Archive for March, 2007

El espejo roto.

March 26th, 2007

Álvaro Vasconcelos es el actual Director del Instituto de Estudios Estratégicos e Internacionales de Portugal.
Analizando la actual situación de la Comunidad Europea, publicó en el diario El País de Madrid un generoso artículo donde pone de relieve el valor que para la humanidad ha tenido el desarrollo logrado por ese importante conjunto de naciones.

En un párrafo expresa:

La nueva etapa de la construcción europea pasa precisamente por la necesidad de profundizar en la diversidad, haciendo de todos los que aquí viven ciudadanos de pleno derecho, independientemente de sus creencias religiosas, culturas o tradiciones. Sólo siendo mundo podrá la Unión seguir siendo Europa.

¿Podremos los argentinos, herederos directos-en gran parte- de la cultura europea, tomar algo de este señero mensaje? ¿Tendremos la capacidad para mirarnos en ese espejo, que refleja el significado que representó la pérdida de millones de vidas humanas en guerras divisorias, hasta lograr la fortaleza que hace varios años proporciona la unidad? O quizás, para nosotros, simplemente, sea un espejo roto y tal como creen los supersticiosos, nos seguirá deparando varios años de desgracias.

No creemos que la amenza presidencial a los integrantes del tribunal Federal de Casación Penal sea lo más apropiado para fortalecer la República que, intenta vanamente desde hace muchos años establecer un equilibrio democrático.

No es mancillando la constitución de continuo desde el ejecutivo, como ha sido costumbre por parte de algunos gobiernos que ya terminaron su período, y el actual, todos, dictando innumerables decretos de necesidad y urgencia, o sumiendo hasta el límite de la degradación a los órganos legislativos. Con ello, digitando-de alguna forma- el futuro de la vida y los bienes de los argentinos.

No es “ejercitando” amenazas de barricada como se cultiva el respeto por la división de poderes, piedra angular del verdadero federalismo, no este atracón populista que aleja de toda consideración a quienes no acatan los designios del todopoderoso de turno, avalado circunstancialmente por encuestas truchas,(léase INDEC) y el alambicado aplauso de los genuflexos y amanuenses de siempre. No es coartando la libertad de prensa o cooptando voluntades de débiles o carentes de principios como se amplía la base del verdadero y necesario consenso político y social.

Todo intento absolutista o hegemónico, la historia ha demostrado una y mil veces, que finalmente termina. Los que hoy vivan a los desenterradores de cadaveres, mañana traicionarán.

Los derechos humanos que actualmente tanto pregona-la actual administración nacional- para los integrantes de la pléyade ideológica coincidente en los 70, también deben existir para una sociedad indefensa y dañada por tanta inseguridad, por tanta inequidad distributiva de la riqueza nacional.

Los que hoy gozan de los beneficios materiales del poder, tarde o temprano deberán rendir cuentas en algún tribunal de la República. Ese día, el día que el pueblo decida “hacer tronar el escarmiento”, aunque muchos no lo crean, llegará.

Apoyados en la misma fe que tuvieron los padres fundadores de la patria, no nos sentimos abatidos por el actual bache de inequidad institucional que debemos soportar. Seguiremos, a pesar de todo, sumando esfuerzos, empujando el carro de nuestras obligaciones y poniendo lo mejor de nuestras fuerzas y convicciones, pues nos sentimos muy orgullosos de ser argentinos.

Enrique Serra.-

La crisis del orden público.

March 17th, 2007

El orden público es un elemento esencial que el Estado debe custodiar, mantener y proteger a efectos que las políticas que el mismo persiga, no lo alteren, no lo distorsionen y por otra parte necesita que el mar donde el mismo coexiste con otros diversos parámetros sociales no se agite como producto de los reclamos del pueblo, originado-a veces- por ciertas medidas contrarias a sus expectativas, más aun, opuestas a los derechos que le asisten.

Ese orden público, también, es muy tenido en cuenta en la principal norma que regula nuestro derecho privado. En efecto, el Código Civil hace referencia a este instituto en varios de sus articulos (14, 21, 502, 794, 872 y emana también del 953.)

LUCÍA MARÍA ASEFF, expresó, entre otros conceptos, en el marco de las XVII Jornadas de filosofía jurídica social desarrolladas en Córdoba desde el 30 de octubre al 1° de noviembre de 2.003, auspiciadas por la Asociación Argentina de filosofía del Derecho; con el título:
La noción de orden público: Entre la tópica jurídica y el análisis crítico del discurso.

La noción de orden público tiene un origen histórico ciertamente remoto: fue tomada del Derecho Romano y pasó al Código Napoleón, y de allí a todo el sistema continental europeo al cual originariamente pertenecemos, más allá de las interpenetraciones que hace tiempo comenzaron a producirse entre este sistema y el del common law. Doctrinarios como Salvat consideraban el orden público como el conjunto de principios que en una época y en una sociedad determinada son considerados esenciales para la conservación del orden social, mientras que Busso, por ejemplo, señalaba que se expresa en aquellas leyes que se dictan en interés de la sociedad por oposición a las que se promulgan teniendo en mira el interés individual, existiendo, además, una coincidencia bastante generalizada en que se trata de una noción externa a la norma, que la trasciende y que resulta de su naturaleza específica, y no de que ella así lo determine.

Para agregar más adelante:

En el ámbito del derecho civil son de orden público gran cantidad de normas relacionadas con el derecho de propiedad y también con el instituto de la prescripción, siendo interesante destacar, además, que existen ramas como el derecho de familia o más particularmente el derecho de menores donde se ha llegado a sostener que allí todo es de orden público por el especial interés que el Estado tiene en su protección. Sin embargo, cuando los civilistas precitados sostenían estas premisas, seguramente estaban muy lejos de suponer que pocas décadas después se legalizarían las uniones entre personas del mismo sexo, se estaría discutiendo su derecho a la adopción o se estarían regulando en algunas provincias métodos de anticoncepción y de planificación familiar por fuera de los ideales entonces vigentes de moral y buenas costumbres, al calor de una nueva concepción de familia que se aleja cada vez más del modelo entonces vigente.

Hoy hemos perdido la noción del verdadero “sabor” del Orden Público.

La Corte Americana de Derechos Humanos nos acerca otra visión más amplia sobre el concepto “orden público”:
No escapa a la Corte, sin embargo, la dificultad de precisar de modo unívoco los conceptos de ” orden público ” y ” bien común “, ni que ambos conceptos pueden ser usados tanto para afirmar los derechos de la persona frente al poder público, como para justificar limitaciones a esos derechos en nombre de los intereses colectivos. A este respecto debe subrayarse que de ninguna manera podrían invocarse el ” orden público ” o el ” bien común ” como medios para suprimir un derecho garantizado por la Convención o para desnaturalizarlo o privarlo de contenido real ( ver el art. 29.a de la Convención ). Esos conceptos, en cuanto se invoquen como fundamento de limitaciones a los derechos humanos, deben ser objeto de una interpretación estrictamente ceñida a las ” justas exigencias ” de ” una sociedad democrática ” que tenga en cuenta el equilibrio entre los distintos intereses en juego y la necesidad de preservar el objeto y fin de la Convención.

Cuando recordamos las violentas manifestaciones acaecidas en nuestro país, en el año 2001, donde una parte del pueblo salió a la calle en respuesta a las pésimas medidas adoptadas por el gobierno de entonces, lo estaba haciendo en defensa de sus derechos y en defensa del orden público, pues las acciones del Estado atacaban-en cuanto a la intangibilidad de los depósitos- precisamente, el orden público.

El Estado reprimió violentamente esas manifestaciones, justificando tal disparate, pensando que asi, preservaba el orden público.

Finalmente el orden público no es solamente la protección de la propiedad privada. Concepto ultraliberal surgido del contexto histórico en el que Vélez redactó el Código Civil. El orden público no escapa a la dinámica social, por ello, el actual, el necesario, es aquel que, entre otras cosas, debe asegurar el acceso a los bienes a todos los habitantes de la Nación. Para tal fin, las políticas de Estado deben promover el trabajo digno, facilitar el acceso a la salud real para toda la población y no solamente para quienes tengan medios para el pago de una buena asistencia. Deben preservar el medio ambiente y los derechos humanos ampliamente entendidos y no vistos con un solo ojo.

Cuando, por ejemplo, se habla de provisión de medicamentos, los mismos deben ser de la mejor calidad y no la pseudo basura genérica, que en apariencia no tiene las necesarias características farmacológicas y terapéuticas que si la proveen los productos elaborados por los laboratorios de “punta”.

Conjuntamente con la posibilidad de trabajar meritoriamente, también todos los habitantes deben tener acceso a una vivienda digna. No debe lo anterior, quedar como entelequia enunciativa que surge del Art. 14 bis de nuestra Constitución Nacional. Deben, tales derechos, convertirse progresivamente en realidad, lo contrario es subvertir el orden público.

Mientras tanto, las últimas administraciones nacionales, han hecho que proliferen las villas miserias, la desocupación, el trabajo en negro, un pésimo servicio de salud, una decadente educación que cada vez nos aleja más no ya de los grandes países, sino de nuestros principales vecinos. La inseguridad reina en todo el territorio argentino, la droga hace estragos en nuestra juventud, y podríamos seguir detallando males.Todo ello habla a las claras que, el orden público, esta cada día mas olvidado.

No confundamos pérdida de orden público con las “armadas batucadas piqueteras”, que interrumpen el tránsito-cada vez con menor fuerza, ya que sus líderes ocupan importantes cargos públicos.-

El verdadero orden publico surgirá cuando todos aquellos derechos primarios a los que arriba hacíamos referencia y por los cuales el Estado está obligado a brindar su acceso al pueblo, se aproximen a una necesaria realidad.

Parafraseando a Horacio R Granero:Si el derecho tiende a instaurar un orden social justo, permitiendo y garantizando la libertad, la convivencia, la paz y la armonía, resolviendo conflictos y protegiendo y fomentando valores individuales y colectivos básicos e indispensables para tal convivencia, es indiscutible que se justifica su intervención en el ámbito político.

Si bien el orden natural está siempre presente por encima (o “arriba”) del mero orden convencional creado por los hombres, un orden, por lo menos artificial, es esencial para el desenvolvimiento humano.

Sea cual fuere, bueno o malo, es un orden, que implicará una ubicación de cada cosa en el lugar que le corresponde.Dentro del Derecho, la función del orden público es ubicar las cosas en el lugar que un modelo de país desea para sus habitantes. Todavía los argentinos estamos a la espera de un verdadero proyecto de país integrado al mundo.

Muy pronto tendremos la oportunidad de actuar como jueces sobre el comportamiento de la actual administración. Analicemos seriamente lo prometido y lo cumplido. Luego, en el cuarto oscuro, actuemos con verdadera conciencia cívica.

Enrique Serra.-

Poder de policía.

March 9th, 2007

La figura-poder de policía- tiene su nacimiento en un acto jurisprudencial de la suprema corte de justicia norteamericana, presidida, en aque entonces por Jhon Marschall; en el caso “Brown C. Estado de Maryland”, fallado en 1827, que fue cuando se acuñó por primera vez el término.

La anterior denominación dio en principio lugar a confusión con la llamada policía de seguridad.

La Institución a pesar de haber nacido con un problema congénito. Finalmente, pese a las distintas teorías y las dificultades de determinación de sus límites precisos-nos referimos a los términos policía de seguridad y poder de policía-ha quedado perfectamente delimitada.

Durante el siglo XIX, se introdujo, en EEUU, la concepción de poder de policía como la soberanía de cada Estado para regular dentro de su territorio los asuntos de salud, seguridad y moral pública, etc. En cambio, para la policía de seguridad se ha tomado como referencia más antigua, aquella que nos habla de su nacimiento en Francia durante la Regencia del Cardenal Richeliu.

Así, sobre el poder de policía ha expresado el Dr. Roberto M. Lopez Cabana:
Se ha negado que se justifique la creación de una definición especial para el “poder de policía”, toda vez que no se diferenciaría en nada del resto de la actividad estatal, que carecería de significado propio, de toda utilidad teórica o práctica, y hasta se ha considerado que es “innecesario, perjudicial, da lugar a una serie de dificultades para su comprensión y aplicación, precisamente por su misma ambigüedad e indefinición”.

La idea de policía se halla en crisis, pero no porque se vaya quedando sin contenido, sino porque ha cambiado, y por ello se ha dicho “que la función de policía o potestad legislativa tiene por objeto, hoy en día, promover el bienestar general”.

El artículo-con el cual poco coincidimos-es bastante más extenso y para quienes deseen interiorizarse está, como debe ser, el correspondiente link. Nosotros nos quedamos con el desarrollo que sobre el tema han hecho autores como:José R. Dormí, Rodolfo C Barra y Agustín Antonio Gordillo.

La introducción, resumida, de esta historia, conjuntamente con la confusión de los términos (policía y poder de policía) tiene como propósito analizar y a la vez rescatar el poder de policía por un lado y por otro la necesidad de contar con una verdadera, necesaria y eficaz policía de seguridad.

En efecto, vemos, leemos, escuchamos y hasta somos pasivos actores de una serie de circunstancias donde las jurisdicciones de autoridad se confunden y con ello, crece la desazón de quienes deberían sentirse cada día mas seguros, y no cada día mas enrejados en sus propios hogares. Los integrantes de la sociedad, el pueblo, finalmente observa estupefacto situaciones de una anomalía intolerante y debe soportarlas debido a que, entre otras causas, subyace el invisible límite de las jurisdicciones.

Las recientes inclemencias del tiempo que azotaron nuestro Partido de Gral. Pueyrredón, fueron un ejemplo concreto de cómo debe usarse el poder de policía, cuan necesario es la obtención de la verdadera y constitucional autonomía y, como han de impulsarse las obras de infraestructura tan necesarias en un conglomerado urbano que ha crecido muchísimo, que lo seguirá haciendo a pesar de una obcecada e incomprensible lentitud burocrática e inimaginables intereses exclusivamente políticos electorales.

El jefe político de la ciudad, ejerció el poder de policía cuando decidió suspender el dictado de clases en todo el ámbito del partido, sin esperar la paquidérmica acción de la burocracia platense.

Esperemos que pronto ocurran hechos similares contra la inaguantable inseguridad. Ello ocurrirá cuando el mismo jefe comunal, eleve su voz e indique a quien tenga a cargo las fuerzas policiales, para que las mismas actúen con la necesaria claridad y ejecutividad resolviendo los desgraciados sucesos que a diario asolan Mar del Plata y al resto de Gral. Pueyrredón, a su vez, que esas mismas fuerzas actúen previniendo efectivamente el delito.

Lo anterior es de urgente necesidad, ya que la máxima autoridad estadual que debió haberlo hecho o no está capacitado o admite que los delincuentes se adueñen definitivamente de la sociedad toda.

Enrique Serra.-

Analizando la corrupción.

March 8th, 2007

La corrupción es particularmente difícil de erradicar ya que los costos que esto supondría son muy altos. Los autores sugieren que quizás deberíamos tratar de minimizarla mediante el compromiso personal e, institucionalmente, por medio de la limitación de los poderes discrecionales de las autoridades estatales.

El primer medio pone la responsabilidad de la lucha contra la corrupción en cada individuo de la sociedad, especialmente en los que pertenecen a las sociedades en las que la corrupción está extendiéndose. El segundo apunta al Estado de Derecho y a la necesidad de controles y balances en las agencias estatales.

Los Fundadores de la Constitución de los Estados Unidos eran muy conscientes de que la tentación afecta a cada hombre, inclusive a los que ejercen el rol de autoridad estatal, ya que todos los hombres comparten las mismas fragilidades de la naturaleza humana caída. De hecho, suponen que hay que vigilar al guardián, aún más, quizás, que al ciudadano común. Tal como Lord Acton tan agudamente observa, “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Por eso, son quienes detentan el poder los que están más sujetos al riesgo de caer en la tentación.

En la actividad privada existe un mecanismo eficaz para combatir o, al menos, controlar la corrupción, el mismo es: rendir cuentas. En efecto, este sistema, a veces a largo plazo, ha podido arrojar verdades que el mercado las consideró inocultables, por ejemplo; el caso ENROM

Algunos piensan que este mecanismo es de sangre fría o darwininano. Sin embargo, debe reconocerse que el mecanismo de rendir cuentas, que forma parte de las reglas del mercado, también funciona como un control moral. En cambio, esto no sucede en el caso de naciones que sufren de corrupción institucional pública porque en ellas no existe, o sólo existe inadecuadamente, la obligación de rendir cuentas a los ciudadanos de las decisiones y acciones de los funcionarios públicos.

¿Cuál es el único sistema hasta ahora conocido de rendir cuentas a la sociedad por parte del estado?: las consultas electorales. Lamentablemente sabemos como las mismas se manipulan a través de la famosa “súper caja”. Por tanto ese remedio tardío, parece inocuo para aplicarlo como castigo a los distintos sujetos con responsabilidad estatal.

Analicemos un caso que ya tomó estado público. La posible intervención a la provincia de La Rioja. ¿Qué motiva esta posible acción federal? ¿Un incierto resultado en la próxima compulsa electoral? ¿O un extraño negocio minero?. Cualquiera de las dos situaciones o ambas, irrumpen en el escenario social como elementos extraños que enturbia lo que debería ser un claro y transparente accionar del estado, y no es con la i ntervención como se solucionan este tipo de problemas pues parece que los habitantes de ciertos estados fueran disminuídos demócratas.

¿Cómo llamaríamos a esta probable decisión? En las respuestas que podamos encontrar a esta situación estarán algunas de las instancias grises que deberán, oportunamente, ser elucidadas por la historia. Pues difícilmente la cotidianeidad nos aclare si se trató de actos propios del estado o actos de corrupción.

`La plata o la vida´

March 3rd, 2007

Nuestro pueblo ha mostrado más de una vez, sobrada actitud solidaria.

No es el caso hacer un detalle sobre esta noble acción colectiva, sí, recordar que gracias a tantos gestos de este tipo, nuestro País pudo sortear con éxito desgraciadas circunstancias impuestas, en principio, por la naturaleza, pero las más de las veces, a lo anterior, se le sumó descuido, inacción, o torpeza de ciertos sujetos que componen tanto gobiernos, nacionales, como provinciales o municipales.

Hubo en tiempo cercano, específicamente iniciado el siglo XXI, que, debido a medidas económicas adoptadas por la Administración nacional de entonces, se inmovilizaron los depositos de miles de ahorristas, los que despues de muchos años de perigranar, al fin pudieron recobrar-parte-de los mismos.

En ese lapso, como actitúd solidaria, se multiplicaron las marchas de protesta. Las famosas cacerolas sonaron contra el el corralito.

Hoy, y, desde hace algunos años, nos asola otra desgraciada consecuencia que deviene de los desvios de algunos miembros de nuestra sociedad. En efecto, la inseguruidad esta cuasando estragos en nuestra gente, a diario son varias las personas que caen asesinadas a manos de los delincuentes, la mayoría, por reiteración de criminales actos que recientemente o, purgaron en la carcel sus actores o no estan condenados, a pesar de haber sido recientemente detenidos. Ello, indudablemente, debido a un lento e incomprensible ejercicio de la justicia.

Se ha dicho que la insegueridad es hija de la corrupción. La inseguridad reinante en nuestro país, no sólo tiene esa paternidad, también es hija de la falta de capacidad de quienes conducen a las policías, tanto federal como estaduales, y, lamentablemenete por-en este caso- falta de solidaridad de nuestra gente.

Cuando miles de manifestantes salían a diario a las calles a reclamar sus ahorros, tal comportamiento era bien visto por el conjunto. En ese entonces se había herido de muerte al `derecho de propiedad´ Hoy se hiere de muerte a las personas, sin importar su estatus social, edad o cualquier otra condición. Los delincuentes las matan por el placer de matar. Por lo anterior, no vemos a miles `cacerolenado´o acompañando en las marchas por los familiares de los muertos, las que, tibia y no muy reiteradas, cada tanto organizan aquellos a lo que casi no les quedan lágrimas para llorar tan infausto destino.

La Autoridad del Estado, represetada por sus fuerzas de seguridad, más ausentes que nunca.Tal hecho, fue extrañamanete omitido en el largo discurso presidencial de hace pocas horas.

La gente ha eligido, en ese imaginario grito: la plata o la vida. Parece que han elegido la plata. La vida ha pasado a ser un bien secundario en la consideración del gran órgano social.

Por lo expuesto expresamos; que no debemos resignarnos a este aciago destino.

No acompañar las marchas de quienes piden justicia, no manifestarnos severamente contra la inseguridad, es prácticamente ser complices de los delincuentes. Todo lo anterior ante un Estado deficitario en una materia que no pareció y tampoco parece integrar los presupuestos activos de su acción.

Enrique Serra.-