El gran espejo tranquilo en cuyo fondo se miran las cosas y se envían, una a otra,sus imágenes, está en realidad rumoroso de palabras. Los reflejos mudos son duplicados por las palabras que los indican.
Michel Foucault. Las palabras y las cosas.

“El patriotismo nos obliga a proclamar la revolución como recurso extremo y necesario para evitar la ruina del país”. Ésta misma proclama señala más adelante: “Vivir sin voz ni voto la vida pública de un pueblo que nació libre; ver desparecer día a día las reglas, los principios, las garantías de toda administración regular, consentir los avances del Tesoro, la adulteración de la moneda, el despilfarro de la renta; tolerar la usurpación de nuestros derechos públicos y la supresión de nuestras garantías individuales, sin esperanza alguna de reacción ni de mejora; saber que los trabajadores emigran y que el comercio se arruina porque con la desmonetización del papel el salario no basta para las primeras necesidades de la vida; soportar la miseria dentro del país y esperar la bancarrota internacional que nos deshonraría ante el extranjero; resignarse a sufrir todo sin tentar el esfuerzo supremo, sin hacer los grandes sacrificios que reclama una situación angustiosa y casi desesperada, sería condenar la impunidad de un abuso, aceptar un despotismo ignominioso, renunciar al Gobierno libre y asumir la más grave responsabilidad ante la Patria”
Sigue en otra parte la proclama: “El país entero está fuera de quicio, desde la capital a Jujuy. Las instituciones libres han desaparecido de todas partes; no hay República, no hay sistema federal, no hay Gobierno representativo, no hay administración, no hay moralidad. La vida política se ha convertido en industria lucrativa”
“El Presidente de la República vive en la holgura, haciendo la vida de los sátrapas con un menosprecio inaudito por el pueblo y con una falta de dignidad que cada día se hace más irritante.”
“Ha recibido propinas de cuanto hombre de negocios ha mercado en la nación, y forma parte de los sindicatos organizados para las grandes especulaciones…Su clientela le ha imitado; sujetos sin profesión, sin capital, sin industria, han esquilmado los Bancos del Estado, se han apoderado de las tierras públicas, han negociado concesiones de ferrocarriles y puertos y se han hecho pagar su influencia con cuantiosos dineros”
Finalmente se estatuye un objetivo a cumplir: “El gobierno revolucionario presidirá elecciones, de tal manera que no se suscite ni la sospecha de que la voluntad nacional haya podido ser sorprendida, subyugada o defraudada.”
“El elegido para el mandato supremo de la Nación será el ciudadano que cuente con la mayoría de sufragios en comicios pacíficos y libres, y que únicamente quedarán excluidos como candidatos los miembros del gobierno revolucionario, que espontáneamente ofrecen al país esta garantía de su imparcialidad y de la pureza de sus propósitos”
Firman la anterior proclama: Leandro N Alem, Aristóbulo del Valle, Mariano de María, Miguel Goyena, Juan José Romero y Lucio V López.
Buenos Aires, julio de 1890.
Un artículo del Diario Clarín expresaba el 28 de agosto del 2003
Nada cambió: la convertibilidad 1 peso oro = 1 peso papel se estableció en 1881 y duró casi una década. El presidente a que hace referencia la proclama es Juárez Celman, cuñado de Julio A. Roca, quien fue el fundador del sistema denunciado y que volvería al poder 8 años más tarde.
Argumentos similares fueron usados, con razón o sin ella, para derrocar a otros presidentes y los sucesores, cíclicamente, perfeccionaron los males que la República padeció. Tenemos todavía 87 años para que en el 2090 no reiteremos las mismos calamidades. Pero no nos equivoquemos, en 1890 (como en 1990) se estaban produciendo también cambios extraordinarios que marcarían el destino de la Argentina tal como hoy la conocemos: el fin de la guerra civil, la federalización de la capital y la Aduana, el ingreso de millones de inmigrantes, grandes inversiones extranjeras, incorporación de nuevas tecnologías, explosión de las exportaciones, superación de conflictos con nuestros vecinos, etc.
Demonizar es más fácil que construir. Ponderar la crítica, extraer lo mejor de la experiencia histórica y sintetizar en vez de confrontar son las conductas de los dirigentes y los países que han sabido salir de las crisis y evitar su recurrencia.
Conclusión: La historia, para nosotros, los argentinos, parece que transcurre en vano. ¿Cuántas diferencias, nos separan de aquellos horrores, con el caso Skanska?,¿ o con la bolsa de Micelli?,¿ O los desmanejos de Picolotti?, ¿los millones que se fueron de Santa Cruz, los negociados de Eskenazi, las contrataciones de DeVido? y continúa la lista.
La vida cotidiana está constituida fundamentalmente por rutinas, comportamientos habituales, a veces no reflexivos, pero finalmente aprendidos y repetidos. El pasado debería constiuirse en aprendizaje y el presente, haciendo uso de aquella memoria, en hábito y en tradición. Todo lo anterior, a su vez, como obligada enseñanza de una generación a otras a través de la vida de un pueblo, que como el nuestro, registra ya demasiados fracasos originados en casi calcados errores de un pasado no tan lejano.
No tener presente como una obligación el verdadero conocimiento de la historia, nos ha llevado, sin duda, a repetir errores, a creer en personajes iluminados, que al final de un ciclo nos traicionan y nos dejan en ruinas.






