Aristóteles exponía que lo propio del ser humano, su función natural, es “una cierta vida práctica de la parte racional del alma” a la que se refieren las virtudes intelectuales (como la prudencia y la sabiduría) adquiridas por el aprendizaje y la experiencia. La otra parte, la de los apetitos del alma, se somete a las razones de la primera; son las virtudes morales (valentía, moderación y justicia, por ejemplo) éstas adquiridas por el hábito y vinculadas a ella. La virtud es el hábito de “decidir, preferentemente un justo medio, relativo a nosotros y determinado racionalmente como la haría el hombre prudente”
El deseo de lograr nuestros fines es lo que establece nuestro razonamiento.
Del mismo modo, el dominio de sí mismo frente a las pasiones, forma parte de la virtud para alcanzar el “justo medio” (por ejemplo, el valor es “un justo medio” entre la cobardía y la temeridad). De esta forma Aristóteles evoca la justicia, que es “una cualidad moral que obliga a los seres humanos a practicar cosas justas “. Los derechos, diferentes según el país, dependen de la voluntad de los seres humanos y de la forma de su gobierno, pero la equidad es superior a la justicia que corrige.
Hemos leído, y sabemos que la educación es un derecho consagrado en nuestra Constitución Nacional, y en el resto de las Constituciones Estaduales. Conjuntamente con lo anterior nos ligan con fuerza constitucional la aprobación de convenios internacionales sobre la materia.
Todo lo anterior es loable, destacable, necesario, producto de consensos que nos legaron los hombres que de alguna manera hicieron esta nación. Pero la realidad nos indica que debemos hacernos esta pregunta:
¿Existe equidad en la Ecuación? La preocupación por el problema educativo no es un tema excluyente de nuestra sociedad, es un fenómeno que se observa en todas partes. La Argentina no se puede eyectar del mundo. Con la apertura de la economía y el impacto de la globalización, los ciudadanos debieron tener sus defensas educativas mucho más altas que antes La educación no sólo es un derecho, sino un insumo del desarrollo económico. No es solamente la diferencia de calidad educativa que pudiera existir entre algunos establecimientos de enseñanza pública y otros privados.
Existe un problema, importante, atado directamente a una política educativa, ésta hace ya mucho tiempo quedó relegada, o exclusivamente ligada al problema económico, es decir a la asignación de recursos en el sector público y a cuánto estuvieran dispuestos a pagar en el sector privado. A mi criterio, es ese, un gran error.
Pero a los argentinos los temas importantes nos explotan en las manos. Es una mezcla de imprevisión y falta de liderazgo político. Hace más de quince años explotó la hiperinflación, que fue la consecuencia final de un modelo económico agotado. No supimos anticipar el estallido de ese problema, no nos sentamos a discutir racionalmente y con tiempo las posibles soluciones ni planificamos la transición entre el modelo perimido y el que era necesario construir. El problema simplemente explotó y hubo que arreglarlo sobre la marcha.
Luego ocurrió el otro estallido, producto de la política neoliberal aplicada luego de la hiper en la década del 90., La misma nos sumió en una crisis que todavía sufrimos y deberemos seguir soportando varios años más. No obstante lo anterior, nuestro país ha entrado en lo que los economistas llaman “ciclo largo” de bonanza,-siempre referido a lo macro- más por circunstancias propias de acontecimientos mundiales que por resultado de aplicación de planes de estado para nuestra economía interna. Por lo tanto, debemos aprovechar este lapso para trabajar en una serie de puntos, que una agenda social muchas veces olvidada nos marca como impostergables. Quizás el principal de ellos sea la educación; y debemos hacerlo antes de un nuevo estallido.
La educación que hoy necesitamos ya no es lo que antes era. No debe ser más la educación de los saberes, no nos es más útil la escuela que resolvía la demanda de la sociedad enseñando “cosas”. Hoy necesitamos una educación que forme en competencias, lo cual es mucho más complejo que los saberes. ¿Qué son las competencias? En pocas palabras, la competencia es un saber hacer, con saber y con conciencia. Es decir, incluye saberes, pero incluye conciencia de lo que estamos haciendo.
Necesitamos hacer referencia a un conjunto de propiedades de cada uno de nosotros que sin percibirlo con profundidad, se están modificando permanentemente. Es otra escuela la que necesitamos porque ya no se trata del saber que el maestro o profesor entrega y el alumno recibe, sino de un proceso en permanente modificación y que tiene que someterse a la prueba de resolución de problemas concretos. Es otra escuela que no es más aquella en la que se resuelve todo con el lápiz y el papel – tampoco con la computadora – sino una escuela en la que se pueda poner a prueba la resolución de problemas concretos, ya sea de la vida diaria o en situaciones de trabajo que encierran cierta incertidumbre y cierta complejidad técnica.
El actual estadío puede ser la base para la construcción de una nueva educación que, si bien no alcanzará un grado de homogeneidad como antaño, deberá sí mantener una identidad nacional incluyente. La situación es altamente compleja y se impone la elaboración de nuevas categorías para pensar y construir un discurso pedagógico que de cuenta no sólo de la situación educativa sino política. Con el firme convencimiento de que las desigualdades económicas se pueden reparar también dentro de un marco político de equidad.
Todo ello finalmente nos lleva siempre a la búsqueda de equidad, esa que debe brindarse al conjunto de nuestros jóvenes fundamentalmente, para que puedan enfrentar el duro camino de la vida activa.
Cuando luego de egresar, los mismos se encuentren solos y deban resolver “sus” problemas, deberán encontrar en la mochila que fueron cargando en la escuela y en la sociedad que los contuvo, sus saberes, el conocimiento apropiado y necesario, los ejemplos asimilados, y la posibilidad de construir respuestas que los ponga con un pie de igualdad frente a sus pares de generación.