
A unitarios y federales no los separó una polémica teórica por centralismo o descentralismo. Fue una división profunda: dos concepciones antagónicas de la realidad argentina, dos maneras opuestas de sentir la patria.
Civilización y Barbarie, dice Sarmiento errónea pero elocuentemente. Los “civilizados” admiraban e imitaban a Europa y servían sus propósitos dominadores; los “bárbaros” descreían de las intenciones de los europeos y defendían obstinadamente a la Argentina.
La patria de los unitarios no estuvo en la tierra, ni en la historia, ni en los hombres; era la Libertad, la Humanidad, la Constitución, la Civilización: valores universales. Libertad para pocos, humanidad que no se extendía a los enemigos, constitución destinada a no regir nunca, civilización foránea La patria compatible con el dominio extranjero que encontramos en todas las colonias.
Federal en el habla del pueblo, equivalía a argentino. El grito ¡Viva la Santa Federación! significaba vivar a la Confederación Argentina. La patria era la tierra, los hombres que en ella habitaban, su pasado y su futuro: un sentimiento que no se razonaba, pero por el cual se vivía y se moría. Defender la patria de las apetencias extranjeras era defenderse a sí mismo y a los suyos: conseguir y mantener un bienestar del que están despojados los pueblos sometidos.
El 1º de mayo se cumplen 154 años de la firma del Decreto de promulgación de la Constitución, parece, que en varios aspectos la lucha entre unitarios y federales sigue sin poder resolverse.
El tema no se agotó en los campos de Pavón cuando Urquiza, a pesar de tener un mayor poderío que Mitre en las armas, se retira y le cede la victoria al porteño periodista, escritor y general de la nación, que luego sería presidente de la República-único caso en que un gobernador de la Provincia más poderosa del país, completa un mandato en la más alta magistratura de la Nación.
Dejemos la historia, pues hay capítulos muy extensos sobre aquel particular acontecimiento, y serán los historiadores los que con su investigación más el paso del tiempo, elucidarán ciertos espacios que la luz de la verdad no ha podido alcanzar.
Indaguemos con aquel presupuesto, los hechos de la realidad. Los acontecimientos que surcaron el final del siglo XX y el inicio del presente, nos presentan una paradoja realmente incomprensible. En efecto, recuperada la Democracia, el Presidente Alfonsín (Prov. de Bs. As) removió los escombros que habían quedado de las Instituciones y se lanzó a la tarea de ponerlas en pie e instaló un axioma que difícilmente pueda cambiarse. Jamás la patria volverá a ser dominada por autoridades que no hayan sido legítimamente elegidas por el pueblo.
Es preciso destacar que los mandatarios que le sucedieron al nativo de Chascomús, ninguno fue porteño, pero hicieron todo lo posible, con execrables políticas centralistas, para sojuzgar al resto de los estados que componen la Confederación Argentina, Las Provincias Unidas del Río de la Plata o la República Argentina-estos tres nombres son admitidos oficialmente como los correspondientes a nuestra Nación.(Art. 35 de la CN)
Ello lo pudieron lograr al conjuro de componendas de baja estofa, haciendo de la prebenda una actitud corriente en su accionar de gobierno, o directamente, efectivizar la traición. Si no, veamos en los hechos las calamidades producidas a raíz de los decretos de necesidad y urgencia que dictaron en tan corto lapso. La absurda composición de la coparticipación de impuestos, cuyo resultado nos da la ecuación-Nación rica vs. Provincias pobres-, en tal sentido, recordamos el texto del Artículo 29.-
El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la Patria.
Los unitarios nos van ganando por goleada, a pesar de haber transcurrido 154 años de aquel 1º de mayo, donde a orillas del Río Paraná, se diera tan trascendental paso para la reorganización nacional.
La organización programada en 1853 daría paso a un centralismo capitalino cada vez más creciente y atentatorio de las autonomías provinciales, cuyo resultado fue la distorsión de recursos y población entre la Capital y el interior, con graves consecuencias para la totalidad de la Nación:
cita de Isidoro Ruiz Moreno en su libro “El misterio de Pavón”
Conclusión: Ha transcurrido más de un siglo y medio de aquel primer paso como Nación organizada. Parece que fue ayer por los resultados que arroja el desenvolvimiento de las Instituciones del país. Tenemos asegurada la Democracia, pero nos han robado la República.
Se acerca la hora de juzgar los hechos políticos, economicos y sociales, fruto de los actos del actual gobierno. Pensemos seriamente lo que haremos al entrar al cuarto oscuro y no dejemos librado al albedrío despótico de unos pocos el destino de casi 40 millones de argentinos.
Enrique Serra.-


