Al país hay que pensarlo y no que vaya saliendo producto de la improvisación y del acontecer coyuntural de acontecimientos internos y externos. Lo que ocurrió históricamente fue que Argentina salió de sus crisis sin que estuviera planificado por parte de los gobiernos-sean del signo que fueren- la corrección de los efectos que las mismas causaron en la población.
Puede que el actual gobierno haya preparado un modelo, pero al parecer, el mismo, es el del saqueo político y el enriqueimiento sin límites de la clase gobernante. a tal plan le esta llegando la hora del final.
El pensamiento estratégico, debe anteponerse a la política del bombero, es decir esperar a que se produzcan los incendios y correr a apagarlos, pasandose el día de incendio en incendio. Sin políticas activas no se puede tener destino, sin mapa no hay trayecto ni lugar a donde llegar, vamos a donde nos lleva el viento, a veces arribaremos a puertos seguros y otras a lugares desastrosos.
Luego de perder nuestra República 2000 millones de dólares en estos 20 días de paro, la actual administración nacional ofrece paliativos y no medidas de fondo que requiere el sector agrario, las cuales, deben convertirse en verdaderas políticas de estado, con el agravante que las entidades representativas del campo las están reclmando desde hace varios años.
Una vez más en aras de una ilusión de poder hegemónico se sacrfica a la Nación para favorecer un proyecto que tiene los primeros síntomas del enfermo terminal.
Por ello, suscribimos la Editorial del Diario La Nueva Provincia de Bahia Blanca
Mientras la población comenzaba a sentir los síntomas de la falta de carne, los grandes paredones de la Capital y el Gran Buenos Aires amanecieron, ayer, cuidadosamente pintados con carteles de apoyo a Cristina Kirchner e injurias a la “oligarquía”, que así llaman las masas clientelistas e improductivas del oficialismo a los productores rurales.
Muchos micros escolares de la periferia habían sido charteados ya por la Federación de Intendentes que dirige Julio Pereyra, para acarrear a los prebendarios del conurbano hasta Plaza de Mayo, con el resabido aliento del sandwich, la gaseosa y los 50 pesos finales.
Ayer, el gobierno apenas otorgó unas migajas a los pequeños agricultores, sumándolos al berenjenal de subsidios y reintegros con que han sustituido los precios de mercado, lo cuál obliga al productor a demostrar que él es pequeño y no oligarca, y a enfrentarse con la burocracia fiscal.
A esta altura vale preguntarse por qué no cancelan el aumento de las retenciones, en vez de ofrecer complicados sistemas contables que, según afirman desde la Casa Rosada, resultan lo mismo que si suspendieran la medida.
Milagrosamente, por el momento, pese a la gimnasia de la Gendarmería, ayer, y de los paramilitares de Moyano y D’Elía, la semana pasada, no se han registrado víctimas, cosa que prueba la lógica del conflicto, que todo el país acepta como una puja por ingresos, desde la derecha hasta la izquierda, aunque se rechacen los “cortes”.
Otra cosa sería, por cierto, si el régimen produce las confiscaciones previstas en la inconstitucional Ley de Abastecimiento o, peor, si instala el estado de sitio, porque entonces puede pasar cualquier cosa.