
Miedo a la verdad
El hombre se cuestiona desde su interior todo lo que acontece tanto en sí mismo como lo que tiene lugar a su alrededor. Se puede afirmar con certeza de que éste fenómeno de cuestionamiento surge desde que el mismo hombre existe.
Se vive en el error, porque se acepta como verdad lo que no lo es. Este enunciado suena muy lógico, pero más que lógico, parece drástico y no solo parece ¡Lo es!
El pensamiento es algo muy delicado, son procesos que se realizan gracias a una facultad que posee el hombre que es la inteligencia, sin embargo la inteligencia no siempre se adecua a la verdad y es ahí en donde comienzan los problemas. Porque tomamos como verdad algo que no lo es o como verdad sólo un aspecto de una totalidad, como lo son las ideologías que han marcado gran parte de la historia.
Lo grave es cuando la verdad se la deforma, aún habiendo sido actor de sus circunstancias, ello promueve una cadena que nos aferra a continuar con mentiras, falsificaciones de hechos, lo que finalmente se convierte en una traición de nuestras propias convicciones y con esa mochila de incalculable peso, deambulamos por la vida, quizás, pidiendo sin saberlo el auxilio necesario que nos alivie de tamaño peso.
Dijo alguien que si nos disponemos decir la verdad, tendremos que tener un caballo ligero muy cerca.

Caballo veloz
En este sentido coincido con apreciaciones que ciertos periodistas expresaron en la mañana de hoy, sobre un artículo del filósofo Tomás Abraham, que refleja acabada y subjetivamente, la verdad de muchos hechos que a veces se ignoran o se ocultan. A lo mejor por no tener el coraje para exponerlos o por no tener el caballo veloz a mano