur es el mejor continente del mundo, por su diversidad cultural y por su naturaleza. Europa, por ejemplo, es un continente muerto.
KT: –Lo que nosotros hacemos es para la gente. Los esteros del Iberá son un patrimonio natural de la provincia de Corrientes, pero también de la Argentina y del mundo. Mi sueño es que algún día llegue a haber un equilibrio en la convivencia entre el hombre y la naturaleza.
–Douglas, ¿por qué hace esto?
–Porque es un trabajo que me da un placer enorme y porque tengo la plata para hacerlo.
–¿Hay algo que pueda detenerlo?
–Sí. La muerte.
Y lo dice con una sonrisa.
Aun así, siempre suena a que “es demasiado bueno para ser cierto”. Y es bastante lógico que se despierten suspicacias. No obstante, es posible creer en la versión directa de los hechos y considerar que Douglas y Kristine Tompkins son un par de filántropos locos, radicales antiglobalización que se gastan en esta extraña tarea la fortuna acumulada con el éxito empresarial. Por el momento hay dos pruebas de cumplimiento de sus promesas: Monte León, en la provincia de Santa Cruz, que ya forma parte de Parques Nacionales, y Parque Pumalín, en Chile.
Si, en cambio, se opta por tomar partido por la versión de que son testaferros del gobierno estadounidense, o de que compran territorios con dinero sucio, o aun si se piensa que han venido a estas tierras a acumular reservas de agua dulce, el tiempo lo dirá. Porque los actos suelen decir más que las palabras.
Por Alejandra Herren