Con cada vez más insistencia los analistas económicos tienen apuntado en sus agendas de trabajo, la presencia amenazante de la inflación en nuestro país. Es cierto que algunos, son los mismos que anunciaron hace poco más de dos años que la divisa norteamericana llegaría a $. 12,-por unidad- y que nuestra economía explotaría en mil pedazos.
Que la inflación constituye una de las principales acechanzas para el gobierno de Kirchner, y que éste hace continuos intentos por sosegarla y aquietar los ánimos que constantemente la preanuncian, no es novedad. La novedad y quizás lo preocupante es el grado de alienación que llevan implícitas algunas medidas y lo que es peor algunos procedimientos.
En tales menesteres está de por medio la figura de un singular personaje; Guillermo Moreno, que Según un artículo publicado por el portal Urgente 24, ya intenta desplazar a Felisa Miceli del cargo de titular de Economía.
Los analistas también señalaron oportunamente, que parte del éxito argentino –al menos en lo reflejado hasta el año anterior- dependería de la capacidad del gobierno por controlar este mal. Los principales consultores –mientras tanto- indagan las causas que podrían desencadenar una situación de desborde. El pueblo en su conjunto, no dudaría en hacer cualquier sacrificio, con tal de salvarse del azote al que fue sometido en los finales del 80 y principios del 90.
La coyuntura, y no pocos ejemplos en la historia, indican que la puesta en marcha de la economía-luego de haber estado tan estancada como la nuestra- conlleva un estímulo de la demanda (y del consumo) que impulsa los precios hacia arriba. Y que este estímulo –en un contexto favorable de exportación, sobre todo de materias primas con un peso sobredevaluado- tiende a inflar los precios de la canasta básica y a desmejorar las posibilidades adquisitivas.
El crecimiento económico, que estamos observando-no disfrutando-, exhibe la profundidad de la parálisis anterior, y lo dramático del estancamiento vivido. Lo lamentable sería que, algunas medidas no tomadas hasta el presente y otras erroneamente puestas en marcha, resulten como un boomerang, el cual recordemos es un objeto que tras ser lanzado regresa a su punto de origen, debido a su perfil y forma de lanzamiento especiales.
Cualquier material es válido para construir un boomerang, aunque no todos los artefactos denominados comúnmente boomerang retornan al lanzador.
Con estas palabras cerraba un artículo, Nestor O Scibona en el diario La Nnación
Los frentes de tormenta no aparecerán en los discursos de Plaza de Mayo. Pero vivir al día no hace aconsejable desentenderse de las consecuencias para los años siguientes de los problemas que hoy surgen por oportunismo político. Sobre todo si quienes los generan pueden ser los mismos que vayan a recibirlos.
La pregunta que desvela a técnicos y expertos es si es posible, mantener este “sujetador”, que por ejemplo, se traduce en medidas como la prohibición de exportar carne y lo más novedoso, el reciente “arreglo” referido a la disimulada cuotificación, para la venta de trigo al exterior.
Siempre, todo lo que se tapó fue desbordado y lo que se sujetó, rompió con la barrera impuesta por la fuerza y contra natura.
Obtener una estabilidad en la producción sin que esto implique un costo impudoroso para la sociedad, no significa arremeter con medidas disparatadas, que como en el caso de la carne puede llevar a que la Nación pierda definitivamente mercados que costó años conseguirlos.
Un verdadero peligro que se suma a lo que puede denominarse perverso esquema, es el predominio que está tomando, en parte de algunas relaciones económicas, este ignoto matón de escasa monta,-al cual sólo le falta usar corbata y gorro negro, para tener un parecido a las SS- y que procura, entre otras cosas, hacernos desaparecer del mapa como país exportador de carnes-, cuando fuimos los primeros en esa materia en el orden internacional, en épocas de gobiernos normales. Concretamente nos referimos a Guillermo Moreno.
Según puede probar varias veces la historia, la razón que los precios suban no se debe siempre a un truco de magia, ni a la especulación del intermediario, o al egoísmo del capitalista, o a la “avaricia intrínseca” del ser humano. El mayor responsable de estos aumentos en los precios, es el propio estado.
Cuanto mas restringida se la intervención del estado en la economía, más estabilidad de precios existirá. Las intervenciones del estado, suelen ser harto peligrosas y sus causales negativas terminan siendo pagadas por sus contribuyentes.
En este sentido, la inflación es un impuesto más que el estado recauda sin que el contribuyente lo vea de forma directa. Éste no es el propósito de este gobierno, que sabe que un golpe inflacionario terminaría con su carrera hacia el 2007. Lo criticable, insistimos, son las medidas que se toman para sostener una artificiosa estabilidad.
Dos ejemplos internacionales-evidentemente no tenidos en cuenta- presentan una evidencia histórica sumamente útil, la cual podría ser tenida en cuenta por los habitantes del Palacio de Hacienda. La economía alemana de posguerra y el desarrollo (bastante actual) de la Irlanda insular. El padre de la Alemania moderna, Ludwig Erhard, ha hecho incontables esfuerzos por reducir la presión inflacionaria de una economía que crecía con problemas gigantescos.
La reconstrucción de toda una sociedad ejercía una presión insostenible sobre la política económica y la variación de los precios. Sin embargo, Erhard recurrió a dos argumentos que luego serían clásicos: la transitoriedad del desbalance, y la necesidad de suplirlo con una mayor competencia y una acción decidida hacia la producción. En otras palabras, retomar el equilibrio en base a reformas estructurales.
El caso irlandés, aunque diferente, opera en la misma sintonía. El crecimiento inédito de esa economía hizo que, a mediados de la década del 90, Irlanda se convirtiera en un ejemplo de estabilidad con crecimiento. La defensa de la competencia y la asignación medida de recursos consolidaron una situación fiable para los inversores y conveniente para la sociedad. El ahorro y el consumo, lejos de constituir un problema, supusieron un desafío para todo el sistema.
El crecimiento fue fijado a la competencia (a su efecto morijerador) y a las condiciones de prosperidad. A fines de la década antes señalada, el PBI unitario (en términos de paridad de poder de compra) fue más alto que el del Reino Unido y superior al de Alemania. Las dos visiones tuvieron un factor común: su inserción a la economía mundial.
Ambas economías no resignaron las posibilidades de desarrollo a quedar fuera del ámbito del comercio. El desafío principal residió en conservar los niveles de crecimiento afrontando la competencia externa.
Por ello, llama mucho la atención que teniendo información de estos hechos probados y con excelentes resultados, se decida a contramano de la razonabilidad y con el agravante de utilizar ciertos elementos humanos, cuyo único antecedente es haber sido un militante activo en la época de montoneros.
Así lo refleja en su columna el Dr. Mariano Grondona-, de la cual extraemos un pasaje:
No se olviden: yo soy un combatiente, vuelve con insistencia con la parafernalia militar. ¿Y Felisa Miceli, la ministra de quien depende formalmente? Ni siquiera se toma el trabajo de mentarla con cierta diplomacia. Yo tengo un coronel, que es De Vido, y un general, que es Kirchner, y a ellos me debo reportar , explica. Idioma de militares en el gobierno democrático que más se precia de sus pergaminos antimilitares.
Otro aporte que tal vez nos permita observar el futuro de nuestro derrotero económico es, indudablemente, la marcha de la economía norteamericana, sobre el particular adjuntamos una declaración del mes de abril del máximo responsable de la Reserva Federal, y que precisamente decía sobre la inflación:
El presidente Ben Bernanke dijo que el alza de los energéticos está poniendo en peligro la economía de EU y no descartó más aumentos en las tasas de interés.
La comprobación de lo anterior, quedó demostrado hoy con la caída de las bolsas en todo el mundo.
La comodidad del crédito estatal, vía subsidios, no puede de ninguna manera favorecer el necesario vigor que nuestra economía necesita.-No tenemos los recursos de Europa Central- La liberación de la asfixia fiscal a la que se está sometiendo en estos momentos a las distintas escalas productivas, debe ser un imperativo crucial, si se quiere arribar a buen puerto.
Los liderazgos no se sostienen, con interpósitos matones, se plasman con actitudes de estadistas, esas que hace mucho venimos reclamando.
De lo contrario, un día las variables escaparán de las ahora todas poderosas manos del Presidente, y entonces habrá llegado la hora de encomendarnos a Dios, pues difícilmente encontremos terrenalmente alguna solución para un nuevo desastre.